El amor popular y su simbología (I)

La evolución del amor popular

El origen del amor popular comenzó en la Prehistoria. Este tipo de amor se desarrolló durante los ritos sagrados, que estaban ligados a la fertilidad. Las comunidades prehistóricas efectuaban los rituales divinos sobre la fertilidad humana y los actos de procreación, con el objetivo de garantizar la pervivencia del propio grupo social. Estas actividades sagradas estaban relacionadas con un concepto  más prosaico y mundano, como era la fertilidad de la naturaleza. Para un ser humano prehistórico, la realización de un rito con el que solicitar más hijos estaba vinculado al hecho de reclamar, al mismo tiempo, mayores precipitaciones y de requerir a los Dioses la fecundidad de la tierra. Por lo tanto, la fecundidad natural y la fecundidad humana eran un todo único e indivisible para esa cultura ancestral y tribal.

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Fuente: Dreamsteam.es

De esta forma, los antepasados humanos pedían a la vez un mayor número de precipitaciones, más crías para los animales, y nuevos hijos para la comunidad. Para conseguir sus propósitos, se celebraban una serie de ritos sagrados durante los cuatro momentos astronómicos más importantes del año. Se practicaban diversas ceremonias en honor a los dioses de la fertilidad durante los solsticios y los equinoccios anuales. Aunque existía una clara prevalencia de los rituales sagrados a lo largo de la estación de la primavera, porque durante esa época del año se producía el florecimiento de los frutos. Los humanos primitivos asociaban esta etapa anual con el momento idóneo para solicitar más hijos, más lluvias y más crías. Los ritos sagrados de la fertilidad se celebraban en honor a los dioses de la fecundidad. El Dios más importante era Cernunnos, que era el Dios celta de la fertilidad y de la virilidad. Esta divinidad presentaba una forma de ciervo.

Los rituales de la fertilidad simbolizaban la victoria de la vida sobre la muerte, ya que en estas prácticas paganas se realizaban diversas actividades que estaban relacionadas con el concepto de vida. Los individuos preparaban una especie de banquete en el que había una abundante comida y bebida. Todos los miembros de la comunidad trataban de enfatizar la risa, como un modo de olvidar la muerte. También empleaban el sexo, como un medio para promover la vida. Por lo tanto, se producían grandes banquetes y se realizaban grandes orgías. Estas actividades sexuales estaban consideradas como actos sagrados. Durante la práctica de estas orgías de amor popular existía un sentimiento amoroso, que no se encontraba disociado con el goce, ya que el placer físico estaba concebido como un hecho sagrado en estos ritos. El deleite sexual era una reclamación de la nueva vida que iba a nacer a partir de estas prácticas comunitarias. Por lo tanto, el placer también se encontraba ligado con la fecundidad natural, porque la concepción de nuevos hijos era el fin último por el que se elaboraban los ritos sagrados. El amor popular era un tipo de amor festivo y alegre, pues derivaba de una fiesta. Era una actividad orgiástica y primaveral, en donde se celebraba la victoria de la vida sobre la muerte.

Esta concepción del amor popular se vio alterada durante la Antigüedad clásica. A lo largo de esta época, prevaleció una idea mucho más sofisticada del amor. En Grecia, en Roma y en Egipto existía una concepción diferente, ya que el amor era entendido como una unión de almas entre dos personas. Esta anexión de espíritus se conocía con el nombre de Ágape. La unión de almas podía ser de carácter heterosexual u homosexual. Esta asociación de espíritus requería un sacrificio, porque el Ágape siempre se oponía al Eros. El Eros era la mera unión de los cuerpos entre dos personas.

Durante la etapa clásica, las clases populares no amaban según los códigos del Ágape, ya que estos elementos tenían un exclusivo carácter aristocrático. Los estratos más bajos de la sociedad no podían amar según los criterios del amor espiritual, que estaba basado en la unión de dos almas. El pueblo llano se veía obligado a quererse a partir de los preceptos del amor folclórico y del amor popular.

La vieja concepción del amor popular estipulaba un componente de igualdad a través de tres conceptos. El sentimiento amoroso establecía que el amor no era sólo carnal, ya que también se incluía el afecto sentimental. El goce físico, proveniente del contacto sexual, tampoco se consideraba como algo excluyente del sentimiento amoroso. La fecundidad estaba relacionada con el concepto de procreación. De este modo, la fecundidad no se concebía como algo aislado del amor, sino que estos tres conceptos estaban considerados como un todo único, en donde el amor popular era un amor festivo y un amor alegre.

Los conceptos del amor popular volvieron a cambiar con la llegada y el establecimiento del cristianismo en las sociedades de la Edad Media. Se proscribieron los viejos ritos sagrados de la fertilidad, y sus prácticas se fueron abandonando poco a poco. Sin embargo, por debajo de las fiestas cristianas, y de forma soterrada, todavía pervivía la vieja concepción del amor. Ese amor alegre y festivo continuaba sobreviviendo, por lo que aún seguía fluyendo ese viejo espíritu del amor popular. En este tipo de amor, el sentimiento amoroso no excluía el goce físico, ni estaba disociado con la idea de la fertilidad.

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Fuente: El Mundo

A la vez que entre las clases populares todavía pervivía esa vieja percepción del amor, las élites nobiliarias fabricaron una nueva concepción amorosa, que se denominó como el amor cortés. Este tipo de amor era más serio, más melancólico y más solitario, pues dejó de ser un amor festivo, y se convirtió en una manifestación cultural, en la que el enamorado sufría en silencio. El amor cortés era la ruptura del amor popular. Este tipo de amor provocó que la idea de la fertilidad desapareciera del concepto del sentimiento amoroso. El amor dejaba de estar ligado a la idea de tener hijos, porque la fertilidad se reservaba para el matrimonio. De este modo, el compromiso nupcial no podía entrar en el concepto de amor cortés. Esto se debía a que el amor cortés era extramatrimonial. Un matrimonio medieval no solía estar acordado por dos jóvenes que se amaban, sino que las personas se casaban en función de diversos criterios económicos, y las nupcias estaban previamente pactadas por los padres de los novios, por lo que el matrimonio se convirtió en una especie de contrato.

La poesía del amor popular

La lírica popular fue una modalidad poética que reflejaba los sentimientos que afligían a un individuo determinado. Este género solía mostrar los sentimientos de tristeza y del miedo a la muerte. La lírica popular tenía una relación muy especial con el sentimiento amoroso, en donde este género solía hablar de las impresiones sentimientales femeninas, y rara vez reflejaba los sentimientos de los varones. En muchas ocasiones, la lírica popular estaba enunciada en primera persona por una mujer. El yo poético femenino podía tener un confidente, por lo que la joven podía dirigir su poema a un ser natural, en quien confiaba sus secretos amorosos. Ese confidente podía ser abstracto, como un árbol de la naturaleza. En otras ocasiones, esa persona de confianza era la propia madre de la protagonista. En algunos poemas se producía una solidaridad femenina, con el objetivo de burlar las reglas patriarcales impuestas por la sociedad medieval. Existía una solidaridad entre una madre y su hija para eludir un matrimonio socialmente impuesto.

En los poemas de lírica popular, la joven expresaba una gran alegría por el encuentro con su enamorado. En ocasiones,  la mujer también podía mostrar celos o nostalgia por la ausencia del ser amado. Este género consistía en una poesía oral, que estaba destinada a la oralidad. Por lo tanto, los poemas se realizaban con el objetivo de que circularan de boca en boca, ya que las obras no estaban elaboradas para ser escritas. Los poemas no se componían para ser recitados, pues las obras estaban destinadas a ser cantadas y bailadas.

La lírica popular nació en la Prehistoria, a la vez que surgieron los primeros ritos sagrados de fertilidad y el antiguo sentimiento del amor popular. Este género pervivió hasta la Edad Media, porque se transmitía junto a la vieja concepción del amor. Esto se debía a que los poemas cantados de la lírica popular trataban sobre el amor popular, por lo que estas dos fórmulas coexistieron  simultáneamente hasta la Edad Media. Por lo tanto, la vieja concepción del amor sobrevivió gracias a la pervivencia de la lírica popular durante el medievo, y este hecho hizo posible su comprensión en la época medieval.

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Fuente: Arte e Historia.es

Sin embargo, se produjo una curiosa paradoja. La lírica popular era una poesía oral, que se transmitía de generación en generación de madres a hijas, y que estaba destinada para ser cantada y bailada por mujeres analfabetas. Este hecho provocó que el género desapareciera definitivamente en el siglo XVII. Sin embargo, esta modalidad ha llegado a la actualidad por casualidad, porque algunos autores varones cultos les gustaba esta poesía popular, la apreciaban y la transcribían. De esta forma, los poetas de cancioneros del siglo XIV escribían las composiciones orales y reproducían las canciones que escuchaban cantar a las mujeres por la calle. Por lo tanto, la lírica popular ha sobrevivido hasta nuestros días al ser escrita por accidente.

En la zonas de dominación cristiana, este género estaba compuesto en galaico-portugués, porque fue la lengua única del cristianismo hasta el siglo XVI. Posteriormente, los poemas también estuvieron elaborados en astur-leonés y en castellano. El castellano se fue expandiendo paulatinamente por toda la zona central de la Península Ibérica. La lengua castellana era un idioma muy dinámico, que acabó imponiéndose al resto por razones políticas y de economía lingüística. El castellano era una lengua muy ágil, que se adaptaba perfectamente a las necesidades comerciales de la época. Asimismo, era un idioma muy libre,  porque estaba mucho menos encorsetado que las  otras lenguas. La lírica popular también se componía en navarro-aragonés y en catalán. Estas dos lenguas eran romance, y procedían del latín vulgar. Por último, este género también se elaboraba en vascuence. El vascuence era un idioma que no procedía del latín, ni del indoeuropeo.

En las regiones de dominación musulmana, la lírica popular estaba compuesta en mozárabe. El mozárabe era una lengua romance que derivaba del latín vulgar. Aunque poseía un notable léxico de origen árabe, porque se hablaba en los territorios musulmanes. Este idioma era una lengua muy arcaica y conservadora. Los corpus de lírica popular más abundantes están en tres idiomas, que son el mozárabe mediante las jarchas, el galaico-portugués a través de las cantigas de amigo y el castellano mediante los villancicos.

Las jarchas fueron descubiertas en 1948 por el investigador húngaro Samuel Stern. Estas obras consistían en poesías populares, que eran cantadas en mozárabe por las mujeres musulmanas. El investigador estudió la lírica culta en la lengua árabe y hebrea sobre el amor homosexual. En algunas obras, Stern no logró comprender la traducción del final del poema, ya que éstos no estaban escritos ni en árabe, ni en hebreo culto. El húngaro decidió transcribir las consonantes para posteriormente reconstruir las vocales. En ese momento, observó que los textos del final de los poemas podían estar escritos en lengua mozárabe. El problema de la traducción de las jarchas era que resultaba muy aleatorio el hecho de tener que reconstruir las vocales según la mera intuición del lector. Esto provocó que cada traductor realizase una traducción diferente del mismo poema. La traducción acabó siendo intuitiva y arbitraria, y estaba totalmente sometida al gusto y a la ocurrencia del investigador.

Asimismo, ningún experto ha podido confirmar hasta el momento que las jarchas formaran parte de la lírica popular, debido a que el tipo de metáforas que se empleaban en estas obras no eran típicas de la poesía de este género, sino que solían aparecer en las obras de la poesía magrebí culta. Algunos autores aseguran que las jarchas no formaban parte de la lírica popular, sino que eran un género perteneciente a la poesía culta, que fue transmitida desde el Norte de Marruecos, y que fue traducida al mozárabe, con el fin de ser difundida entre las mujeres.

En cambio, los dos géneros peninsulares, las cantigas de amigo y los villancicos, sí que fueron dos modalidades de la lírica popular. Los símbolos que aparecían en estas obras eran similares a los que existían en el resto de los géneros de la lírica popular europea. Los contenidos de estas poesías procedían de las orgías y de los encuentros sexuales, de los banquetes con comida y bebida excesiva, y de la enfatización de la risa, tal y como hacían los antepasados humanos en los ritos sagrados de las celebraciones paganas precristianas durante la Prehistoria.

Segunda parte. 

Realizado por Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía:

Morales Blouin, E. El ciervo y la fuente. Mito y folklore del agua en la lírica tradicional, Madrid, Porrúa, 1981.

Sánchez Romeralo, A. El villancico: estudios sobre la lírica popular en los siglos XV y XVI, Madrid, Gredos, 1969.

 

 

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