Zlatan Ibrahimovic y la Guerra de los Balcanes (I)

El futbolista sueco nació en uno de los distritos más conflictivos y marginales de la ciudad de Malmoe. Se crió con un padre alcohólico y con una hermanastra drogadicta. A pesar de sus duros inicios, se convirtió en uno de los mejores delanteros de la historia reciente del fútbol.

Zlatan Ibrahimovic (Malmoe, Suecia, 1981) nació y creció en Rosengard, uno de los lugares más humildes y conflictivos de la ciudad sueca de Malmoe. Esta urbe es la tercera localidad más grande de Suecia, y Rosengard es una de las áreas urbanas más peligrosas e inhóspitas de esa ciudad. Este distrito comenzó a erigirse como parte de un proyecto urbanístico denominado Miljonprogrammet. Era un ambicioso plan que fue implementado en la década de 1960, con el objetivo de construir y vender más de un millón de viviendas a precios asequibles a la población inmigrante, que arribaba cada vez en mayor número a la ciudad situada al sur de Suecia. La mayoría de las personas que habitan en Rosengard son extranjeros provenientes de Líbano, de Irak, de Somalia y de los estados que conformaban la antigua Yugoslavia, que huyeron a Malmoe para escapar del terror de la guerra, de la sangre y de la tragedia.

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Fuente: El Mundo

El distrito es multiétnico y multinacional, ya que de las más de 23.000 personas que residen en esa área urbana, una cuarta parte hablan la lengua árabe. Rosengard es un lugar sin futuro, en donde cuatro de cada diez jóvenes ni siquiera terminan los estudios primarios. El distrito no le importa a nadie, y la única causa por la que la zona sale a la palestra y es motivo de conversación en la opinión pública sueca es por la aparición de algún altercado social y por los diversos disturbios que se originan en sus calles. El sindicato de maestros llegó a cerrar una escuela por culpa de los elevados niveles de violencia y de criminalidad que existían en Rosengard, ya que la seguridad en las aulas no podía ser garantizada por las autoridades municipales.

A pesar de que lo tildan de suburbio, este distrito no se encuentra en los arrabales de la ciudad. Es una zona relativamente céntrica, ya que apenas se tardan unos diez minutos en llegar en transporte público desde la estación principal de autobuses de Malmoe, ubicada en el centro de la localidad. Rosengard es una especie de gueto para las personas que residen allí, debido a que éstas no se comunican con el resto de habitantes de las otras zonas urbanas, ni siguen las modas incipientes de la ciudad. El propio Ibrahimovic no visitó el centro de Malmoe hasta que no cumplió los 17 años. Al delantero sueco le costaba integrarse con los chavales del distrito céntrico de la localidad, ya que no compartía ningún referente cultural con ellos.

Rosengard posee tres barrios con viviendas de protección oficial. El área urbana que presenta una peor fama en la opinión pública sueca es la que está integrada por personas de ascendencia gitana. El barrio en el que se crió Ibrahimovic junto con su madre durante sus primeros años de vida se denomina Tornrosen, que significa rosa silvestre en sueco. En esta zona, existía un pequeño campo de fútbol en el que el delantero iba a jugar diariamente para mejorar sus trucos con el balón, aunque era tan pequeño que algunas veces sus vecinos no le dejaban jugar. “Cuando no podía participar me enfurecía. Odiaba perder. Aun así, lo más importante eran las jugadas bonitas. Se suponía que tenías que impresionar a los otros chicos con tus trucos y tus jugadas, y había que practicarlas una y otra vez hasta que eras el mejor. Tenía que ser rápido con la mente y con los pies, ya que era pequeño y enclenque y era fácil hacerme duras entradas. A menudo dormía con el balón y pensaba en las jugadas que iba a hacer al día siguiente”, asegura Ibrahimovic.

Durante su infancia, el futbolista acudía todos los días junto con sus hermanos al colegio Varner Rydén. Ibrahimovic era un muchacho rebelde y problemático. El jugador se enfadada fácilmente y tenía unos arrebatos muy violentos. Solía pegar, dar cabezazos y gritar a sus compañeros de clase. Era un niño indisciplinado e impetuoso, que presentaba evidentes signos de hiperactividad, y al que le costaba mucho hacer amigos en las aulas.

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Fuente: malmofestivalen.se

La mayor parte de los jóvenes en Rosengard solían jugar a ser matones, y cualquier cosa les parecía una provocación. Según Ibrahimovic, “en ese distrito había que ser duro. Si alguien te provocaba, no te podías acobardar”. Sin embargo, la mala fama de Rosengard hizo posible el surgimiento de una sinergia identitaria común en contra del resto de los habitantes de Malmoe. “La mayoría de las veces no nos peleábamos. Era más bien Rosengard contra todos los demás. Una vez en el Festival de Malmoe, vi a una turba de residentes del distrito, unos doscientos, persiguiendo a un tipo. Para ser sincero, no fue nada agradable, pero como era gente del barrio me uní a ellos”, afirma Ibrahimovic.

Cuando el delantero no estaba en clase o jugando al fútbol, se pasaba el día robando bicicletas, de cuya afición se convirtió en un verdadero experto. Todo comenzó en el momento en el que le birlaron su apreciada BMX. “Heredé una bicicleta de mi hermano. La llamé Fido Dido, que era el dibujo de un chico temible con el pelo de punta. Después me la mangaron en la piscina de Rosengard“, indica el sueco. A partir de ese instante, Ibrahimovic se convirtió en todo un profesional en el robo de bicicletas. “Forzaba los candados. Me convertí en un experto. Una vez me vestí de negro en plan Rambo, cogí una cizalla enorme y robé una bicicleta del ejército. Fue una gozada. Me encantaba. La verdad es que lo hacía más por placer que por las bicis”, expresa el ariete.

Jurka Gravic, madre de Ibrahimovic, es de ascendencia croata y Sefik Ibrahimovic, padre del futbolista, es de origen bosnio. Ambos se casaron por conveniencia para que Sefik obtuviera el permiso de trabajo y de residencia en el país sueco. Jurka se dedicaba a limpiar casas durante interminables horas para poder llegar a fin de mes. Ibrahimovic ama a su madre por encima de todo. “Mi madre trabajaba en la limpieza. Se dejaba la piel en el trabajo para darnos de comer, era una auténtica luchadora. Mi madre lloraba mucho. Yo la quería. Tuvo que trabajar duro toda su vida. Limpiaba unas catorce horas diarias. Yo le decía que se relajara porque veía que estaba muy desgastada. Es mi madre y la quiero con locura”, indica el delantero sueco.

La infancia de Ibrahimovic fue muy tortuosa, en donde la falta de atención que le mostraban sus padres le obligó a afrontar en solitario las situaciones más adversas. “En mi casa, no nos dábamos abrazos. No había ningún adulto que ayudara con los deberes o que preguntara por los problemas que pudiéramos tener. Había que enfrentarse a las cosas solo. Si alguien te trataba con crueldad, no valía lloriquear, había que apretar los dientes. En casa reinaba el caos, había peleas y me llevé una buena ración de tortas y de bofetadas de mi madre cada vez que me portaba mal”, asevera el futbolista.

El delantero recuerda que, cada vez que hacía alguna diablura, su madre le pegaba tan fuerte con una cuchara de madera, que en ocasiones el cubierto se rompía, y tenía que bajar al supermercado a comprar otro. La convivencia familiar era muy problemática y turbulenta. Esta difícil situación estaba agravada por la carestía económica que sufría su familia. “Nunca teníamos dinero. No había suficiente de nada. Las hermanas mayores cuidaban de nosotros, los pequeños. No habríamos conseguido sobrevivir de otra manera. Comíamos muchos fideos precocinados con kétchup, y en ocasiones nos íbamos a comer a las casas de varios amigos y de familiares, como la de mi tía Hanife“, rememora el delantero.

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Fuente: BBC

El matrimonio entre Jurka y Sefik duró dos años. Tras la separación, su hermana Sanela, y el propio Zlatan se fueron a vivir con su madre. El futbolista estaba muy triste porque extrañaba a su padre. “Echaba de menos a Sefik. Me divertía mucho con él. Lo veía cada dos fines de semana. Nos llevaba al parque y a una isla que está situada cerca de Malmoe, y me compraba hamburguesas y helados. Era el padre de los fines de semana divertidos”, indica Ibrahimovic.

Jurka tuvo que lidiar con una hija drogadicta y con una grave crisis económica y familiar. Una de las hermanastras del futbolista solía consumir drogas duras, y en algunas ocasiones, escondía estas sustancias ilegales en la casa. Se relacionaba con individuos peligrosos y siempre estaba rodeada de problemas. “Llegaron a  detener a mi madre por tener objetos robados en su hogar. Unos conocidos le pidieron a mi hermanastra que les guardara unos collares, y lo hizo sin saber de qué se trataba. Posteriormente supimos que eran artículos robados”, sentencia el jugador.

Después de este suceso, los servicios sociales suecos llevaron a cabo una investigación, con el objetivo de analizar el ambiente familiar que existía en el hogar. Los profesionales determinaron que era necesario arrebatar la custodia de Sanela a Jurka, y entregársela a Sefik. Mientras tanto, Zlatan permaneció bajo los cuidados de su madre. A Sanela no le gustaba vivir con su padre, y echaba de menos la convivencia con Aleksandar, el hermano pequeño de la familia, que también estaba residiendo con Jurka. En cambio, Zlatan sí que deseaba vivir con Sefik. Finalmente, Jurka consiguió la custodia de Sanela, y el delantero acabó conviviendo junto con su padre y su hermanastro Sapko en el barrio de Varnhemstorget, área urbana que no pertenece al distrito de Rosengard.

Sefik trabajaba como encargado de mantenimiento. Pasó de ver a Zlatan cada dos fines de semana a ser el encargado de su custodia. Se pasaba los días bebiendo cerveza y escuchando música yugoslava. El excesivo consumo de alcohol le causaba unos cambios de humor constantes, por lo que se enfurecía y gritaba con excesiva facilidad. Este hecho provocó que Sefik descuidara el cuidado de sus hijos. “Había latas en las mesas y basura en el suelo. Mi padre hacía unos turnos larguísimos, y no tenía amigos. Lo más preocupante era que nunca había nada de comida en el frigorífico. Abría los armarios rezando por que hubiera algo, pero no había nada, solo lo de siempre: leche, mantequilla, un trozo de pan y zumo. Lo que no faltaba era la cerveza”, afirma Ibrahimovic.

Sapko y Sefik mantenían unas peleas terribles, por lo que el joven abandonó el hogar familiar, y Zlatan y su padre convivieron solos en la casa. El delantero quería que su progenitor volviera a la realidad, y dejara de permanecer constantemente borracho, por lo que decidió hacerle la guerra a la cerveza. “Cada vez que podía tiraba un poco de bebida por el fregadero y el lavabo, no toda, porque lo habría notado, pero sí lo que podía. Casi nunca se daba cuenta. Había cerveza por todos los rincones de la casa”, indica el futbolista.

Zlatan acabó aprendiendo cómo sobrellevar los cambios de humor de Sefik. El delantero comprendió el temperamento de su padre, y sabía cuándo era mejor no dirigirle la palabra. El jugador no se achicaba y se enfrentaba continuamente a su progenitor, que le amenazaba con echarlo de casa. “Tengo el recuerdo de mi padre totalmente borracho. A veces rememoro en mi cabeza esas horribles imágenes. Un día lo encontré dormido en el suelo, y había latas y botellas por toda la mesa. Le grité que despertara, pero no reaccionaba. Lo cubrí con toallas y mantas para que entrara en calor. Le decía que bebía mucho y teníamos unas broncas muy fuertes. A veces los gritos eran insoportables. Eso sí, nunca me puso la mano encima, ni una sola vez”, asegura el ariete sueco.

Sefik bebía para ahogar las penas, porque la Guerra de los Balcanes le afectó mucho. Observaba con atención las noticias acaecidas sobre la contienda, y se lamentaba por el temor constante de la muerte de sus familiares directos y de sus amigos. La escasez de noticias procedentes de sus allegados y las imágenes televisivas de una Bosnia asediada y aislada llenaba de ansiedad a su padre, ya que no podía saber si sus seres queridos habían perdido la vida a consecuencia de la cruenta guerra, que desembocó en una limpieza étnica sin paliativos.

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Militares serbios maltratan a civiles en Bijeljina. Fuente: Diario 16

Su progenitor era originario de la ciudad bosnia de Bijelina. Los militares serbios invadieron la urbe y comenzaron a ejecutar a miles de ciudadanos musulmanes. Ante tal masacre, los familiares de Sefik tuvieron que huir de la ciudad. Los serbios decidieron ocupar la casa abandonada de su familia, y reemplazaron a los habitantes de Bijelina con población serbia. Su padre estaba sumido en una depresión a causa de la contienda. Sefik se volvió alcohólico y mitigaba sus penas a base de latas de cerveza. “La guerra lo extenuó y se obsesionó con estar al corriente de todo lo que pasaba. Se sentaba solo delante de la televisión y del teléfono, bebía, y se lamentaba por las informaciones que le llegaban sobre Bosnia“, rememora el futbolista. Zlatan perdió a su abuela materna durante el conflicto, ya que la anciana murió en un bombardeo sobre Croacia, por lo que tuvo que consolar a su madre y a sus hermanos durante los días de luto.

Zlatan empezó a jugar al fútbol, a nivel de clubes, en el Malmoe Boll & Idrottsforening (MBI). El delantero se incorporó a este equipo con seis años de edad. El futbolista jugaba en un terreno de juego con gravilla, que estaba situado detrás de varias casetas de color verde. El ariete no acabó de congeniar con sus compañeros de equipo, y no tenía un buen comportamiento con ellos, pues les gritaba continuamente cuando se quejaban del excesivo individualismo que exhibía el jugador sueco. Incluso, los padres de los muchachos protestaban de que Zlatan no hiciera más que materializar durante los encuentros los trucos con el balón que había aprendido mientras jugaba con sus vecinos del barrio.

Tras un tiempo en ese club, el ariete acabó enrolándose en las filas del FBK Balkan, un equipo federado semiprofesional que se entrenaba a unos tres kilómetros de su casa. El entrenador era bosnio, y había jugado en las mejores categorías de la Liga de Yugoslavia. El técnico se convirtió en una especie de figura paternal para Zlatan, por lo que el delantero encajó mejor en su nuevo equipo. “En el MBI, los padres suecos se colocaban alrededor del campo y decían: venga chicos, buen trabajo. En el Balkan nos gritaban: me voy a follar a tu madre por el culo. Eran unos yugoslavos enloquecidos que fumaban como carreteros y dejaban las botas en cualquier sitio. Pensé: estupendo, como en casa. Me encanta este club”, afirma el delantero sueco.

El técnico del FBK Balkan puso a Zlatan durante varios partidos como portero titular, con el fin de darle una lección de humildad, tras haber increpado e insultado al guardameta. “El entrenador me puso en la portería durante un tiempo. Me enfadé  con el portero y le dije que era un inútil, y que hasta yo podría hacerlo mejor. Hubo un partido en el que me marcaron un montón de goles y me volví loco. Les grité a todos que eran una mierda, que esa forma de jugar al fútbol era una mierda, y que todos eran unos subnormales”, narra Zlatan.

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Fuente: Pinterest

Pasadas unas semanas, el ariete volvió a jugar en la delantera, pero su comportamiento no mejoró. Era un niño impetuoso, impulsivo, inestable y rebelde, que no sabía controlar su furia y su genio, por lo que solía enfrentarse y discutir con sus compañeros, sus entrenadores y los árbitros. Zlatan era un futbolista muy técnico. Era un experto en elaborar jugadas inesperadas en espacios muy reducidos, pero era un delantero muy inconstante e irregular. El técnico del FBK Balkan lo mantenía en el banquillo durante las primeras partes, para comprobar si este hecho hacía que cambiara su comportamiento, pero el ariete era un niño indómito e incorregible. “Nuestro equipo perdía 4-0 ante una banda de pijos de la localidad  sueca de Vellinge. Salí en el segundo tiempo y marqué ocho goles. Ganamos 8-5 y al acabar el partido, me pasé todo el tiempo riéndome en la cara de esos niños ricos”, recuerda Zlatan con sorna.

Lo que nunca podrá olvidar el futbolista es la pena y la tristeza que sentía al no contemplar a su progenitor animándole en las gradas. El delantero miraba con impotencia como los padres de los otros niños jaleaban a sus hijos desde la línea de banda. El ariete se encontraba solo y afligido, y solía pensar: “Joder, ojalá mi padre hubiera visto esa fabulosa jugada o ese formidable toque brasileño”.

Segunda parte.

Redactado: Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía:

Lagercrantz, David. Soy Zlatan Ibrahimovic, Barcelona: Corner. 2015

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