El descubrimiento de América y la religión

La búsqueda del Milenio de Paz

En el año 1492 acabó la guerra de la Reconquista en contra de los musulmanes, se decretó la expulsión de buena parte de la población judía y musulmana del territorio español y triunfó la fe cristiana sobre toda la Península Ibérica. Esta etapa fue el momento de mayor expansión del cristianismo en el territorio peninsular. Gracias al descubrimiento de América, la fe cristiana pudo seguir expandiéndose por el mundo.

El triunfo y la difusión del cristianismo sobre el continente americano fue visto por los conquistadores europeos como un paso decisivo para llegar al Milenio de Paz, es decir, para alcanzar los 1.000 años de felicidad de la humanidad sobre la Tierra, que precedían a la llegada del Fin del Mundo.

Según el texto que escribió San Juan en el Apocalipsis, antes de la llegada del Fin del Mundo se produciría la segunda venida de Cristo a la Tierra, es decir, sucedería la denominada Parusía. En el momento en el que el hijo de Dios volviera a estar presente sobre el planeta acontecería una batalla contra la Bestia. La contienda concluiría con la derrota de la Bestia. Una vez que Cristo derrotara al maligno, le encadenaría durante 1.000 años. A lo largo de este periodo se produciría el Milenio de Paz, ya que la Bestia estaría encadenada.

El_Greco_034
Representación de San Juan Apóstol realizada por El Greco. Fuente: Museo del Prado (Madrid)

Cuando transcurriera el Milenio de Paz sobre la Tierra, en el que habría felicidad y prosperidad, y no existirían las guerras ni las enfermedades, la Bestia se liberaría de sus cadenas. En este instante, se desencadenaría el combate final entre Cristo y el maligno. Finalmente, el hijo de Dios saldría como vencedor de la pugna, y lograría la derrota definitiva de la Bestia. En este momento, se iniciaría el Fin del Mundo. Posteriormente, se produciría el Juicio Final, que daría pasó a la eternidad, ya que desaparecería la Tierra, y tan sólo existirían el Cielo y el Infierno.

A lo largo de la Edad Media, se realizaron una serie de profecías que trataban de predecir cuál sería el momento en el que se produciría el Fin del Mundo. A finales del siglo XV, hubo una gran efervescencia milenarista. Los ciudadanos europeos creían que el Fin del Mundo iba a comenzar de manera inminente. Además, la población europea pensaba que se podía empezar a preparar la victoria de Cristo sobre la Bestia, a través del cumplimiento de tres medidas. La primera era tratar de convertir al mayor número de fieles al cristianismo. La segunda era lograr la derrota definitiva del Islam. La tercera era iniciar un retorno hacia la pureza evangélica, es decir, había que volver a los tiempos de austeridad en los que no existía la propiedad privada, y en donde todo se compartía por todos.

Se buscaba retornar a un periodo en el que no hubiera guerras, odio y violencia. Se pretendía volver a la época en la que vivían las primeras comunidades cristianas. Se quería retornar a un periodo de ingenuidad, en el que no existieran los lujos, las conspiraciones y las intrigas, es decir, a una etapa anterior a la llegada de los vicios derivados del papado. Se intentaba establecer un retorno a una Iglesia primitiva y pura, es decir, a una Iglesia que fuera más próxima a Cristo.

Los cristianos consideraban que estos cambios no se podían producir en Europa, porque la Iglesia europea estaba corrompida por los vicios, el poder y el dinero. Pensaban que esta catarsis sólo podía suceder en el continente americano, pues los indígenas no conocían los conceptos de la propiedad privada, ni del dinero, ya que éstos compartían todos sus bienes y todas sus propiedades entre sí. Los nativos americanos se encontraban en un estado puro, es decir, vivían en un estado previo a la corrupción de la civilización.

_99638200_jerusalen
Ciudad de Jerusalén: Fuente BBC

El descubrimiento de América hizo posible llevar a cabo estas tres tareas. Los conquistadores europeos convirtieron al cristianismo a la mayor parte de los indígenas americanos. Gracias a esos nuevos nativos cristianos, se podría atacar más fácilmente al Islam, con el objetivo de destruirlo completamente. Pretendían derrotar militarmente a la religión islámica. Los descubridores también buscaban convertir al cristianismo a los pueblos cercanos a Jerusalén. De esta forma, se podría atacar a los pueblos islámicos, atenazarlos y así lograr la conquista de la ciudad jerosolimitana. Los cristianos creían que Cristo volvería por segunda vez a la Tierra en Jerusalén. Por lo tanto, tenían que expulsar de esa ciudad a todos los musulmanes.

El retorno hacia la pureza evangélica se inició en América, porque el modo de vida de los indígenas estaba basado en la humildad y en la generosidad. Era un modo de vida en el que no existía la propiedad privada, ni el dinero, y en donde los nativos vivían de una forma pacífica. Se quería retornar a la época previa a la que comenzaron a producirse todos los males de la civilización europea y de la jerarquía eclesiástica.

Tras la conquista de América, los conquistadores identificaron a España como el pueblo elegido, ya que creían que esta nación estaba destinada a hacer posible la llegada del Milenio de Paz. Los reyes españoles estaban considerados como un instrumento de Dios, al igual que también lo fueron los misioneros, los conquistadores y los evangelizadores. Todos ellos eran vistos como ese instrumento de Dios, que haría posible el advenimiento del Milenio de Paz. Por lo tanto, la evangelización de los indígenas americanos no era simplemente una cuestión que sirviera para propagar la fe cristiana por el mundo, sino que también era un paso necesario para la llegada del Milenio de Paz.

Las ideas evangelizadoras de los conquistadores

Cristóbal Colón participó activamente para hacer posible las ideas proféticas del Fin del Mundo. El navegante creía en estas ideas milenaristas, gracias al influjo de los franciscanos. Colón ordenó recopilar en un libro todas las profecías existentes sobre el Fin del Mundo. El libro fue titulado como el Libro de las profecías. El italiano realizó una serie de cálculos a través de todos los textos recopilados en ese libro, y dictaminó que la llegada del Fin del Mundo sería en torno al año 1656. Colón subrayó explícitamente la necesidad de convertir al cristianismo a todos los habitantes indígenas, de los que el navegante creía que habitaban en una parte del territorio del extremo oriental de Asia. El marinero pretendía avanzar hacia la ciudad de Jerusalén con los nativos, con el objetivo de tomar la localidad. Colón creyó que el descubrimiento del país de Ofir, permitiría sufragar la Cruzada en contra del Islam.

Hernán_Cortés_Monroy_y_Pizarro
Representación de Hernán Cortés realizada por José Salomé Pina. Fuente: Museo del Prado (Madrid)

El espíritu profético y apocalíptico se apreció mejor en la figura de los llamados 12 franciscanos. Fueron 12 frailes a los que el conquistador Hernán Cortés mandó traer desde España en 1524, con el objetivo de evangelizar todo Méjico. El jefe de la expedición fue el misionero franciscano, Martín de Valencia. De Valencia era un misionero que estaba imbuido por las ideas y por los relatos apocalípticos que aparecían en la Biblia. El franciscano tuvo una visión sobrenatural, en la que divisó a una multitud que avanzaba hacia él para ser bautizada. Debido a esta revelación, se consideraba que había sido elegido por Dios para evangelizar a América. La elección de 12 frailes delató ese espíritu cristiano, que pretendía iniciar un retorno hacia la pureza del evangelio, ya que como había hecho Cristo anteriormente, se intentó realizar una evangelización de todo el territorio mexicano mediante la selección de 12 nuevos apóstoles.

Para los franciscanos, los indígenas americanos eran el único pueblo del mundo que no había conocido los pasajes de la Biblia, y por lo tanto, los nativos no habían podido decantarse por una religión u otra. Los indígenas no eran cristianos, ni eran judíos, ni eran musulmanes, por lo que no habían rechazado a Cristo. Estos religiosos estaban convencidos de que la conversión de los indígenas sería un paso decisivo para el inicio y la llegada del Milenio de Paz, y del posterior Fin del Mundo.

The_arrival_of_Christopher_Colombus_to_America,_1492
La llegada de Colón a América. Fuente: El País

Esta idea explicó las prisas y las urgencias que tenían los descubridores a la hora de evangelizar y de convertir al cristianismo a los nativos americanos. Se llegaron a bautizar a 14.000 indígenas al día. Entre los años 1525 y 1532, recibieron el bautismo alrededor de un millón y medio de indígenas. Algunos nativos fueron bautizados a través de medios coercitivos, ya que los conquistadores europeos recurrían a la violencia, si los indígenas no aceptaban su bautismo.

Algunos misioneros rechazaron este tipo de conversión forzosa. El fraile dominico Bartolomé de las Casas era un claro defensor de la evangelización pacífica, y se oponía a las conversiones coercitivas y precipitadas. Buscaba que todas fueran sinceras, y que el indígena quisiera bautizarse gracias a su fe cristiana. De las Casas estaba en contra de los bautismos masivos y del uso de cualquier tipo de violencia, con el objetivo de que el nativo aceptara su conversión al cristianismo.

Los franciscanos eran partidarios de regresar a un modo de vida primitivo. Querían iniciar un retorno hacia la pureza evangélica, es decir, hacia un modelo de vida previo a la corrupción eclesiástica. El hallazgo de las comunidades indígenas en América se consideró como un signo, de que era posible volver a un periodo en el que predominaba la ingenuidad y la inocencia. Los misioneros se plantearon la fundación de varias comunidades de indígenas, que estuvieran regidas por los propios franciscanos. En estas comunidades religiosas, no existiría el dinero, ni la propiedad privada. Los comerciantes, las autoridades gubernamentales y los militares tenían prohibida la entrada a estas áreas, ya que esas personas podían corromper la armonía y la paz de la comunidad. También los obispos cristianos tenían prohibida la entrada en estos lugares. Los franciscanos pretendían iniciar un retorno hacia la pureza evangélica y hacia un modelo que profesase ese antiguo espíritu de pobreza, por lo que la corrupta jerarquía eclesiástica no podía formar parte de estas comunidades.

800px-Hans_Holbein,_the_Younger_-_Sir_Thomas_More_-_Google_Art_Project
Retrato de Tomás Moro realizado por Hans Holbein. Fuente: Frick Collection (Nueva York)

Varias de las primeras comunidades indígenas religiosas fueron fundadas por los franciscanos Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga. Ambos misioneros eran íntimos amigos y llegaron a ser obispos de la capital mexicana de Ciudad de Méjico. Los dos franciscanos leyeron el libro escrito por Tomás Moro, titulado Utopía. Zumárraga y Quiroga fundaron varios pueblos, que estaban diseñados exclusivamente para los indígenas. Estas comunidades estaban construidas siguiendo los planteamientos utópicos postulados por Moro en su obra.

El franciscano Jerónimo de Mendieta estaba muy influenciado por las ideas que planteaba el pensamiento milenarista y defendía que era necesario realizar un retorno hacia la pureza evangélica. De Mendieta creía en la bondad natural de los indígenas y consideraba a los nativos como ángeles. Fundó varias comunidades indígenas, que estaban apartadas de los conquistadores europeos. Estas comunidades también estaban alejadas de los nativos mestizos y de los nativos negros, ya que a estas dos etnias no las consideraba tan puras y tan bondadosas. Este franciscano practicaba al principio un milenarismo optimista. Sin embargo, con el paso del tiempo la realidad se fue imponiendo. De Mendieta se fue desengañando y se dio cuenta de que iba a ser imposible mantener activas sus comunidades, por culpa de la intromisión de las autoridades civiles y de las autoridades eclesiásticas.

A finales del siglo XVI, los planteamientos milenaristas pervivieron como un pensamiento extravagante, y estas ideas se refugiaron en sectas secretas.

El misionero Francisco de la Cruz vivía en Perú. De la Cruz era dominico y creó una secta milenarista. El dominico consideraba que Europa iba a ser destruida por los turcos musulmanes, por lo que pensaba que la Iglesia se trasladaría de Roma a Lima. Estaba convencido de que él sería nombrado como el nuevo Papa. De la Cruz defendía que se mantuviera la esclavitud de los negros, ya que la población negra era útil y necesaria como mano de obra esclava. El misionero fue declarado hereje y fue quemado por la Inquisición.

Posteriormente, las ideas milenaristas se desplazaron hasta las regiones de América del Norte, en donde continúan perviviendo en la actualidad.

Realizado por: Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía 

Delumeau, Jean. Historia del Paraíso (1991 – 2000), Madrid, Taurus, 2005.

Lacarra, María Jesús & Cacho, Juan Manuel. Lo imaginario en la conquista de América, Zaragoza, Ed. Oroel, 1990.

Magasich, Jorge. & De Beer, Jean Marc. América mágica. Mitos y creencias en tiempos del descubrimiento del Nuevo Mundo, Santiago de Chile, LOM, 2001.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: