Génesis y autoría de La Celestina

Desde el año 1499, en el que fue impresa por primera vez La Celestina,  hasta el año 1643, en el que la obra fue prohibida por la Inquisición española, el libro fue llevado a la imprenta alrededor de unas 110 veces. Cada vez que se imprimía una obra, se realizaban unos 1.000 ejemplares. Esta era una cifra de edición enorme para la época, ya que ni siquiera la Biblia fue impresa tantas veces a lo largo de ese periodo de tiempo. La Celestina tuvo un enorme éxito, y se difundió rápidamente por toda España. La obra también logró tener una gran influencia en la literatura de su tiempo. El libro incluso generó varias secuelas y se elaboraron continuaciones de la obra. Su éxito en el siglo XVI, tan sólo fue comparable al de la publicación de El Lazarillo de Tormes, editado en 1554.

La creación de La Celestina planteó varios problemas a los investigadores. El libro no tenía un solo autor, ya que al menos fueron dos escritores los responsables de la creación completa del texto. La obra no fue gestada completamente de una vez, sino que fue escrita en fases sucesivas. Principalmente, La Celestina fue escrita en tres etapas diferentes. El primer acto no fue efectuado por Fernando de Rojas, ya que lo redactó un autor anónimo. El primer acto circuló de forma manuscrita hasta que llegó a manos de Rojas. El escritor partió de ese manuscrito para crear La Celestina. La segunda fase consistió en la creación de la llamada Comedia de Calisto y Melibea por parte de Rojas. El escritor añadió 15 actos a ese acto inicial anónimo, que dio lugar a la comedia completa, que constaba de 16 actos, es decir, Rojas continuó esa obra anónima manuscrita. La tercera fase consistió en la adición de otros cinco actos más a la obra Comedia de Calisto y Melibea, que casi  con total seguridad también estuvieron escritos por Rojas. Aunque el autor pudo haberse inspirado en una obra ya preexistente, que supuestamente también fue realizada por el propio escritor toledano. Esta nueva obra, ya con 21 actos, es conocida como la Tragicomedia de Calisto y Melibea. Este libro todavía continúa con un acto más, del que se desconoce el autor.

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Representación de la obra. Fuente: El Mundo

El primer acto no fue escrito por Rojas, pero hasta hace poco tiempo, los expertos creían que el autor toledano sí lo había redactado. El propio escritor reconoció que él no había elaborado ese primer acto. Admitió que se lo había encontrado, porque circulaba manuscrito de mano en mano entre los escritores de la época. La crítica tradicional pensaba que Rojas mentía, y creía que en realidad ese primer acto también era suyo. La crítica tradicional suponía que el escritor estaba gastando una broma literaria, que se conoce como el tópico del manuscrito encontrado, por lo que llegó a considerar que ese primer acto sí que estaba escrito por Rojas.

Sin embargo, actualmente se sabe que Rojas no mentía, y que ese primer acto de la obra no era realmente suyo. Esto se conoce por tres razones. Los usos lingüísticos del primer acto, es decir, las estructuras sintácticas y los usos léxicos de esta parte de la obra no coincidían con los de los 15 restantes. Además, la fuente principal en la que se basaba el primer acto eran las obras del filósofo griego Aristóteles, mientras que la fuente principal en la que se fundamentaban los 15 actos siguientes eran las obras del humanista italiano Petrarca.

Además, el primer acto de La Celestina estaba plagado de errores. Existían una serie de erratas que no pudieron ser cometidas por el autor real del texto, sino que tuvieron que ser realizadas por un mal copista. El primer acto fue escrito por alguien anónimo, y posteriormente fue copiado por un copista torpe, que llenó el texto de errores. Rojas tomó ese manuscrito anónimo repleto de erratas de copia, y no advirtió que ese texto estaba plagado de fallos.  En el primer acto, aparecían en La Celestina las palabras Eras y Crato médicos. La crítica literaria intentó encontrar sin resultados las referencias de estos dos médicos en la literatura clásica, hasta que los expertos se dieron cuenta del error del copista. La crítica literaria halló a un médico llamado Erasístrato, por lo que reparó en la errata. Erasístrato fue un médico que curó a un príncipe que sufría de la enfermedad de amor, porque estaba enamorado de su madrastra. El médico convenció al rey de que la única forma de sanar a su hijo consistía en que le entregara su esposa al príncipe. Rojas desconocía la historia de Erasístrato y no corrigió el error.

Otro fallo de copia existente en el primer acto de La Celestina era la frase: “¿No has leído lo de Minerva con el can?”, en donde se hacía referencia a que la Diosa de la sabiduría tuvo relaciones sexuales con un perro. La crítica literaria intentó encontrar las referencias a este hecho en la literatura clásica hasta que halló el error. Los expertos comprobaron que el copista confundió a un can con Vulcano, el Dios del fuego. En este caso, Rojas tampoco advirtió el error, y no lo subsanó.

El autor del primer acto es desconocido, aunque Rojas dio dos nombres de dos escritores diferentes que pudieron ser los verdaderos autores del primer acto de La Celestina. Según Rojas, el primer acto de la obra pudo estar escrito por Juan de Mena o por Rodrigo Cota. La crítica literaria tiende a pensar que en caso de que el primer acto sea de alguno de estos dos autores, es más probable que estuviera escrito por Rodrigo Cota. Cota también era un individuo judíoconverso como Rojas, por lo que ambos escritores pertenecían al mismo círculo y al mismo ambiente intelectual, cultural y social. Asimismo, Cota escribió una obra titulada Diálogo entre el amor y un viejo, cuyo argumento recuerda mucho al de La Celestina. Este libro era una obra paródica, en donde existía una visión cómica del amor, ya que el autor toledano parodió a un viejo que todavía pretendía amar.

La Comedia de Calisto y Melibea posee 16 actos. La primera edición de la obra apareció en la ciudad de Burgos en 1499. En esa época, Burgos no formaba parte de los enclaves culturales más importantes de la Península Ibérica. Rojas eligió esta ciudad con el objetivo de no hacer mucho ruido con la publicación. En un principio, no firmó la obra y la publicó de forma anónima en la primera edición. El autor no estaba seguro de la reacción de la Iglesia cristiana respecto al libro.

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Representación de la obra. Fuente: El Mundo

 

La publicación tuvo un éxito rotundo, por lo tanto, el escritor se atrevió a publicarla en Salamanca en el año 1500, ya bajo su nombre real de Fernando de Rojas. El autor nació en la década de 1470 en la localidad toledana de La Puebla de Montalbán. Era de origen converso desde hacía ya unas cuantas generaciones, por lo que el escritor nació oficialmente cristiano. Su padre fue condenado por la Inquisición española tras realizar ciertas prácticas paganas. Su condición de converso explicaba el odio que mostraba Rojas hacia la aristocracia, ya que supuestamente se consideraba que la nobleza era el único sector social que tenía una sangre pura, ya que ésta no se encontraba contaminada por la sangre judía o musulmana. Por este motivo, la aristocracia marginaba a los conversos. Sin embargo, estos individuos pertenecían a un sector social muy pudiente económicamente y muy poderoso. Aparte de la nobleza, los enemigos de los conversos también eran todos aquellos sectores sociales que ponían en peligro su notable patrimonio económico, es decir, el mundo de la marginalidad, como las prostitutas, los malos criados y las supuestas hechiceras.

Posteriormente se produjo una evolución, ya que se pasó de la Comedia de Calisto y Melibea de 16 actos a la Tragicomedia de Calisto y Melibea de 21 actos. El proceso consistió en la adición de cinco actos más a petición del público. Los lectores querían que se prolongase el deleite de los amantes. El público pretendía que hubiera más momentos y encuentros amorosos entre Calisto y Melibea. Esto era muy paradójico, porque el objetivo con el que Rojas escribió la obra fue para realizar una diatriba en contra del amor, y en cambio, el público disfrutó mucho con los encuentros amorosos entre Calisto y Melibea.

En la Comedia de Calisto y Melibea, Calisto moría en el acto 14, y luego la obra finalizaba con dos actos más, en los que fallecía Melibea. En la Tragicomedia de Calisto y Melibea, Rojas cambió el final del acto 14, y en ese acto ya no moría Calisto. Este hecho le dio pie al autor para añadir cinco actos más. De esta forma, Calisto pasó a fallecer en el acto 19, y posteriormente la obra finalizaba con dos actos más, en los que perecía Melibea.

En el siglo XVIII, se pensaba que La Celestina era una novela, es decir, que era una obra destinada para ser leída de forma individual en la intimidad. Esto era algo anacrónico, porque en el año 1500, todas las novelas contaban con un narrador, que se encargaba de relatar una parte de la historia en tercera persona. Esto en La Celestina no sucedía porque era una obra dialogada. Algunos expertos también creían que el libro podía ser una obra de teatro destinada a ser representada. Sin embargo, este hecho planteaba algunas dificultades. La obra en su época no podía ser interpretada en un teatro. La duración temporal de La Celestina era un gran obstáculo para que fuera representada, ya que interpretar el libro entero llevaría unas 24 horas de tiempo. Aunque este impedimento no era del todo insalvable, ya que en Francia algunas obras de teatro se representaban durante dos y tres días. Por otro lado, otro gran problema a la hora de interpretar la obra era la cantidad de escenarios que presentaba la misma. Sin embargo, esto tampoco era un obstáculo insalvable, porque en el teatro francés y en el teatro inglés existían los escenarios verticales. Aun así, había un gran impedimento que demostraba que La Celestina era una obra que no fue concebida como teatro. Este obstáculo insalvable consistía en que hechos que tenían que ser simultáneos sobre el escenario, poseían una duración diferente entre sí, ya que estaban mal calculados. La obra narraba sucesos que eran incompatibles desde un punto de vista espacio – temporal.

La Celestina pertenecía a un género de la literatura medieval latina, que se llamaba comedia humanística. La comedia humanística era un género en el que no habína ningún narrador. Las obras eran una sucesión de diálogos en el que aparecían algunos personajes de tono picaresco, como los criados desleales y las alcahuetas. Las comedias humanísticas estaban destinadas a ser leídas en voz alta por parte de varias personas. Cada uno de estos individuos asumía un papel diferente. Estas comedias se difundían en ambientes universitarios, es decir, en buena medida este tipo de comedias se leían en las aulas universitarias para ejercitar la lengua latina, ya que la mayoría de las comedias humanísticas se escribían en latín.

La Celestina era una comedia humanística escrita en castellano. La obra fue concebida para ser leída en público y en voz alta por varones. Sin embargo, desde el inicio en el que fue publicada, la obra salió del ámbito universitario, y obtuvo un gran éxito entre el público de las ciudades, tanto por los lectores masculinos, como por los lectores femeninos. Esta paridad se debía a que el nivel de alfabetización de la época era igual de bajo entre los hombres que entre las mujeres.

Celestina CNTC - La Abadia 2 Foto Sergio Parra
Representación de la obra. Fuente: El Mundo

Fernando de Rojas era un judeoconverso adinerado. En la cumbre de la pirámide social del siglo XVI, preponderaba la nobleza, que eran los cristianos puros y limpios de sangre. Estos aristócratas se enorgullecían de no tener la sangre contaminada con un linaje judío o musulmán. Era muy difícil no poseer una ascendencia judía o musulmana en aquella época, por lo que los nobles no tenían más remedio que falsificar los expedientes de limpieza de sangre. Estos expedientes eran necesarios para desempeñar cargos en la Inquisición y para ingresar en diversas jerarquías religiosas. La mayor parte de la nobleza era económicamente pudiente, pero algunos nobles cristianos, por culpa de su dignidad y de su orgullo, se negaban a trabajar con sus manos, por lo que estaban absolutamente arruinados.

En el segundo escalafón, que se ubicaba por debajo de la nobleza, se encontraban aquellos sectores sociales que no poseían ningún título nobiliario, pero que sí que eran bastante pudientes económicamente, como era el caso de los labradores ricos. Los labradores ricos sí que podían trabajar con sus manos, al contrario que los nobles. Además, estos individuos sí que eran totalmente limpios y puros de sangre, porque ningún judío o musulmán tenía algún tipo de interés en casar a sus vástagos con los hijos de los labradores, pero sí que pretendían contraer nupcias con los hijos de los nobles. Por lo tanto, el sector social de mayor pureza de sangre era el de los labradores ricos. En este segundo escalafón de ciudadanos económicamente pudientes también estaban los judeoconversos. Estos individuos no eran nobles, ni eran personas de sangre pura y limpia, pero eran ricos, ya que se dedicaban mayoritariamente a la profesión de prestamista.

El tercer grupo social englobaba a la inmensa capa de la población que no poseía ningún título nobiliario, ni era muy pudiente económicamente. En este tercer escalafón estaban los moriscos. En la cuarta y última categoría social se encontraban los sectores marginales de la sociedad. Este estrato social abarcaba a la población que formaba parte del mundo de la delincuencia, del ámbito del vagabundeo y del mundo de la hechicería.

Los judeoconversos sentían el desprecio de la nobleza, ya que la aristocracia se enorgullecía de tener una sangre pura y limpia, que no estuviera contaminada con la sangre judía y musulmana de estos. Por otro lado, dado que los judeoconversos eran un sector social adinerado, también temían ver su patrimonio económico en peligro por culpa de los sectores marginales de la sociedad, como podían ser los malos criados, las prostitutas y las supuestas hechiceras. Rojas era un converso, por lo que La Celestina era la obra de un autor en una difícil posición social. Estos individuos estaban acosados por la nobleza y temían el mundo de la marginalidad. Además, como converso, Rojas tenía que demostrar más que nadie su condición de cristiano. Por lo tanto, la intención de la obra era doble. Por un lado, el autor trató de prevenir a los jóvenes contra los males y los peligros del amor. Por otro lado, Rojas intentó alertar a los jóvenes contra los malos criados.

Estos dos motivos no fueron los únicos por los que el autor escribió la obra. El conjunto de razones por las que Rojas publicó La Celestina se sintetizan en cuatro puntos. Los dos primeros propósitos de la obra eran morales, y los dos últimos fueron aspiraciones de índole social y política. En el primer propósito de carácter moral, el autor pretendía demostrar que el amor cortés era sólo un lenguaje y era sólo un disfraz retórico que empleaba la nobleza para esconder un pecado, que era la lujuria, es decir, la llamada cupiditas, que era el deseo inmoderado de todo. La cupiditas era la falta de control sobre uno mismo, es decir, la ausencia de control sobre el cuerpo, como en el caso de la lujuria, y la falta de control sobre la ambición política y la ambición económica, como es el caso de la avaricia política y económica. En el segundo propósito de carácter moral, Rojas pretendía demostrar que detrás del amor se escondía el diablo, porque el amor era un pecado, y los hilos del amor estaban movidos por el demonio. Rojas era un converso y los conversos eran muy conservadores, por lo que el escritor tenía un modo de pensamiento muy retrógrado. Creía que todo lo relacionado con el amor era mero deseo carnal, y estaba controlado por el diablo.

La tercera intención de La Celestina era social y política. La obra intentaba demostrar que la supuesta superioridad de la nobleza, en donde la aristocracia amaba con el espíritu y los campesinos simplemente amaban con el cuerpo, era falsa, ya que el autor consideraba esa superioridad de la aristocracia como una falacia nobiliaria. Rojas pensaba que no existía ningún tipo de superioridad de la nobleza. Este pensamiento del escritor era lógico, ya que los judeoconversos estaban enemistados con la aristocracia,  pues ésta los marginaba y los aislaba de la sociedad. Por lo tanto, La Celestina era una diatriba en contra de la nobleza. La cuarta intención de la obra también era de carácter social y político. El autor trataba de demostrar que los sectores pudientes económicamente de la sociedad corrían un grave riesgo si entraban en contacto con la marginalidad. El mundo de la marginalidad estaba representado en la obra por los criados, las prostitutas y las hechiceras alcahuetas.

Realizado por Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía:

Aguirre, J,M. Calisto y Melibea, amantes cortesanos, Zaragoza: Almenara, 1962.

Garci-Gómez, Miguel. Calisto: soñador y altanero, Kassel: Reichenberger, 1994.

Lacarra,M.E. La parodia de la ficción sentimental en La Celestina, Madrid: Celestinesca, 1989.

 

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