La crisis del año 1.200 AC (I)

La guerra y la paz del Imperio Hitita con Egipto

Tras la muerte del monarca hitita Subiluliuma, estalló una revolución en los pueblos anatólicos, que estaban controlados por el Imperio Hitita. Estas poblaciones se alzaron en armas en contra de la entidad política imperial, ya que, después del deceso del rey, vieron una gran oportunidad para rebelarse. Arnuwanda, hijo y sucesor de Subiluliuma, subió al podercontuvo y reprimió con violencia la revolución. Tras permanecer unos 15 años en el gobierno, Arnuwanda falleció víctima de la peste. En ese instante, el Imperio Hitita se encontraba exhausto, debido al gran esfuerzo económico que provocaron todas las guerras de conquista.

Después de la defunción de Arnuwanda, Mursil II ostentó el trono del Imperio Hitita. Este monarca también era hijo de Subiluliuma. Su reinado estuvo marcado por la sublevación y por las revueltas sociales que se produjeron en las regiones de Siria. Estos alzamientos fueron apoyados por Egipto. Mursil II también se enfrentó al Reino de Arzawa, que pretendía conquistar las regiones de la costa occidental de Anatolia. Por último, el Imperio Hitita volvió a estar asolado por diferentes epidemias de peste.

Mursil II tuvo que hacer frente a las incursiones militares de los gasga sobre su territorio, y también se vio obligado a contener el avance asirio sobre el río Éufrates. La muerte de Tushrata, el rey de Mitanni, se produjo por culpa de una conspiración palaciega, que fue promovida por uno de los hijos del monarca. En ese momento, la discordia y la Guerra Civil asolaron el Reino. Este hecho ocasionó que el soberano asirio Assur-Uballit se apoderase de gran parte de los territorios hurritasMursil II supo lidiar todas estas adversidades políticas y consolidó su poder sobre todos los territorios que habían sido conquistados por su padre. Los dominios hititas se extendían desde el río Éufrates hasta el mar Egeo.

La expansión de Asiria, sobre los territorios que estaban situados cerca del río Éufrates, se convirtió en una amenaza para el Imperio Hitita. Al mismo tiempo, los faraones Seti I y Ramsés II reemprendieron las campañas en Asia, y disputaron a los hititas su dominio en las regiones de Siria. Las expediciones militares egipcias contaban con la complicidad y el beneplácito del Reino de Amurru. La batalla más importante que enfrentó al Imperio Hitita en contra de Egipto se libró en la ciudad de Qadesh en torno al año 1.300 AC. En ese instante, el ejército liderado por el rey hitita Muwatal, que era el hijo de Mursil II, obligó a replegarse a las tropas controladas por el faraón Ramsés II. El conflicto quedó en empate, por lo que las fronteras de ambos contendientes no se desplazaron. Los posteriores ataques egipcios tampoco tuvieron éxito, por lo que se hizo evidente que el faraón no disponía de la fuerza militar necesaria para expulsar a los hititas de sus posiciones sirias.

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Fuente: The Guardian

Asiria se convirtió en una gran amenaza para garantizar la estabilidad política del Imperio Hitita. De esta forma, el monarca hitita decidió asegurar sus fronteras meridionales y estableció un tratado de paz con Egipto en el año 1.274 AC. Hatusil III, hermano y sucesor en el trono de Muwatal, firmo un acuerdo pacífico de no agresión con el faraón egipcio Ramsés II. En este documento, Egipto y el Imperio Hitita se reconocieron mutuamente como las dos mayores potencias del momento, y finalizaron el conflicto. De este modo, la paz entre los egipcios y los hititas quedó sellada. El tratado consistió en un pacto de no agresión y de defensa mutua, en el que ambas entidades políticas se comprometían a proteger la sucesión legítima al trono en cada uno de los dos imperios.

Los prolegómenos de la crisis

Tras bastantes años de paz y de estabilidad política a consecuencia del tratado pacífico de no agresión y de defensa mutua que firmaron los hititas y los egipcios en el año 1.274 AC, una oleada de caos y de destrucción se extendió sobre las regiones de Anatolia, de Siria, de Palestina y de Mesopotamia. Esta crisis trastocó y modificó el mapa geopolítico del Próximo Oriente Antiguo, y asestó un golpe mortal a las economías y a los gobiernos de estos territorios.

En la región de Anatolia, El Imperio Hitita tuvo conflictos con algunos reinos que se situaban en la parte occidental de la península, como el Reino de Arzawa. Al mismo tiempo, las tropas hititas estaban en guerra contra los asirios. El monarca asirio Tukulti-Ninurta I se erigió como un enemigo muy fuerte y poderoso. En este instante, los habitantes del Imperio Hitita estaban sufriendo una hambruna muy severa, por culpa de una mala temporada de cosechas. El gobierno hitita estaba sufriendo una grave crisis, por lo que los dirigentes necesitaron la ayuda exterior de Egipto. Las comunicaciones marítimas tampoco eran seguras, ya que existían muchos enfrentamientos contra de los piratas. El rey hitita pretendía conquistar la isla de Chipre para forzar a la región chipriota, que era uno de los centros de actividad comercial más importantes del mundo, a cumplir el bloqueo económico que el monarca hitita, Tudhaliya IV, había impuesto en contra de sus enemigos, como los asirios,  el Reino de Amurru y la ciudad de Ugarit. Tudhaliya IV prohibió a cualquier territorio comerciar con todos los enemigos del Imperio Hitita. El faraón egipcio Mineptah, sucesor de Ramsés II, tuvo que defenderse de un ataque  conjunto y coordinado de libios, y poblaciones procedentes de la región occidental de Anatolia, del mar Egeo y del norte de Siria.

La situación de los territorios del Próximo Oriente Antiguo era económicamente, socialmente, políticamente y demográficamente muy grave. La despoblación se incrementó exponencialmente, por culpa de una crisis demográfica que fue originada por diversas causas productivas y sociales. El descenso de la producción agrícola en las regiones mesopotámicas se produjo debido al progresivo deterioro de la red de canales hidráulicos, que aseguraba una óptima irrigación de los campos. El aumento de la salinización de las tierras ocasionó que los agricultores abandonaran los cultivos. Estos terrenos agrícolas se convirtieron en espacios propicios para el aprovechamiento pastoril seminómada. La despoblación y la desurbanización también fueron provocadas por las continuas guerras. Los conflictos bélicos causaron un descenso en la producción, por lo que aumentó la caída de los rendimientos agrícolas.

En los territorios de Anatolia, de Siria, y de Palestina, el abandono de las tierras por los campesinos que huían de la presión recaudatoria de los gobiernos, y por las poblaciones que fueron desplazadas de sus hogares por la guerra fue incrementándose progresivamente. Este hecho provocó una gran inestabilidad política, económica y social en todos las regiones del Próximo Oriente Antiguo.

La creciente pobreza de la población campesina y de los pequeños artesanos, y el descenso de la natalidad agravaron la crisis, por lo que los habitantes no pudieron pagar las cuantiosas prestaciones impositivas que los gobernantes imponían a los residentes de las ciudades. Este hecho provocó que muchos individuos quisieran escapar del control gubernamental. De esta forma, se adentraron y se instalaron en diversos territorios abandonados, en los que vivían del pastoreo y de la rapiña como forma de subsistencia para garantizar su supervivencia.

La crisis global ocasionó que las personas se vieran obligadas a tener un estilo de vida nómada en las zonas semiáridas de Mesopotamia. Los ciudadanos de los territorios de Anatolia y de Siria abandonaron las urbes. Los asentamientos urbanos quedaron limitados a las zonas cercanas a los valles irrigados. Esta grave situación favoreció la aparición de hambrunas y de epidemias. El comercio también disminuyó, debido a la crisis productiva agrícola y urbana. La actividad comercial se vio agraviada por la presencia de una serie de piratas y de bandas de forajidos en los territorios en los que no se ejercía un control político fuerte. Las relaciones diplomáticas entre las diversas entidades políticas también disminuyeron. Finalmente, también se produjeron una serie de invasiones externas y de migraciones poblacionales, que causaron el colapso definitivo del sistema.

Las invasiones de los pueblos del mar

Diversas poblaciones, que se desplazaban mayoritariamente por el mar, pero que también se movilizaban por tierra, atacaron, en torno al año 1.200 AC, las regiones de Anatolia, y avanzaron sobre los territorios de Siria, Chipre y Palestina. Estos individuos desencadenaron una ola de destrucciones en todas las zonas que invadieron. Los invasores constituían un conglomerado muy heterogéneo de individuos, en el que participaron pueblos micénicos, que ya estaban instalados en algunos lugares de las costas anatólicas, poblaciones procedentes de Licia y gentes mercenarias, como los filisteos, que solían ser contratados por los faraones egipcios para asegurar el control de sus dominios asiáticos, pero que por culpa de la crisis global, los gobernantes de Egipto no pudieron pagar sus servicios, y se rebelaron.

Las causas que propiciaron estas invasiones fueron de aspecto migratorio, ya que los dorios avanzaron hasta Grecia, y derrocaron a los dirigentes micénicos, por lo que estos individuos tuvieron que desplazarse para buscar otra región en la que instalarse. También existían otras motivaciones de índole social y económico, pues estas poblaciones tenían la necesidad de buscar una forma alternativa de vida a la nómada.

Los graves efectos de la crisis global afectaron severamente al Imperio Hitita. El gobierno hitita había gozado de una gran estabilidad política en el periodo previo al colapso total. El Imperio Hitita desapareció, ya que fue devorado por la despoblación y por la crisis productiva agrícola. Otros factores determinantes que ocasionaron la debacle de esta entidad política fueron los constantes esfuerzos económicos y humanos que exigían las continuas expansiones territoriales y las consolidaciones de las conquistas. La estructura política del territorio también estaba fragmentada y estaba erosionada por las constantes tensiones internas, las sequías y las hambrunas. Los faraones egipcios tuvieron que trasladar grano a la población hitita durante el reinado del monarca hitita Arnuwanda III.

El Imperio Hitita se encontraba exhausto por culpa del esfuerzo de mantener el dominio de grandes extensiones de territorio, y tenía muy mermados sus recursos materiales y humanos. Existía una grave fragmentación y desunión política, porque el monarca y la realeza ya no poseían la lealtad y la fidelidad de los nobles y de los reinos vasallos. Por este motivo, el gobierno sucumbió en poco tiempo. Hattusa, la capital del Imperio Hitita, fue destruida por una incursión militar de los gasga, mientras la mayor parte del ejército hitita se encontraba luchando simultáneamente en contra de otros invasores en las regiones de Anatolia. La desaparición de la monarquía, la realeza y de las autoridades administrativas hititas ocasionó un gran vacío político en todo el territorio del Próximo Oriente Antiguo, por lo que este hecho todavía generó una mayor inestabilidad global.

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Batalla entre egipcios y los pueblos del mar. Fuente: ABC

Los pueblos invasores desembarcaron en la isla de Chipre, que fue conquistada por Subiluliuma III, el último rey del Imperio Hitita. El monarca decidió conquistar el territorio chipriota, con la intención de contrarrestar la importante presencia micénica en la región y para forzar un bloqueo comercial y económico a Asiria. Las poblaciones invasoras asaltaron y destruyeron las localidades más importantes de la isla, y también atacaron y asolaron diversos territorios de Siria y de Palestina, como las urbes de Ugarit y de Tiro. Los filisteos llegaron a ocupar la ciudad de Gaza. La presencia de los pueblos invasores mercenarios y piratas afectó las relaciones diplomáticas y comerciales de Egipto con algunos centros económicos, como la ciudad de Biblos, que escaparon de la oleada destructora de estas poblaciones.

Estos pueblos del mar atacaron a Egipto durante el reinado del faraón Ramsés III. Sin embargo, estas poblaciones fueron rechazadas en una dura batalla en el delta del río Nilo, en donde ambos contendientes se enfrentaron por mar y por tierra. Egipto salió indemne de la batalla, pero perdió sus posesiones en Siria y en Palestina. De esta forma, no pudo ejercer un control eficaz sobre el abastecimiento y el comercio de las nuevas materias primas y manufacturas férreas en un momento clave, en donde la crisis global favoreció el abandono de la tecnología del bronce por las técnicas del hierro.

La migración de los arameos y la crisis en Mesopotamia

La crisis del año 1.200 AC provocó la expansión de las tribus de arameos. Estos individuos eran pastores nómadas originarios de Siria, que hablaban una lengua emparentada con el árabe. Esta población se aprovechó de la despoblación y de la ausencia de unos poderes políticos que fueran capaces de contenerles. Los arameos pretendían dominar estos territorios, impulsados por el hambre y la penuria.

Los arameos penetraron en las zonas de Mesopotamia y ocuparon parte de las regiones cercanas al río Éufrates. Desde ese lugar, continuaron avanzando hasta llegar a Asiria y a Babilonia. Todo el territorio quedó sumido en un gran caos. Esta entropía se produjo más por culpa de la precaria situación interna, que por la presión militar que ejercieron los pueblos invasores. Los habitantes mesopotámicos sedentarios eran incapaces de contener su avance. Los arameos se aprovecharon de la fragilidad del poder político y de la grave crisis económica y demográfica que existía en el territorio, para ocupar una región, en donde la degradación del sistema de irrigación y la despoblación proporcionaron amplios espacios, que fueron colonizados por los nómadas.

Las incursiones militares de los arameos nómadas acrecentaron el clima de inseguridad generalizada dentro de Mesopotamia, en donde las ciudades más importantes, como Nippur, Uruk y Babilonia, fueron atacadas y destruidas. Por otra parte, las tribus caldeas también comenzaron a expandirse hacia el territorio mesopotámico. Estas poblaciones eran más numerosas que las arameas, e impusieron su dominio sobre Babilonia. Algunos expertos consideran que los pueblos caldeos provenían de Siria, pero otros investigadores creen que estos individuos procedían del interior de las regiones de la Península Arabiga. Este pueblo ocupó parte de los territorios cercanos al río Éufrates, como Ur y Uruk. Por su parte, los arameos, que tenían una estructura tribal menos compacta y de menor magnitud, también se extendieron por las zonas próximas al río Éufrates.

Las incursiones militares de los arameos penetraron en Asiria. La región asiria se encontraba muy debilitada por las guerras contra Babilonia, por el bloqueo económico impuesto por el Imperio Hitita y por la gran inestabilidad política que poseía. Existían numerosas discordias dinásticas tras el reinado de Tiglat Pilaser I. Todos estos problemas dejaron a Asiria reducida a su mínima expresión territorial. A pesar de todas estas dificultades, la sucesión dinástica no se vio interrumpida, pero sus reyes se mostraron impotentes ante la gravedad de los acontecimientos. Aun así, los asirios lograron resistir todos los ataques realizados por los nómadas y no fueron invadidos.

Segunda parte.

Realizado por Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía:

González Wagner, CarlosHistoria del Cercano Oriente. Salamanca: Universidad de Salamanca. 1999.

Liverani, MarioEl Antiguo Oriente: historia, sociedad y economía. Barcelona:Crítica, 1995.

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