El amor popular y su simbología (y III)

Viene de la primera y de la segunda parte.

El ritmo de la naturaleza y los ritos de la fertilidad

Los ritos sagrados de la fertilidad eran rituales precristianos, en donde se vinculaba de manera indisoluble la fertilidad natural, en el que se solicitaba la llegada de cuantiosas precipitaciones, con el fin de obtener unas buenas cosechas y se reclamaba el nacimiento de abundantes nuevas crías de ganado, con la fertilidad humana, en donde se pedía la fecundación de numerosos hijos para la comunidad. Los individuos reclamaban la perpetuación de la vida por una serie de vías diferentes, que se consideraban absolutamente paralelas. Por eso, los individuos demandaban al mismo tiempo la procreación de cuantiosos hijos, la llegada de abundantes  precipitaciones y el nacimiento de numerosas crías de ganado.

Los ritos sagrados consistían en la práctica de orgías sexuales. Eran rituales serios porque se efectuaban de manera solemne en honor a los dioses de la fertilidad. Las comunidades efectuaban los encuentros sexuales entre los jóvenes fértiles durante estas celebraciones paganas. Además de sexo, a lo largo de estos rituales de la fertilidad también se preparaban copiosos banquetes de comida y de bebida, en donde los asistentes enfatizaban la risa, ya que eran unos acontecimientos paganos en los que se enaltecía la alegría y el festejo como un modo de olvidar a la muerte y de conmemorar la victoria de la vida sobre el óbito.

Los ritos sagrados de la fertilidad precristianos se celebraban al lado de los cursos de agua de los ríos y al lado de las fuentes. Se hacían allí, porque los individuos creían que los dioses de la fertilidad habitaban en el interior de esas aguas y acudían a beber a las fuentes. Estos rituales se celebraban en los cuatro momentos astronómicos más trascendentales del año. Se realizaban durante el solsticio de invierno, el día 22 de diciembre, el solsticio de verano, el día 22 de junio, el equinoccio de primavera, el 21 de marzo, y el equinoccio de otoño, el día 21 de septiembre. Estos acontecimientos tenían una mayor relevancia en la estación de la primavera, porque ese periodo era la época del año en la que se producía la renovación natural de las flores y de las plantas. A estos cuatro momentos clave, se le añadía una fecha adicional más, que era el inicio de cada año. Cada cultura situó el comienzo anual en un momento diferente. Algunas comunidades lo hacían coincidir con el solsticio de invierno, y otras poblaciones lo desplazaban al mes de febrero.

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Paciano fue uno de los fundadores de la Iglesia. Fuente: El Mundo.

Todos los ritos prehistóricos paganos desaparecieron paulatinamente a lo largo de la Edad Media, a partir de la imposición del cristianismo. En el siglo IV, Paciano, obispo de Barcelona, prohibió a los fieles cristianos, durante un sermón, seguir haciendo el ciervecito. Este religioso, con su prohibición, pretendía impedir la celebración de la fiesta en honor a Maya. Maya era una Diosa pagana de la fertilidad. En este festejo, se conmemoraba su matrimonio y su unión sexual con el Dios Orco. En esta celebración, también se rememoraba el nacimiento del Dios Pela, nacido fruto del encuentro carnal entre Maya y Orco. Estas tres divinidades paganas presentaban una forma de ciervo. Durante la celebración de esta fiesta, los ciudadanos participaban en una orgía sexual solemne y sagrada.

Aunque estos rituales fueron desapareciendo a lo largo de la llegada y del establecimiento del cristianismo a lo latgo de la Edad Media, algo de ese viejo espíritu festivo se mantuvo soterradamente y veladamente en la sociedad del medievo. En primer lugar, estos ritos sagrados precristianos continuaron existiendo, a través de ciertas celebraciones que la Iglesia cristiana siguió tolerando en la época medieval, como la fiesta del Carnaval. El Carnaval era una celebración pagana de origen precristiano. La Iglesia aceptó la celebración de esta fiesta durante la Edad Media. El Carnaval era una forma de pervivencia de las viejas costumbres precristianas. De esta forma, la Iglesia católica decidió cristianizar algunas de las celebraciones paganas más populares entre la sociedad. Esta institución religiosa le dio un barniz cristiano a estos festejos, e incorporó diversas conmemoraciones paganas al calendario oficial de la Iglesia.

La fiesta pagana del solsticio de invierno dio lugar a la celebración cristiana de la Navidad. La festividad del equinoccio de primavera se convirtió en el festejo de la Pascua de Resurrección. La celebración del solsticio de verano fue sustituida por la fiesta de San Juan Bautista. Por último, la conmemoración del equinoccio de otoño dio lugar a diversas festividades de carácter local y regional, que estaban vinculadas con la vida de la Virgen María. Todas estas nuevas celebraciones eran oficialmente cristianas, pero de manera soterrada y velada, continuaba fluyendo el viejo espíritu de la fertilidad natural, se seguía enfatizando la risa, como un modo de olvidar a la muerte y de enaltecer la victoria de la vida sobre el óbito, y perduraban los vetustos rituales, en los que se preparaban copiosos banquetes con abundante comida y bebida.

La Iglesia estableció oficialmente el día de Navidad como la fecha del nacimiento de Cristo, aunque en realidad, ese día era simplemente una fecha simbólica, que fue fijada e interpuesta aleatoriamente por esta institución religiosa, ya que actualmente no se conoce a ciencia cierta cuándo se produjo el nacimiento del Hijo de Dios. Durante la noche de Nochebuena y el día de Navidad, los cristianos comen y beben abundantemente y están en un ambiente de alegría y de festejo. Ese sentimiento alegre y esa acción de comer y beber excesivamente, ya se hacía durante la celebración precristiana del solsticio de invierno. Esta festividad pagana fue aprovechada por la Iglesia católica para colocar en esa fecha un día emblemático para el cristianismo, como es el nacimiento de Jesucristo.

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La Navidad es una fecha clave del cristianismo. Fuente: ABC

En la fiesta de la Navidad, no se conmemora la vida de Cristo. La figura más importante durante la celebración de la festividad navideña es la llegada al mundo de un recién nacido, que en este caso, es el Hijo de Dios. En los días anteriores y posteriores al día de Navidad, existen otras fiestas cristianas, que están relacionadas con los niños. El 28 de diciembre se celebra el Día de los Santos inocentes. A lo largo de esa fecha, los cristianos se gastan bromas entre sí. El día seis de enero, se festeja la fiesta de los Reyes Magos. Esta festividad alude a una epifanía relatada en la Biblia, que acontece durante el nacimiento de Cristo. Los textos bíblicos aducen que tres sacerdotes eruditos, procedentes de una región del Próximo Oriente Antiguo, observaron una estrella fugaz en el cielo y decidieron seguirla. Esta constelación les marcó el camino hasta el lugar en el que había nacido Jesucristo. Tras encontrase con él, cada uno de ellos le otorgó un regalo al recién nacido: oro, incienso y mirra.

Los protagonistas de los días navideños son los niños, porque antes de celebrar la conmemoración del nacimiento de Cristo, durante estas fechas, algunas culturas paganas festejaban la llegada del Año Nuevo. El inicio de un nuevo año se simbolizaba con el advenimiento de un niño recién nacido. Este bebé representaba la nueva vida, y evocaba el concepto de la renovación de la vida, en el que el nuevo niño sustituía al viejo anciano, que estaba a punto de fallecer. La Iglesia aprovechó la veneración pagana al recién nacido, que a su vez simbolizaba el culto a la vida, para fomentar la adoración de los fieles cristianos a ese niño, que representaba a la nueva vida que nacía, y colocar en esa fecha la fiesta del Niño Jesús. Esta institución religiosa realizó una transformación conmemorativa, ya que modificó el culto al bebé recién nacido, que consistía en un emblema que aludía a la renovación de la vida, por la adoración al Niño Jesús, que era el Hijo de Dios. La Iglesia efectuó una sustitución gradual, ya que en ningún caso pretendió ejercer una imposición.

Antes de la llegada de Cristo, las comunidades paganas conmemoraban, durante el equinoccio de primavera, la regeneración anual de la naturaleza. Se celebraba la renovación de la vegetación y de la vida animal tras el paso del frío invierno. En estas festividades, también se festejaba la regeneración de la especie humana, mediante la práctica de múltiples orgías sexuales sagradas. Estos encuentros carnales eran celebraciones sagradas de la fecundidad. La Iglesia decidió colocar en estas fechas, la conmemoración cristiana de la victoria de la vida sobre la muerte, es decir, el momento de la Resurrección de Cristo. En las narraciones bíblicas, se relata la victoria de Jesucristo sobre la muerte, ya que éste resucitó a la vida tras permanecer tres días muerto.

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Retrato de Erasmo de Rótterdam elaborado por el pintor Hans Holbein, el Joven. Fuente: El Mundo.

Aun así, todavía existían una serie de costumbres y de hábitos sociales paganos, que se mantuvieron vigentes en la sociedad hasta la Edad Moderna. El humanista neerlandés Erasmo de Rótterdam escribió en el siglo XVI una obra literaria en la que dos personajes discutían sobre si era moral o inmoral una costumbre social que realizaban los sacerdotes del Renacimiento. Durante la misa del día de Pascua de Resurrección, que era la liturgia cristiana más importante del año, los curas neerlandeses y alemanes celebraban una misa solemne, pero durante la homilía, los sacerdotes intercalaban chistes de contenido sexual junto con el relato de las doctrinas religiosas cristianas. Además, a lo largo de esa liturgia, cuando el sacerdote se daba la vuelta para coger el cáliz de vino, los fieles descubrían que la sotana del cura se encontraba abierta y podían contemplar su trasero. Incluso, los cristianos solían introducir durante el transcurso de la misa, un palo de madera bajo la sotana del cura, con el objetivo de fingir una erección del sacerdote. Por lo tanto, el día de Pascua de Resurrección era una fecha consagrada, en donde los feligreses trataban de enaltecer la risa y la alegría, a partir de la realización de diversos actos obscenos de carácter sexual, que rayaban la procacidad. Estas acciones insolentes se practicaban, porque ya formaban parte de la costumbre social, desde hacía mucho antes de la conmemoración del nacimiento de Cristo.

El mismo día en el que se celebraba el día de Pascua de Resurrección, las poblaciones paganas realizaban una festividad, que coincidía con el inicio de la estación de la primavera. Este festejo se practicaba en honor al amor y a la fertilidad natural, en donde se enfatizaba la alegría y la risa, se preparaban copiosos banquetes con abundante comida y bebida, y los jóvenes de la comunidad practicaban diversas orgías sexuales, con las que procrear nuevos hijos para la sociedad. La Iglesia no pudo destruir estas viejas costumbres paganas, por lo que no tuvo más remedio que introducir estos hábitos sociales dentro de las liturgias cristianas. Estas acciones eran pequeñas concesiones, respecto a lo que venía haciendo la sociedad desde hacía muchas generaciones atrás. Erasmo apoyaba en su libro estos actos procaces, porque se habían hecho desde siempre. La seriedad y la solemnidad cristiana actual vino tras el Concilio de Trento, que se desarrolló entre los años 1545 y 1563.

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La fiesta de San Juan sirve para purificar la salud. Fuente: Getty Images.

La fiesta pagana del solsticio de verano era una festividad de purificación de la salud a través del fuego y del agua. Posteriormente, la Iglesia la reconvirtió en una celebración cristiana en honor a San Juan Bautista. En esta festividad, se festejaba el sacramento del bautismo, es decir, se celebraba la renovación de la vida, a través del nacimiento de una nueva vida. Pero durante estas celebraciones cristianas, por debajo de la fiesta oficial, pervivían las vetustas costumbres de purificación paganas. Hoy en día, el término Sanjuanarse significa mojarse con el agua de las fuentes, con el objetivo de solicitar una óptima salud. Este acto era una costumbre pagana y precristiana, ya que las fuentes simbolizaban la fertilidad, y aludían al concepto de la renovación de la vida. Actualmente, los ciudadanos continúan purificándose con el agua, al mojarse mutuamente, y con el fuego, mediante el salto de las hogueras, durante la celebración de la fiesta en honor a San Juan Bautista.

La fiesta pagana del equinoccio de otoño era una festividad que estaba ligada a la recolección agrícola. La Iglesia convirtió este festejo en diversas celebraciones cristianas de carácter local y regional. Durante las conmemoraciones paganas, los fieles visitaban los lugares sagrados para llevar a cabo los ritos de fertilidad. Durante estos rituales, se producían encuentros sexuales entre los jóvenes. Los participantes bebían y comían en abundancia, y trataban de enaltecer la alegría y la risa. Después de la llegada y el establecimiento del cristianismo, la Iglesia propugnó por hacer lo mismo, pero seleccionando esas fechas para honrar a los distintos santos cristianos. Durante las celebraciones a los individuos santificados, los miembros de las comunidades también realizaban copiosos banquetes, en donde había abundante comida y bebida. En la Edad Media, los fieles realizaban romerías religiosas en los santuarios cristianos. A esas romerías podían ir todos los hombres y las mujeres fértiles, excepto los clérigos y las monjas, porque se practicaban múltiples orgías entre todos los participantes. Por lo tanto, bajo el ropaje de la religión cristiana, todavía se escondían las viejas costumbres sociales de las generaciones anteriores.

Al principio, las doctrinas religiosas cristianas, que propugnaba la Iglesia, no se impusieron drásticamente, ya que existió un periodo de sincretismo, en el que se mezclaban las costumbres paganas con los rituales cristianos. Esta institución religiosa fijó sus festividades y sus celebraciones principales en las fechas clave de los ritos precristianos. Asimismo, decidió edificar todas las iglesias y las catedrales cristianas sobre las ruinas de los viejos templos paganos. Al final, el cristianismo sí que intentó prohibir los ritos precristianos, pero no pudo abolir la vieja concepción del amor, como una forma de celebración festiva, y que estaba vinculada a la alegría, al festejo, al enaltecimiento de la risa y a la renovación de la vida.

El amor popular fundió sus raíces en la Prehistoria, y su origen estaba asociado a los ritos sagrados en honor a los dioses de la fertilidad. En la Edad Media, estos rituales paganos quedaron prohibidos por la influencia del cristianismo en la sociedad. Sin embargo, de forma soterrada y velada continuó fluyendo ese viejo espíritu, que estaba ligado a los festejos paganos, que vivían camuflados en las festividades cristianas. Los individuos siguieron enfatizando la risa, y perduraron las celebraciones, en las que se servía un copioso banquete con abundante comida y bebida. De esta forma, se seguía conmemorando en las fiestas cristianas la victoria de la vida sobre la muerte.

Realizado por Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía:

Morales Blouin, E. El ciervo y la fuente. Mito y folklore del agua en la lírica tradicional, Madrid, Porrúa, 1981.

Sánchez Romeralo, A. El villancico: estudios sobre la lírica popular en los siglos XV y XVI, Madrid, Gredos, 1969.

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