Los partidos de la vergüenza (I)

El primer enfrentamiento

El siete de octubre de 1935, la Asociación Inglesa de Fútbol (FA) y la Federación Alemana de Fútbol (DFB) acordaron la disputa de un encuentro amistoso en tierras inglesas. Ambas instituciones deportivas pactaron que el partido se celebraría en White Hart Lane, el estadio del Tottenham Hotspur.

La FA decidió invitar a la DFB a disputar el amistoso, por lo que los pross actuaron como anfitriones y locales. Los medios de comunicación consideraban a ambas selecciones como los mejores combinados nacionales de Europa, por lo que la Asociación Inglesa de Fútbol, que se autoproclamaba como la más brillante, pretendía dirimir esa discusión de una vez por todas. Sin embargo, existía un gran problema. Adolf Hitler había ganado las elecciones alemanas en 1933, y el líder nazi no era bien visto por la mayor parte de la población inglesa. Desde el mismo instante en el que los medios de comunicación se hicieron eco del enfrentamiento, la población de ascendencia judía asentada en Inglaterra y las fuerzas políticas afines al Partido Laborista protestaron y se movilizaron para sabotear el partido, y evitar así, que el choque se jugase.

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Fuente: ABC

Para generar una mayor polémica, el encuentro se iba a disputar en el barrio londinense de Tottenham, zona urbana en la que vivía una notable comunidad de judíos. Los ánimos estaban muy caldeados, ya que el 15 de septiembre de 1935, el gobierno alemán promulgó las denominadas Leyes de Núremberg. Este decreto fue redactado por Wilhem Frick, Ministro del Interior del Tercer Reich, y por el político Julius Streicher. Las leyes presentaban un marcado carácter racista y antisemita, porque discriminaban y perseguían al pueblo judío afincado en Alemania. Estas normas trataban de evitar las mezclas raciales de los individuos semitas con el resto de la población teutona.

El 27 de noviembre de 1935, los líderes de los sindicatos obreros ingleses acudieron hasta la Secretaría de Estado para solicitar la anulación inmediata del encuentro amistoso. Los jefes sindicales manifestaban una absoluta repulsa a la disputa del partido, porque según ellos, el choque serviría para que la capital inglesa se convirtiera en un “teatro gratuito” en el que el gobierno nazi desplegaría libremente sus símbolos racistas, supremacistas y xenófobos. Los sindicatos izquierdistas creían que el partido sería visto en el exterior como un apoyo del gobierno inglés a las ideas nacionalsocialistas del régimen nazi liderado por Hitler.

Mientras tanto, los movimientos políticos y sociales afines a las doctrinas nazis prepararon una efusiva bienvenida a la Selección Alemana y a los dirigentes políticos germanos que acompañaban a los jugadores. El dos de diciembre de 1935, los integrantes de la selección nacional y la comitiva política teutona llegaron al aeropuerto inglés de Croydon desde Berlín, tras haber hecho una pequeña escala en la ciudad neerlandesa de Rotterdam. Los futbolistas y las personalidades fueron recibidos en el aeropuerto con un gran cariño por miles de personas que apoyaban los ideales nazis. Por su parte, una delegación del movimiento sindicalista inglés acudió a la Secretaría de Estado para solicitar a Sir John Simon, Ministro del Interior, que cancelase la disputa del amistoso. Simon aseveró que no tenía la potestad de anular el partido, ya que el choque se iba a celebrar por medio de una iniciativa privada, que estaba promovida por ambas organizaciones deportivas, por lo que el Estado inglés no podía hacer nada para suspender el enfrentamiento. “Creo que la FA es un organismo bastante independiente. Por lo tanto, considero que el partido se va a llevar a cabo sin ninguna consideración política en absoluto “, señaló el político inglés.

En realidad, la decisión del gobierno de Inglaterra de no involucrarse en la disputa del encuentro fue motivada por diversas consideraciones políticas. Simon temía que las cordiales relaciones anglo-alemanas se deteriorarían si suspendía el partido amistoso. Por lo tanto, bajo el pretexto de la independencia de la FA, el gobierno inglés denegó la cancelación del choque.

Stanley Rous, Secretario de la Asociación Inglesa de Fútbol, emitió públicamente un comunicado de prensa en el que refrendaba la disputa del encuentro, y en el que pedía expresamente que la población inglesa supiera separar y diferenciar la política y el deporte. Las fuerzas sindicales y los miembros del Partido Laborista hicieron caso omiso a las directrices expresadas por Rous, y convocaron una manifestación en contra del nazismo en los aledaños del estadio White Hart Lane. La policía londinense tuvo que intervenir de urgencia, ya que se desataron graves disturbios y enfrentamientos, pues unos 10.000 aficionados alemanes viajaron hasta la capital inglesa con la intención de presenciar en directo el amistoso.  El gobierno germano fletó siete barcos desde la ciudad de Hamburgo y 16 trenes especiales para que los seguidores acudieran al campo a animar a los futbolistas teutones. Además, la población germana que residía en la capital inglesa tampoco se quiso perder el choque. Por parte de los pross, se acercaron hasta el estadio unos 50.000 aficionados. Los incidentes acabaron con siete detenidos.

El partido definitivamente se disputó el cuatro de diciembre de 1935. La esvástica nazi ondeó a media asta en la zona de tribuna del estadio londinense de White Hart Lane como motivo de duelo,  debido al fallecimiento de la Princesa Victoria, hija del rey Eduardo VII, el día anterior al encuentro. El equipo germano ejecutó el saludo nazi, mientras sonó el himno alemán. Por su parte, el combinado nacional inglés no lo realizó.

El choque finalizó con un contundente (3 – 0) a favor de los pross. Los autores de los goles ingleses fueron los delanteros George Camsell por partida doble y Clifford Bastin. Al concluir el encuentro, las dos delegaciones internacionales se fueron a cenar al hotel Victoria. Los aficionados germanos volvieron a Alemania en trenes especiales y en barco desde la ciudad inglesa de Dover.

La Paz de Papel

La firma del Pacto de Múnich, el 30 de septiembre de 1938, cambió toda la política europea, en donde la estrategia de apaciguamiento se reforzó a partir del establecimiento de este acuerdo. El tratado fue conocido como la Paz de Papel, porque el Primer Ministro británico, Neville Chamberlain, agitó una hoja que sostenía la promesa y la firma de Adolf Hitler, indicando que iba a constituirse la paz en Europa. Esa paz duró unos meses.

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Fuente: Getty images

La política europea estaba regida, entre el año 1935 y el año 1938, por la promulgación de una serie de medidas que buscaban el apaciguamiento. Este apaciguamiento llegó a su punto más álgido con la firma del Pacto de Múnich. La instauración de estas doctrinas políticas significaron un sometimiento y una subyugación a las presiones y a las exigencias territoriales que ejerció la Alemania nazi sobre las potencias europeas, a cambio de una supuesta paz internacional. El Pacto de Múnich fue un acuerdo firmado por Gran Bretaña,  que estaba liderada por Chamberlain, por Alemania, que estaba dirigida por Hitler, por Italia, que estaba en manos de Benito Mussolini, y por Francia,  que estaba gobernada por Édouard Daladier.

Este tratado consistió en un acuerdo por el cual Francia y Gran Bretaña decidieron apoyar y conceder las reivindicaciones y las demandas territoriales de Alemania sobre una región perteneciente a la República de Checoslovaquia, conocida como los Sudetes. El tratado fue una auténtica vergüenza para Europa, porque los checoslovacos no fueron consultados a la hora de ceder al Tercer Reich una parte de su territorio. El argumento que esgrimió Hitler, para reclamar la zona de los Sudetes como una región alemana, fue la existencia de un cierto porcentaje de población germana en esa zona checoslovaca. Los Sudetes era un territorio que estaba situado al oeste de la República de Checoslovaquia. Esta zona era el área más industrializada del país eslavo. Hitler exigió que esa región se pronunciara para saber, si querían o no, formar parte de Alemania. El gobierno nazi solicitó convocar un referéndum de autodeterminación en la zona de los Sudetes para conocer de primera mano, si esa región checoslovaca deseaba o no, unirse al Estado alemán. Gran Bretaña y Francia se resignaron y aceptaron las condiciones de Hitler sobre la realización del plebiscito en el territorio de los Sudetes.

El espectáculo fue lamentable, ya que la República de Checoslovaquia no fue consultada a la hora de establecerse y de firmarse el Pacto de Múnich. El estado eslavo podía perder una cuarta parte de su territorio, y sus dirigentes ni siquiera habían sido invitados a las reuniones. Literalmente, la firma de ese pacto resultó ser una invasión nazi sobre una zona de Checoslovaquia. Los medios de comunicación y la opinión pública francesa y británica celebraron la firma del tratado, ya que supuestamente significaba la paz en Europa. El Pacto de Múnich fue visto por la población de Francia y de Gran Bretaña con gran optimismo.

En octubre de 1938 se rompió definitivamente el acuerdo, porque Hitler exigió que la región de los Sudetes se uniera por medio de la fuerza al Tercer Reich. Los Sudetes terminaron fusionándose con el estado alemán. Los nazis se apropiaron de esa zona sin que se llegara a celebrar ningún tipo de referéndum de autodeterminación. La ruptura del Pacto de Múnich no sólo consistió en la cesión de la parte oeste de la nación checoslovaca a Alemania. En la zona sur del territorio eslavo existía una región, llamada Rutenia, en donde residían ciudadanos de origen húngaro, ya que Checoslovaquia era un país multinacional y multicultural. Hungría se aprovechó de la coyuntura y se anexionó esa zona con población húngara. Posteriormente, en marzo de 1939, Hitler invadió el Protectorado de Bohemia – Moravia, por lo que conquistó íntegramente la región de Chequia, cinco meses después de fusionarse la zona de los Sudetes. La política europea de apaciguamiento fue un fracaso absoluto. Los estados  europeos occidentales negociaron con Hitler para retrasar el inicio del conflicto y ganar tiempo, con el fin de prepararse y rearmarse hacia la llegada de una nueva guerra mundial que ya les parecía inevitable.

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Fuente: El País

Un mes después de la anexión alemana de los Sudetes, comenzó oficialmente la persecución de la población judía en Alemania. Este hecho se conoce simbólicamente como la Noche de los Cristales Rotos, ya que se produjeron en noviembre de 1938 una serie de ataques y de linchamientos a los ciudadanos alemanes de origen judío, por parte de las tropas de asalto hitlerianas y de grupos de civiles de ideología nazi y antisemita. Hitler empezó a deportar a los ciudadanos judíos alemanes a Polonia. El gobierno polaco aceptó recibir  a los judíos deportados y tuvo conversaciones con el dirigente nazi para formalizar algún tipo de acuerdo entre los dos estados. Hitler incluso intentó establecer una alianza con Polonia a comienzos de 1939. El Estado polaco rechazó el pacto porque consistía en una completa subordinación hacia Alemania. El dirigente alemán también trató de efectuar una alianza con la Unión Soviética, y ésta sí que se llevó a cabo. Se firmó un Tratado germano – soviético de no agresión durante el verano de 1939. Stalin aceptó firmar el pacto, porque consideraba que el inicio de una guerra  entre los soldados alemanes y las tropas soviéticas perjudicaría a la URSS. El dirigente soviético pensaba que este conflicto rompería las barreras protectoras que poseía la Unión Soviética en Europa Oriental.

A Stalin también le interesaba establecer una alianza con Alemania, ya que poseía pocos oficiales operativos. La época de purgas más intensa en la Unión Soviética fue entre los años 1937 y 1938. Este fue el periodo en el que se ejecutó a más prisioneros. Durante esos años, las purgas se centraron en depurar a los oficiales militares soviéticos. Stalin liquidó a la mayor parte de los generales de su ejército. Fue tal el número de depuraciones, que incluso las autoridades británicas consideraban que si hubiera una invasión alemana sobre la URSS ésta no la soportaría, por la poca cantidad de oficiales soviéticos que no habían sido ejecutados. Stalin pretendía retrasar el inicio de la contienda hasta que su nación estuviera militarmente más preparada para hacer frente a las ofensivas alemanas.

La firma de este pacto abrió la puerta definitiva que dio lugar al inicio de la II Guerra Mundial. El Tratado germano – soviético tenía unas cláusulas secretas. Esta alianza era un acuerdo en el que las dos potencias podían repartirse diversas zonas de influencia, es decir, ambas naciones se repartían la soberanía de los territorios de Europa OrientalPolonia fue invadida por Alemania y por la URSS, y quedó dividida en dos partes, una zona estaba bajo influencia germana, y la otra permaneció bajo la soberanía de la Unión Soviética. Los países bálticos, que eran Estonia, Letonia y Lituania, pasaron a estar bajo influencia soviética, ya que fueron invadidos por la URSS.

Segunda parte. 

Redactado: Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía:

Artola, Ricardo. La Segunda Guerra Mundial. Madrid, Alianza, 1995.

Hillgruber, Andreas. La Segunda Guerra Mundial, 1939-1945. Objetivos de la guerra y estrategia de las grandes potencias. Madrid, Alianza, 1995.

 

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