Sargón I de Akkad (2.335 AC – 2.279 AC) (I)

El origen de los acadios

Los individuos acadios hablaban la lengua semita. Estas personas eran originarias de las regiones de Siria y de Mesopotamia. Los semitas poseían una serie de lenguas que estaban estrechamente emparentadas entre sí, y estaban divididas fundamentalmente en dos troncos lingüísticos. El primero era el acadio, y el segundo era el idioma semítico occidental. El semítico occidental formaba un grupo lingüístico bastante diversificado, ya que el ugarítico, el cananeo, el arameo, el árabe y el etiópico provenían de esta lengua.

Las poblaciones semitas poblaron los territorios del sur de Mesopotamia. Estos individuos vivían en las regiones que estaban próximas a las zonas en las que habitaban los sumerios. Sin embargo, también residían en las áreas del norte de Mesopotamia. Los acadios habitaban los territorios que estaban alrededor del Reino de Kish, que señalaba la divisoria entre las zonas de preponderancia sumeria y semita.

Los individuos semitas no perdieron su identidad cultural, y conservaron su lengua y su religión, que posteriormente llegarían a imponer a los sumerios, a través de un proceso de aculturación, asimilación y sincretismo. Estas personas hablaban un dialecto semítico oriental, que se llamaba acadio. Este idioma se diversificó a partir del II Milenio en dos variantes. Por un lado, en el babilonio, que se hablaba en el centro y en el sur de Mesopotamia. Por otra parte, en el asirio, que se empleaba en el norte de Mesopotamia.

La aparición del Imperio de Akkad no fue el resultado de un conflicto étnico y cultural entre los sumerios y los semitas. Las relaciones existentes entre estos dos grupos de población estaba caracterizada por una aculturación recíproca. Al principio, la cultura sumeria era la predominante, pero posteriormente fue totalmente absorbida por la cultura semita. Los acadios mantuvieron los usos administrativos y los sistemas políticos, sociales y económicos que establecieron los sumerios, pero impusieron su lengua acadia y su religión semita.

La instauración del Imperio Acadio y la unificación de Mesopotamia

Una leyenda indicaba que Sargón de Akkad fue abandonado nada más nacer en una cesta sobre las aguas de un río. El bebé fue recogido por un aguador, que lo crió como si fuera su propio hijo. Sargón trabajó de joven de jardinero. Un día, Ishtar, la Diosa de la vida, el amor y la fertilidad, le bendijo y le otorgó un futuro repleto de poder y de riquezas. En realidad, el monarca fue copero en la Corte real del Reino de Kish, que estaba gobernado por Ur-Zababa. Sargón conspiró, se alzó en contra del rey, y consiguió sucederle en el trono. El monarca logró unificar políticamente a las poblaciones semitas y conquistó la mayor parte de las ciudades sumerias, por lo que obtuvo un gran poder y la hegemonía de Mesopotamia.

Sargón fue cortesano en el Reino de Kish, y se hizo con el poder tras derrocar al legítimo soberano, que se llamaba Ur-Zababa. El término Sargón significaba en acadio la frase Rey verdadero. El monarca acogió ese nombre para refrendar su legitimidad en el trono. El soberano ordenó la construcción de una nueva capital, y le puso el nombre de Akkad. El rey fundó la capital en las proximidades de Kish, con el objetivo de facilitar la gestión del imperio.

Sargón efectuó una ruptura de índole político respecto al periodo anterior. Esta ruptura afectó al carácter de la realeza acadia. El monarca y la Corte real mostraron unos atributos guerreros y heroicos, en vez de un carácter sacerdotal y administrativo. El soberano consiguió reemplazar la hegemonía mesopotámica de Sumer por la de Akkad. El rey logró integrar los territorios sumerios y acadios en una única entidad política.

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Fuente: BBC

Los investigadores consideran que es exagerado atribuir los triunfos militares de Sargón de Akkad a las diferencias de armamentos que existían entre los sumerios y los acadios. Ambos grupos poblacionales habitaban en las regiones cercanas, por lo que era muy improbable que los militares sumerios no conocieran el arco y la jabalina que empleaban los acadios. Sin embargo, el adiestramiento y el entrenamiento militar que se necesitaba para conseguir una óptima utilización de estas armas arrojadizas era incompatible con las milicias campesinas sumerias, por lo que el empleo de esta clase de armas se adecuaba mejor a la existencia de un ejército profesional, como el establecido por Sargón. Los soldados experimentados acadios obtuvieron una gran ventaja sobre las falanges de la infantería sumeria.

Una vez que derrocó al monarca y se hizo con el control del Reino de Kish, Sargón emprendió una política de expansión, en donde derrotó a Lugalzagesi, que era el rey de la ciudad mesopotámica de Umma. El monarca venció posteriormente a otros ensi sumerios. Los ensi eran los gobernantes de las ciudades-estados sumerias. Se encargaban de representar a los dioses y de administrar el reino, por lo que cumplían las funciones de gobernante y de sacerdote, ya que ambas profesiones estaban fusionadas en la misma persona.  De esta forma, Sargón se convirtió en el dueño del sur de Mesopotamia.

El monarca mantuvo intactas las estructuras políticas de las ciudades conquistadas, y permitió seguir gobernando a los reyes sumerios que le mostraran fidelidad y lealtad. En otros casos, los soberanos locales fueron sustituidos por diversos príncipes acadios. Las dinastías sumerias fueron reestructuradas, y se convirtieron en elementos administrativos, que eran totalmente dependientes del poder imperial. Sin embargo, los reinos sumerios conservaron cierto grado de autonomía, pero siempre se mantuvieron en una posición subordinada a la autoridad del soberano acadio.

El monarca presentaba una concepción ideológica y un objetivo militar claro e inusual, ya que pretendía conseguir el dominio universal de todos los territorios. El Reino de Akkad, que incluía las ciudades sumerias conquistadas y sometidas bajo la autoridad del monarca, se convirtió en el epicentro del mundo. Sargón concibió al resto de los territorios exteriores que no estaban bajo su mandato como una realidad periférica, que por el mero hecho de existir, ya mostraban una rebeldía ante el designio de los dioses. Los individuos extranjeros que habitaban en el mundo exterior eran considerados como rebeldes, por el mero hecho de no permanecer bajo el gobierno de la única realeza que agradaba, que recibía la bendición y el beneplácito de los dioses, y que estaba destinada a dominar la totalidad del mundo. Por lo tanto, todas estas entidades políticas periféricas eran consideradas como unos enemigos que debían ser tratados sin contemplaciones. Esta concepción monocéntrica perfilaba un concepto de frontera muy particular, ya que el monarca pensaba que los límites del territorio que tenía que conquistar debían estar delimitados por una serie de accidentes geográficos que eran imposibles de atravesar, como un mar innavegable o una montaña inaccesible.

EBLA y ELAM
Fuente: canal Historia

El mapa ideal de dominio universal concebido por parte de la realeza acadia estaba configurado según una serie de límites naturales. Este mapa estaba delimitado por el mar Mediterráneo, el Golfo Pérsico, las montañas Amanus y los montes Tauro. Sin embargo, estos confines tenían un carácter mucho más simbólico que real, ya que el sometimiento y la dominación de todas las poblaciones que habitaban en este territorio era algo imposible. Por lo tanto, Sargón recurrió al simbolismo con el objetivo de apoyar la idea de que ese dominio y esa subyugación se habían hecho efectivas. El monarca consideraba que si no era posible conquistar y mantener sometidos a todos los pueblos que vivían en esas regiones, se podía realizar un hecho simbólico, que indicara que esa aspiración se trataba de una hazaña posible. Este elemento simbólico consistía en un acto cargado de simbolismo, ya que el rey ordenaba erigir una estela o lavar las armas en la orilla del mar, con la intención de que la autoridad del soberano estuviera presente en aquellas fronteras naturales. Estos actos permitían a Sargón reclamar esos territorios como suyos.

Gracias a las conquistas acadias, las riquezas comenzaron a llegar a la ciudad de Akkad. Las poblaciones sometidas entregaban multitud de tributos y de mercancías de toda clase desde lugares muy lejanos, como el Golfo Pérsico y el valle del Indo. Las rutas comerciales que controlaban las ciudades sumerias estaban en poder del Imperio Acadio. La política de los reyes acadios consiguió impulsar el comercio. Los monarcas lograron obtener una gran estabilidad política. Este hecho reforzó el desarrollo económico y favoreció el aumento de las actividades comerciales. Los reyes acadios realizaron sus medidas políticas y tomaron sus decisiones militares pensando en dominar todas las rutas comerciales mesopotámicas, con la intención de controlar el intercambio de materias primas y de eliminar a los intermediarios. De esta forma, se trataba de reducir los tiempos y los costes de transporte de las mercancías.

Existían tres principales rutas comerciales. La primera era la del N.O, que estaba en manos del Reino de Ebla. La segunda estaba ubicada en la altiplanicie iraní y estaba controlada por Elam. La tercera estaba situada en el Golfo Pérsico y estaba localizada en los enclaves comerciales de Magán y  de Dilmún.

Segunda parte

Realizado por Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía:

González Wagner, Carlos. Historia del Cercano Oriente. Salamanca: Universidad de Salamanca. 1999.

Liverani, Mario. El Antiguo Oriente: historia, sociedad y economía. Barcelona:Crítica, 1995.

 

 

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