Sargón I de Akkad (2.335 AC – 2.279 AC) (y II)

Viene de la primera parte.

Sargón dominaba los principales puertos comerciales del sur de Mesopotamia. A partir de ese momento, el monarca también decidió conquistar los pueblos mesopotámicos del norte. El rey consiguió controlar todos los territorios que se extendían desde el Golfo Pérsico hasta los montes Tauro y las montañas Amanus. El soberano llegó a realizar una serie de campañas y de expediciones militares exitosas en el país de Subartu, que estaba situado al norte de Mesopotamia, pero dada la lejanía de la región, estas victorias militares no proporcionaron la conquista de nuevos territorios. Estas guerras y estas expediciones militares poseían una eficacia política y económica notable, ya que el Imperio Acadio mantenía sometidas a estas regiones, y les solicitaba el pago de un tributo. Además, Sargón enviaba a colonos acadios para ocupar diversas zonas de estas ciudades. Se produjo la colonización del país sumerio, a través de la instalación de funcionarios, de agentes y de soldados de origen acadio en estas regiones.  El monarca también firmó acuerdos con algunos reinos, que siguieron siendo independientes del Imperio Acadio, como Ebla. Estos pactos facilitaron la consolidación y el reforzamiento de las rutas comerciales acadias, y el acceso a las riquezas de los territorios pertenecientes a Siria y a Anatolia.

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Fuente: BBC

Sargón pretendía efectuar una dominación de los territorios exteriores periféricos que resultaba muy complicada para las tropas acadias, por lo que no obtuvo el control de las regiones a partir de diversos triunfos militares, sino que consiguió el dominio de estas zonas a través del establecimiento de unas medidas políticas muy pragmáticas y funcionales, que pretendían alcanzar la hegemonía de todas las regiones mesopotámicas. El monarca aceptaba que los gobernantes de los centros urbanos estratégicos más importantes de Mesopotamia, como las ciudades de Assur y de Mari, reconocieran el poder imperial, y les otorgaran tributos y mercancías. Estas urbes estaban controladas por gobernadores autónomos e independientes de Akkad.

Posteriormente, Sargón quiso volver a expandirse hacia los territorios del sur de Mesopotamia. El monarca comenzó una guerra contra Elam. Las tropas acadias vencieron el conflicto bélico, por lo que la ciudad de Susa, la capital del Reino Elamita, se anexionó al Imperio Acadio. Sin embargo, los elamitas permanecieron independientes ante la autoridad de Akkad. A pesar del poderío militar acadio, las condiciones políticas, humanas, técnicas y económicas no permitían mantener un control eficaz sobre unos territorios tan lejanos. Por lo tanto, Sargón no pudo conquistar Elam. El monarca recogió un gran botín y aceptó los múltiples tributos que le otorgaron los derrotados elamitas. El soberano pretendía haberse convertido en el Rey de Elam, tras vencer al monarca de la dinastía elamita Awan. Al final, sólo la ciudad de Susa permaneció controlada por un gobernador acadio.

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Fuente: BBC

La guerra de conquista, que consistía en iniciar un conflicto armado con la intención de ocupar permanentemente el territorio del enemigo, no siempre era posible por culpa de una serie de impedimentos logísticos y administrativos. Estos impedimentos ocasionaban la carencia de diversos medios materiales, técnicos y humanos. Los problemas técnicos, económicos y administrativos estaban vinculados con la excesiva lentitud con la que se establecían las comunicaciones, ya que algunos caminos resultaban notablemente impracticables para los soldados.

Otras trabas consistían en la escasa disponibilidad para seleccionar, trasladar y asentar al personal administrativo que gobernaría esa urbe. Además, los funcionarios acadios tenían que superar diversas barreras lingüísticas, porque debían conversar con los habitantes de las ciudades conquistadas en un idioma que no conocían. Todos estos impedimentos dificultaban el envío y la permanencia de los ejércitos y las guarniciones acadias a cierta distancia de la capital de Akkad. Sargón tampoco podía movilizar a sus tropas simultáneamente en varias direcciones, con el objetivo de que sus soldados acudiesen a varios frentes diferentes a la vez. Todos estos problemas también impedían ejercer un control efectivo sobre el orden público para evitar las revueltas sociales y asegurar el cobro de impuestos de los habitantes de las regiones lejanas conquistadas.

Durante el final del reinado de Sargón se produjo una rebelión social generalizada en la región de Sumer. En esta zona, la población no soportaba y se resistía a la dominación del Imperio Acadio en el territorio. La estructura del imperio se fundamentaba en el poder y en la autoridad del monarca, por lo que la entidad política imperial carecía de cualquier forma de integración territorial elaborada. Este hecho generaba una gran inestabilidad política, que ocasionaba una serie de disidencias y de sublevaciones sociales periódicas, sobre todo en los instantes en los que fallecía el máximo mandatario imperial. Antes de su deceso, Sargón logró reprimir un ataque procedente de Subartu, por lo que el ejército atacante quedó destruido. Tras la muerte del monarca, volvió a estallar una nueva rebelión en Sumer.

Sargón fue sucedido por su hijo Rimush. Tras ostentar el trono, comenzaron a producirse una serie de rebeliones en varias ciudades sumerias, como Ur y Lagash. Rimush tuvo que volver a combatir contra Elam. El Reino Elamita fue de nuevo derrotado, pero los reyes de la dinastía Awan siguieron ocupando el trono de forma independiente.

La economía del Imperio Acadio

Los reyes acadios adquirieron multitud de propiedades territoriales. Posteriormente, los monarcas entregaron estas propiedades, como recompensa por su fidelidad y su lealtad, a los funcionarios y a los dignatarios más importantes. Los principales propietarios eran los sacerdotes de los templos, el rey y su familia real, los funcionarios de palacio y diversos particulares muy influyentes, que se situaban en una posición muy próxima al soberano. El poder económico de los sacerdotes fue decayendo con el tiempo. Este hecho no fue causado por una pérdida de importancia de la religión en el imperio, sino que fue ocasionado porque el rey le otorgaba un mayor número de propiedades a la realeza y a los altos funcionarios. De esta forma, estas dos entidades elitistas formaron y consolidaron grandes fortunas.

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Fuente: BBC

La monarquía y el Estado acadio

El Imperio Acadio fue una entidad política que unificó bajo una sola autoridad la mayor parte de las regiones mesopotámicas. Sin embargo, esta entidad política carecía de diversos medios e instrumentos de centralización administrativa y económica y no poseía una óptima integración territorial. El Imperio Acadio era una formación política de aspecto unitario, que se basaba en la dominación y en el control, a través de medio militares, de los gobernantes locales y de la actividad comercial que realizaba en Mesopotamia.

 La figura del rey trataba de difundir una imagen de buen administrador, de un gobernante justo y de un constructor de templos y de obras de irrigación. Sargón pretendió justificar la legitimidad de su gobierno desde el primer momento en el que accedió al trono. El monarca quiso dar validez a su poder siguiendo las tradiciones del país de Sumer, ya que se consideraba un ser Ungido por Anum, que era el Dios de la creación y se proclamó el Vicario de Enlil, que era el Dios del cielo y de la tierra. El soberano logró el reconocimiento como rey de los sacerdotes de la ciudad santa sumeria de Nippur. Este hecho era indispensable para convertirse en un rey legítimo, aunque Sargón tomara el poder por la fuerza de las armas.

El monarca impulsó un concepto ideológico nuevo. Sargón pretendía ser contemplado como un rey heroico y conquistador. El soberano ordenó redactar una serie de narraciones que relataran las hazañas heroicas que había logrado como dirigente del imperio. El monarca se convirtió en el protagonista absoluto de las historias legendarias. Las narraciones de las gestas aunaban relatos que poseían un marcado carácter simbólico y mitológico con historias que contaban hechos concretos y verídicos que sí que había realizado el rey, como sus conquistas militares.

Los relatos no narraban las construcciones encargadas por el monarca, sino que únicamente contaban todas las grandes batallas libradas y vencidas por un rey que no tenía rival. Sargón trató de ser observado como un soberano heroico, ya que pretendía que sus hazañas y sus gestas militares se convirtieran en leyendas para la posteridad, debido a la importancia de sus conquistas. Estas narraciones aseguraban que los triunfos militares del rey se debían a la superioridad física del monarca, a su habilidad guerrera y a su valor.

Por otra parte, Sargón concebía una ideología muy particular, ya que trataba de alcanzar un dominio universal de todos los territorios. Esta ideología estaba basada en el principio de que el Imperio Acadio constituía el centro del mundo, por lo que el resto de las regiones eran contempladas como una periferia inferior e incivilizada, que debía de ser sometida bajo la autoridad del rey. El monarca intentó dominar todos los territorios mediante el inicio de incesantes campañas militares.

Tras la unificación política y administrativa del país de Sumer, Sargón creó la figura de un gobernador acadio, denominado shapiru, para que dirigiera las ciudades sumerias. El monarca colocó a sus hijas como supremas sacerdotisas de Sin, que era el Dios de la Luna, en la ciudad mesopotámica de Ur. El rey también puso a sus hijos en importantes puestos religiosos y políticos.

Realizado por Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía:

González Wagner, CarlosHistoria del Cercano Oriente. Salamanca: Universidad de Salamanca. 1999.

Liverani, MarioEl Antiguo Oriente: historia, sociedad y economía. Barcelona:Crítica, 1995.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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