Zlatan Ibrahimovic y la Guerra de los Balcanes (y II)

Viene de la primera parte.

Si las cosas estaban mal en casa y en el fútbol, en la escuela iban aún peor. Cuando era niño, Zlatan ceceaba, por lo que tuvo que acudir a su escuela un foniatra especializado para que le enseñara a pronunciar la letra ese. Este hecho le pareció muy humillante al jugador. Aunque la mayor afrenta que sintió el delantero fue en el momento en el que le asignaron una profesora de refuerzo exclusivamente para él. El futbolista era un muchacho follonero e hiperactivo, que cometía muchas estupideces en la clase, pero que no sacaba muy malas notas, ya que llegó a tener un sobresaliente en Historia del Arte, varios notables en inglés y en Física y Química, y poseía una gran facilidad para las Matemáticas. Por lo que aquella designación le pareció un agravio a Zlatan. Debido a esto, el jugador reaccionó con autoridad y severidad: “Un día estábamos jugando al hockey en la escuela. La profesora de refuerzo vino a ver el partido. La tenía al lado todo el tiempo, era como una lapa. Estaba que echaba chispas. Preparé un tiro magistral y le di a propósito con el disco en toda la cabeza”.

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Sefik Ibrahimovic es el padre del jugador. Fuente: Mirror.co.uk

Después de esta acción, la docente acusó al muchacho, y el centro educativo propuso a Sefik trasladar a Zlatan a un colegio especial de ayuda psiquiátrica. Pasado un tiempo, la profesora de refuerzo abandonó al delantero y el futbolista se cambió de colegio. El ariete no olvida el trauma y la baja autoestima que le acarreó esta asignación. “Una profesora de refuerzo solo para mí. No se puede marcar a los niños de esa forma. Ese tipo de tratamiento especial me arruinó a corto plazo, porque perdí todo tipo de confianza en mí mismo”, recuerda el jugador. Al final, Ibrahimovic abandonó sus estudios sin finalizar la educación secundaria.

Sefik y Zlatan cambiaban continuamente de vivienda. Padre e hijo nunca estuvieron más de un año en un mismo hogar. Este hecho era aprovechado por los colegios, que ante el temperamento y la agresividad que mostraba Zlatan en las aulas, le obligaban a trasladarse a un nuevo centro, que estuviera más próximo a la nueva zona en la que residía. De esta forma, los colegios conseguían librarse de él. Este rechazo ocasionó que, durante su infancia, el delantero casi no tuviera amigos.

Con 13 años, el jugador decidió realizar las pruebas para incorporarse al Malmoe por recomendación de su padre, que le indicó que tratara de fichar por el club más importante de la ciudad. El futbolista llegó al terreno de juego con su equipación enmarañada y arrugada en una bolsa de plástico de supermercado. Durante el segundo día de pruebas, uno de los entrenadores, llamado Nils, le confirmó que le habían admitido en el equipo. Zlatan se sentía como un marciano dentro de aquel club, porque la mayoría de los muchachos provenían de las áreas urbanas más acomodadas de la urbe. A pesar de haber cumplido su propósito, el delantero seguía sin adaptarse en un equipo: “Durante los partidos, me dedicaba exclusivamente a regatear con el balón, y me llovían las críticas. Una vez me sacaron una tarjeta amarilla por gritar a mis compañeros. Los padres querían que me expulsaran del club, debido a mi agresividad y a mi mal carácter con mis compañeros”.

Uno de los padres llegó a redactar una petición para que el ariete fuera obligado a abandonar la entidad, debido a que Zlatan le había pegado un cabezazo a su vástago. Ake Kallenberg, técnico del Malmoe en la categoría júnior, actuó coherente y razonadamente y rompió la solicitud en mil pedazos. Kallenberg dejó a Zlatan en el banquillo durante casi todo el año. El entrenador pensaba que el delantero era un futbolista muy individualista, y que regateaba demasiado. Además, no soportaba el carácter del jugador, ya que se pasaba todo el entrenamiento gritando e insultando a sus compañeros. Ibrahimovic sabía que debido a su terrible comportamiento y a su horrible actitud, tenía que ser el mejor futbolista del club si quería jugar como titular. “En aquellos años aprendí algo muy importante. Si un tipo como yo quería que se le respetara, tenía que entrenar diez veces más, si no, no tendría ninguna oportunidad. No en este mundo. No si se era un ladrón de bicicletas”, comenta Zlatan.

El delantero tenía muy mala fama entre sus compañeros, ya que, tras haber reconocido el robo de la bicicleta de su segundo entrenador, todos los futbolistas le acusaban a él de cada objeto que desaparecía. En realidad, la familia de Zlatan seguía siendo muy pobre. El propio ariete jugaba con unas botas que compró su padre en un supermercado, en donde los reponedores las habían colocado en una estantería al lado de los tomates y de la verdura. Cuando el Malmoe jugaba como visitante en las localidades cercanas a la ciudad, Zlatan daba evasivas y se alejaba de sus compañeros, porque no tenía suficiente dinero para comer en los mismos establecimientos que ellos.

Los padres seguían criticando a Ibrahimovic y el futbolista pensó seriamente en cambiar de club. Jonny Gyllensjo, técnico del Malmoe en categoría juvenil, se enteró y convenció a los dirigentes para que le ofreciesen un contrato, en el que le pagaban unos 60 euros mensuales. Este hecho provocó que el futbolista se quedase en el club, y le motivó para esforzarse más, y así, convertirse en un mejor delantero. “Practiqué cómo bajar el balón con la menor cantidad de toques posible. Descargaba los regates que hacían Ronaldo y Romario. Después los practicaba hasta dominarlos. Profundicé mucho. Era muy preciso en los pequeños detalles. Me obsesioné. Gracias a esas jugadas destacaba y seguí regateando”, afirma Zlatan.

El nuevo contrato garantizó el ascenso de Ibrahimovic al equipo juvenil. La mayoría de los muchachos eran un año mayores que el delantero, y la plantilla estaba conformada por varios de los mejores futbolistas jóvenes del país. Zlatan nunca jugaba como titular, porque era demasiado individualista y conflictivo. Durante el campeonato juvenil sueco, el técnico no incluyó a Ibrahimovic en la lista, y le obligó a fingir una lesión. Ese equipo venció la final del torneo, y el ariete no estaba ni entre los jugadores convocados.

Esta situación entristeció seriamente al jugador, que veía como sus posibilidades de triunfar en el club sueco se le escapaban de las manos. “No albergaba ninguna esperanza al respecto. Incluso el entrenador del equipo juvenil me tenía en el banquillo. Ser más gallito que los demás suponía una desventaja. No querían jugadores extranjeros y exaltados que hicieran vistosas jugadas, como si fueran futbolistas brasileños. El Malmoe era un club refinado y orgulloso. Todos los jugadores eran rubios, y decían cosas bonitas y educadas”, esgrime el ariete sueco.

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Roland Andersson fue el técnico de Zlatan en el Malmoe. Fuente: Gettyimages

En ocasiones, los futbolistas de la categoría juvenil entrenaban con el primer equipo. En aquel momento, el Malmoe estaba inmerso en graves problemas deportivos, institucionales y económicos. El club, que siempre había estado en los primeros puestos de la Liga de Suecia, estaba jugando para evitar el descenso. Las finanzas entraron en bancarrota, por lo que no podían comprar a jugadores de otras entidades. De esta forma, Roland Andersson, técnico del primer equipo, se vio en la obligación de darle muchas oportunidades a los  jóvenes de la cantera. Un día, Andersson se reunió con Zlatan, y le comunicó que, a partir de entonces, jugaría en Primera División.

Este hecho provocó que el futbolista volviera a confiar en sus posibilidades de triunfar en el Malmoe. Zlatan se esforzaba intensamente en los entrenamientos, y practicaba sus trucos durante horas en un pequeño campo de fútbol, que estaba muy próximo a la casa de su madre. “Iba a Rosengard, y les decía a los chavales: diez coronas al que me quite el balón. Ese juego me ayudó a perfeccionar mi técnica, y me enseñó a utilizar el cuerpo para proteger el esférico”, asevera el delantero. Zlatan también practicaba con videojuegos de fútbol, en donde jugaba durante varias horas seguidas, con el objetivo de encontrar nuevos regates, que después aplicaría en la vida real.

El ambiente en la entidad no era el más adecuado. Los jugadores más veteranos tenían que asumir la responsabilidad, y debían mantener al club en la élite. Zlatan no aprovechó la situación, y continuó siendo ese joven rebelde y engreído individualista, que prefería hacer las jugadas por su cuenta, en vez de efectuar un juego combinativo. De este modo, la relación con sus compañeros más experimentados no era buena. “Es un chico problemático. Tiene una actitud arrogante. Tenemos que entender su forma de actuar y ver de que barrio viene. Es un jugador que todavía no es una estrella, aunque él piense que sí lo es”, dijo de él Hans Mattison, capitán de aquel Malmoe.

Zlatan se estaba labrando una carrera profesional en la entidad escandinava, mientras el club certificaba la peor crisis institucional, deportiva y económica de su historia. El equipo sueco acabó bajando a Segunda División, tras 64 años consecutivos en la máxima categoría del fútbol sueco. Los aficionados lloraron en las gradas y la policía tuvo que intervenir para proteger a los jugadores, ya que arrojaron diversos artefactos en contra del autobús del club. Todos los integrantes de la plantilla sentían una gran frustración y vergüenza, y un odio masivo hacia la futura estrella sueca. “Sé que algunos compañeros pensaban que era una diva que me había dedicado a hacer jugadas llamativas en esos partidos tan serios, pero, si queréis que sea sincero, me dio igual”, afirma con rotundidad Zlatan.

El director deportivo del Malmoe, Hasse Borg, estaba prendado de la habilidad técnica de Zlatan, y pretendía que firmara un contrato profesional con el primer equipo. Borg insistió con vehemencia y consiguió convencer al delantero para que continuara en el club sueco en Segunda División. El Malmoe le regaló a Zlatan un estudio cercano al estadio, un móvil y le otorgó un sueldo de unos 1.700 euros mensuales.

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Fuente: BBC

Al año siguiente, comenzó siendo suplente durante los primeros encuentros de la temporada, pero en seguida fue alineado en el equipo titular. Ibrahimovic fue consciente de que estaba disfrutando de muchos minutos de juego, porque su equipo estaba disputando la categoría de plata. “Si no hubiéramos bajado a Segunda División, estoy seguro de que no jugaría tantos partidos como los que estoy teniendo en este momento”, asegura el delantero escandinavo. Sin embargo, Zlatan seguía sin congeniar con sus compañeros. Los jugadores del conjunto sueco eran futbolistas muy experimentados y recusaban los excesivos regates y el individualismo que estilaba Ibrahimovic. “Es un jugador muy egoísta. Muchas veces nos encontramos en una buena posición, pero él no nos ve”, aseveró su entonces compañero de equipo Niclas Kindvall.

Las buenas actuaciones individuales de Ibrahimovic provocaron que diversos cazatalentos y ojeadores de todo el mundo acudieran a Malmoe para verle jugar en directo. Este hecho hizo que los dirigentes del club sueco mejoraran su contrato antes de finalizar la temporada. Zlatan pasó a cobrar unos 2.700 euros mensuales. El ariete concluyó la campaña anotando 12 goles, y se proclamó el máximo goleador de su equipo. El Malmoe retornó ese año a Primera División, al quedar el segundo clasificado en la categoría de plata, en donde el delantero influyó en la mayor parte de las victorias de la entidad sueca.

Los grandes equipos europeos se interesaron por la nueva joya escandinava. Ibrahimovic pudo fichar por el Arsenal inglés, pero el técnico francés Arsene Wenger quería que hiciera una prueba. Sin embargo, Borg y el delantero rechazaron realizarla. “Hacer una prueba significaba infravalorarse, colocarse en una posición de debilidad, por lo que nos negamos a hacerla”, comenta el delantero. Debido a esto, Zlatan no fichó por los gunners.

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Fuente: Goal.com

El Ajax de Ámsterdam envió a John Steen Olsen, un ojeador danés, para que redactara varios informes sobre Ibrahimovic. Durante el mes de marzo del año 2001, la plantilla del Malmoe estaba realizando una concentración en la localidad española de La Manga, y los jugadores se entrenaban diariamente en las instalaciones deportivas de la localidad. El club sueco iba a disputar un amistoso ante el Moss, un equipo noruego. El delantero observó que el propio Olsen, Leo Beenhakker, director deportivo, y Jacobus Adriaanse, técnico de la entidad neerlandesa, estaban presenciando en directo el encuentro. Ibrahimovic anotó un gol espectacular en ese partido. Tras la conclusión del choque, los tres trabajadores del Ajax de Ámsterdam buscaron a Borg, con el objetivo de acometer el fichaje del ariete cuanto antes.

Tras oficializar su marcha al club de los Países Bajos, Zlatan quería saber por cuánto lo habían vendido. La respuesta de Borg lo dejó muy satisfecho: “Cuando comprendí cuánto era perdí el control. Fue alucinante, más de nueve millones de euros. Jamás se había vendido a ningún escandinavo por ese pastizal, ni siquiera a Henrik Larsson o a John Carew“. Después de brillar en el Ajax de Ámsterdam, Ibrahimovic pasó por las filas de la Juventus de Turín,  Inter de Milán, Barcelona, Milán, París Saint-Germain, Manchester United y Los Ángeles Galaxy.

Redactado: Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía:

Lagercrantz, DavidSoy Zlatan Ibrahimovic, Barcelona: Corner. 2015

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