Los Machiguenga (y II)

Viene de la primera parte.

Rituales

Los indígenas masculinos más ancianos se encargan de narrar y de enseñar las historias mitológicas al resto de la tribu. Estos individuos son muy estimados en la comunidad. Los Machiguenga no tienen una lengua escrita, por lo que los varones más viejos son las personas que portan la sabiduría en la aldea, y sus postulados y sus relatos son escuchados atentamente por toda la población. El conocimiento que imparten está basado en mitos y en leyendas que se transmiten oralmente de generación en generación desde hace miles de años. Estas historias son la principal fuente de entretenimiento en la aldea.

Esta etnia cree que los niños muy pequeños son vulnerables, porque sus almas son débiles y no están firmemente implantadas y acopladas en sus cuerpos. Los brujos y los cazadores de espíritus pueden capturar y comerse sus almas con mucha facilidad. Para proteger a sus hijos, las mujeres pintan sobre la piel de sus caras diversas manchas, que son muy similares a las que presenta el jaguar. De esta forma, los Machiguenga consideran que si un espíritu maligno se acercara para comerse el alma del niño, contemplaría a un animal poderoso, se asustaría y regresaría a la selva.

El mundo de los espíritus es invisible a simple vista, pero se transforma en un universo tangible para los miembros de la etnia tras los efectos causados por el consumo de una serie de sustancias naturales alucinógenas, como la ayahuasca. Esta droga se obtiene a partir de una planta rastrera, que es machacada y hervida en agua junto a otros dos vegetales. Esta combinación activa químicamente el poder alucinógeno de la ayahuasca. Los Machiguenga consideran que el espíritu de esta planta es tan fuerte, que no puede tirarse sin haber sido previamente manipulada. Esta mezcla tiene que envolverse cuidadosamente en hojas, para posteriormente, ser enterrada en las profundidades de la selva.

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Fuente: Agencia EFE

Esta droga suele ser consumida durante el inicio de la estación húmeda. Antes de comerse la planta, los varones tocan unos violines de una sola cuerda, ya que utilizan la música con la intención de atraer a los espíritus que habitan en la selva. Los hombres comienzan a tomar ayahuasca a los 13 ó 14 años. Usan la droga, con el objetivo de que sus almas se separen de sus cuerpos y accedan al mundo espiritual.

La mayoría de los varones reconocen que la entrada al universo de los espíritus es algo hermoso, pero también afirman que es una experiencia muy aterradora. En el momento en el que un alma abandona el cuerpo, se traslada por un mundo que está repleto de espíritus, y éstos pueden ser malignos o benignos. Durante este viaje, las almas humanas son muy vulnerables a un ataque. El regreso exitoso al mundo físico requiere de una gran cantidad de fuerza interior y de valor.El viaje por el mundo espiritual vale la pena, porque se logra una gran recompensa. La incursión a través de este universo permite a los Machiguenga la obtención de un mayor conocimiento, un incremento de su poder sobrenatural y una notable capacidad de curar las heridas y de sanar las enfermedades.

Esta etnia utiliza diversas plantas para aumentar sus habilidades en la caza. Cuando un varón consume estos vegetales, se desprende del espíritu del buitre, y acoge el espíritu del águila, que es el espíritu de la buena caza. Las águilas poseen una vista muy aguda y son unos animales muy feroces y unos excelentes cazadores. En el momento en el que el espíritu del águila entra en el alma de un hombre, éste adquiere una gran velocidad, una extraordinaria agudeza visual y una notable puntería a la hora de capturar a sus presas.

Los varones Machiguenga se frotan los ojos con una planta venenosa. Este hecho les sirve para limpiar sus ojos y su alma, ya que consideran que los ojos son las puertas para llegar al alma. El contacto de los ojos con la planta provoca a los hombres cierto picor y escozor en esa zona del cuerpo.

Los Machiguenga creen que cuando un chamán fallece, su alma se vuelve inmortal. Ésta viaja por la selva, y asciende al Cielo. Allí, el alma se reúne con la de los anteriores chamanes de la comunidad, y todas ellas velan por el bienestar de la aldea. Durante los meses de noviembre y diciembre comienza la estación de las lluvias. Para los Machiguenga, los relámpagos y los truenos son una especie de explosiones, que se producen cuando los chamanes persiguen y asesinan a los espíritus malignos, que se esconden en las profundidades de la selva.

Alimentación

Los Machiguenga piensan que el espíritu de la luna les enseñó el arte de la agricultura, y consideran que este espíritu les mostró las técnicas y los métodos agrícolas. Los individuos talan los árboles y crean claros en la selva, en donde siembran sus cultivos y sus huertos. El principal alimento en la dieta de la comunidad es la mandioca. Cultivan unas 25 variedades distintas de esta planta. Los miembros de la aldea creen que si sólo sembrasen un único tipo de mandioca, las enfermedades y las plagas podrían destruir sus cosechas por completo, y de esta forma, pasarían mucha hambre.

La diversificación agrícola imita la diversidad natural de la selva tropical amazónica. En la primera cosecha, plantan mandioca y maíz. En el segundo ciclo cultivan bananos. En la tercera cosecha siembran juncos, que es el material con el que elaboran las flechas, y en el cuarto ciclo plantan árboles frutales. Los Machiguenga cuidan el medio ambiente y realizan una agricultura ecológica y sostenible. Una sola parcela de selva puede ser productiva durante más de 20 años. Después de pasar ese periodo de tiempo, la dejan en barbecho, con el fin de que el territorio de la finca recupere su aspecto selvático.

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Fuente: Agencia EFE

Esta etnia también recolecta frutos maduros silvestres. Los varones de la aldea escalan las palmeras a pulso, con la intención de recoger las nueces de aguaje. Esta fruta es la preferida de los Machiguenga. Los productos recolectados se trasladan a la comunidad y se comparten  entre todos los miembros de la tribu.

Los varones recogen debajo de los restos de una palmera podrida, que está caída en el suelo, un alimento muy suculento para la aldea. Los hombres derriban las palmas de la selva, y las dejan pudrirse sobre la superficie del terreno durante unos tres meses. Durante ese periodo, los escarabajos depositan sus huevos, y éstos se convierten en larvas de gusano. Estos animales se alimentan con aceite de palma. Los individuos de esta etnia consumen estos gusanos, que presentan un sabor similar al queso y a la leche de coco. Esta especie es un manjar para los Machiguenga.

Las mujeres se preparan desde niñas para tejer la ropa, sembrar y cosechar los cultivos y los huertos y recolectar algunos alimentos. Las féminas elaboran tintes con los que tiñen sus tejidos, a partir de las cortezas de algunos árboles. Las mujeres recogen el algodón del interior de la selva. Una vez que es recolectado, las féminas hilan, tiñen y confeccionan las prendas de vestir y mantos con este material. Los telares empleados, los mantos y las ropas que elaboran con estos artefactos están inspirados en el estilo propio de la cultura hinca. Esta civilización ocupó el territorio de Perú hace muchos siglos.

Los individuos Machiguenga cultivan barbasco. La raíz de esta planta les sirve para capturar peces. Este vegetal posee un jugo, que tiene unos efectos narcóticos. Este veneno afecta a los peces, pero no a las personas. Por lo tanto, el barbasco se emplea en la pesca fluvial. Esta etnia sólamente caza con esta planta durante la estación seca, ya que en está época, el cauce de los ríos es menor y el veneno no se diluye demasiado en el agua. El jugo de la raíz aturde a los peces, y provoca que éstos floten en la superficie y se ahoguen. El efecto nocivo afecta a sus branquias, pero no a su carne. De esta forma, puede ser consumido por la comunidad sin ningún problema.

Los varones de la etnia también cazan a los monos lanudos para alimentarse. Cuando los hombres Machiguenga consiguen capturar a una presa, consideran que la han cazado gracias a que sus almas cazadoras se encuentran purificadas, por lo que los espíritus de la selva están satisfechos y contentos con ellos.

Pasado y presente

Los ciudadanos hincas llegaron a comerciar con los antepasados de los Machiguenga. Esta civilización bajó desde las montañas peruanas hasta la selva amazónica para intercambiar utensilios y productos. Los hincas vestían con ropas confeccionadas con algodón, y les otorgaron hachas y cuchillos de metal a cambio de productos agrícolas. Los hincas vivían en un territorio que presentaba un clima mucho más gélido que la temperatura selvática. Los hombres blancos del viejo continente arribaron a Perú, subieron hacia las regiones de las montañas y asesinaron a los hincas. Posteriormente, comenzaron a perseguir y a hostigar a los Machiguenga. Los ciudadanos europeos flanquearon sus aldeas y las prendieron fuego.

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Fuente: Agencia EFE

Los extranjeros, que llegaron a la selva amazónica en busca de caucho, decidieron incendiar y destruir las aldeas, y secuestraron a miles de individuos Machiguenga, con la intención de que trabajasen como esclavos en las plantaciones de este material. Los nativos actuales son los sucesores de los Machiguenga que escaparon y huyeron de la amenaza de los hombres europeos. Sin embargo, los ciudadanos occidentales no son los únicos enemigos de esta etnia.

Estos indígenas también son atacados por otras tribus amazónicas mucho más agresivas, como los Yaminahua. Existen cuatro grupos étnicos diferentes que habitan en unas regiones muy próximas a la zona en la que residen los Machiguenga, pero éstos sólo han tenido contacto directo con dos de ellas. Los Yaminahua y los Machiguenga son enemigos implacables y acérrimos desde hace mucho tiempo. Los Yaminahua tiñen su cuerpo con pigmentos naturales rojos en el momento en el que van a atacar a una aldea enemiga, y emplean unos arcos y flechas que presentan un gran tamaño.

En la actualidad, el mundo exterior se está acercando progresivamente al hábitat en el que vive esta etnia. Los Machiguenga siempre han querido permanecer completamente aislados de la civilización. Aunque poco a poco, están entrando en contacto con la sociedad que habita en el estado peruano. Las empresas del país están deforestando y destruyendo la selva amazónica, a la hora de extraer sus recursos naturales. Estas acciones están poniendo en riesgo el ecosistema y el entorno natural en el que habita esta etnia, por lo que la supervivencia de los Machiguenga se está viendo seriamente amenazada.

Realizado por: Eduardo Acín (Periodista)

 

 

 

 

 

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