La trayectoria biográfica y artística de Diego Velázquez II

Diego Velázquez nació en Sevilla en el siglo XVI. Su maestro fue el pintor Francisco PachecoVelázquez se convirtió en un maestro pintor de imaginería y de pintura al óleo. Consiguió una licencia para practicar su arte en todo el Reino de España, obtuvo otra licencia para tener una tienda pública y logró una tercera licencia para enseñar pintura a sus aprendices. Esta es la continuación de la parte I.

Cuarta etapa de Velázquez. Retorno a Madrid:

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Fuente: página oficial del Museo del Prado de Madrid (España)

La fragua de Vulcano: realizado por Velázquez en el siglo XVII. La obra contiene una nueva imprimación sobre una base en gris, ya que el autor utilizaba en sus anteriores composiciones una imprimación en un tono anaranjado, que abandonó después de su primera estancia en Italia. Representa un pasaje mitológico que está vinculado a la cotidianeidad. El autor busca humanizar a los dioses mitológicos. Los personajes están pintados con un naturalismo muy marcado. Las figuras que acompañan a Vulcano deberían ser cíclopes, pero el pintor los representa como a seres humanos, y lo hace de una forma muy realista. En cambio, Velázquez sí que representa al Dios Apolo de una manera muy idealizada. Apolo aparece con una túnica roja y tiene un fulgor luminoso alrededor de su cabeza, que señala que es una figura divina.

Todos los personajes reaccionan de una manera muy naturalista, y cada una de las figuras humanas presenta una expresión individualizada, que va desde la ira de Vulcano, hasta la sorpresa de los hombres que le acompañan. El autor representa una narración mitológica. Recrea el instante en el que Apolo baja a la fragua de Vulcano, se acerca a él, y le dice que su esposa Venus se está acostando con Ares.

La interpretación alegórica del cuadro indica que el autor está representando a Apolo como el triunfo de la intelectualidad sobre el trabajo manual. Es la victoria del conocimiento y de la sabiduría sobre el trabajo físico. Velázquez representa a las artes liberales como si fuesen las artes del intelecto. El autor sevillano pretende destacar y tener un reconocimiento mediático. Quiere ser considerado como un pintor intelectual para poder conseguir un título nobiliario.

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Fuente: reconstrucción realizada por Carmen Blasco

Pinturas del Salón de Reinos: realizadas por Velázquez en el siglo XVII. Era el salón en el que la monarquía española celebraba las ceremonias y las fiestas reales. Este emplazamiento estaba ubicado en el interior del Palacio del Buen Retiro de Madrid. El Salón de Reinos presentaba un complejo programa decorativo, con el que se trataba de resaltar los triunfos del reinado de la Casa de Austria. El propósito original del complejo simplemente pretendía remodelar y acrecentar, mediante una modesta ampliación, los aposentos reales conocidos como el Cuarto Real de San Jerónimo. Esta obra se efectuó con la intención de decorar el lugar en el que iba a celebrarse la jura del heredero al trono, que era el príncipe Baltasar Carlos. Sin embargo, se acabó construyendo un gran complejo arquitectónico y artístico.

El Salón de Reinos era un recinto alargado de casi 35 metros de largo. Se construyeron a su alrededor unas 20 ventanas, con la intención de que proyectaran la luz necesaria para iluminar todas las pinturas y los muebles que decoraban la estancia real. El emplazamiento estaba pintado de blanco y contenía arabescos dorados en las paredes y en el techo. En la bóveda, estaban pintados los escudos de los 24 reinos de la monarquía española. Este adorno decorativo era el que otorgaba el nombre a la estancia. El Salón de Reinos tenía consolas de jaspe entre las ventanas. Junto a cada una de las consolas, se alzaba un león de plata rampante con las armas de Aragón.

Era una empresa constructiva y decorativa. Era un espacio en el que existía un  gran programa pictórico, que trataba de exaltar a la dinastía de los Habsburgo. En el Salón del reino había obras de los principales pintores de la corte. Aparecían retratos de la Casa de los Austria. Estaba el retrato del príncipe Baltasar Carlos de Austria y el retrato del rey Felipe IV, junto a su esposa Isabel de Borbón.

También había un retrato del rey Felipe III y de su esposa Margarita de Austria. Esta obra recreaba un enaltecimiento heroico de las virtudes del monarca a partir de los trabajos de Hércules.  El cuadro fue realizado por el pintor español Francisco de Zurbarán. Esto se debía a que la Familia Habsburgo se consideraba heredera de Hércules por estirpe. También aparecían en la estancia una serie de pinturas que aludían a la defensa del Reino de España, a través de una representación de las batallas fundamentales que se habían producido  durante el reinado de Felipe IV.

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Fuente: página oficial Museo del Prado de Madrid (España)

La rendición de Breda: realizado por Velázquez en el siglo XVII. La obra estaba situada en el Salón de reinos. Es la representación de una de las victorias militares más importantes del reinado de Felipe IV. El enfrentamiento contra las tropas neerlandesas por la ciudad de Breda durante la Guerra de Flandes fue muy largo y muy costoso para España. Tras un año sitiada por los militares españoles, Breda se rindió. El gobernador de la ciudad neerlandesa, Justino de Nassau, entregó las llaves de la ciudad al general al mando de los Tercios españoles de Flandes, Ambrosio de Spínola. Este es el acontecimiento histórico que está representando Velázquez en la obra. Este suceso da lugar a una abundante producción literaria y figurativa durante esa época.

La pintura no muestra una victoria militar al uso, ya que no aparece el enemigo derrotado, ni se exalta la heroicidad del vencedor. Velázquez realiza una composición en la que el oponente es tratado como un digno rival. La pintura muestra respeto al bando vencido durante el acto de rendición. El autor plasma la honorabilidad y la dignidad del ejército español al tratar con honor al vencido. Las tropas españolas reconocen la valentía del enemigo.

Velázquez busca transmitir una imagen de respeto y de reconocimiento al oponente derrotado por parte de la monarquía de los Habsburgo. El pintor pretende  difundir que la monarquía española es una institución justa. El cuadro contiene una gran carga política, ya que trata de exaltar a la Casa de los Austria a través de la propaganda. No se quiere difundir la imagen de una monarquía exultante y victoriosa ante un enemigo abatido.

La imagen posee una sencillez y una eficacia absoluta, que renueva completamente la retórica existente en la época, sobre el modo de representar las victorias militares. El centro de la composición muestra el acto de la entrega de la llave de la ciudad. Aparece Spínola con un gesto benevolente al recibir la llave, que toca y eleva a Nassau, que se encuentra en una posición de reverencia, con el fin de evitar la humillación del derrotado.

Los personajes están recreados con un sentido muy naturalista y muy realista. Velázquez tiene una gran maestría a la hora de representar la perspectiva aérea del fondo. El autor muestra un gran dominio de la narración y un gran manejo de la perspectiva aérea. El paisaje de la composición se va difuminando cuanto más lejos están las figuras. Las consecuencias de la guerra aparecen representadas en el último termino del paisaje, a través del fuego y del humo que sale de la ciudad en llamas, que está a lo lejos.

Marte
Fuente: página oficial Museo del Prado de Madrid (España)

Marte: realizado por Velázquez en el siglo XVII. Sirve para decorar la Torre de la Parada, que es un palacio de caza de Felipe IV. Muestra una desacralización de Marte, que es el Dios de la guerra. Es una obra de temática mitológica. El autor presenta a Marte con una actitud muy poco mitológica. Aparece representado el Dios de la guerra como si fuera un hombre real. Está semidesnudo, y está cubierto con un paño azul, que deja al descubierto el físico poco musculado de Marte. El cuerpo del Dios no es perfecto, ni está idealizado. Puede ser una ironía y una burla a la representación idealizada de los dioses clásicos. Es una figura humana muy naturalista y realista. La postura del Dios es de inspiración clásica.

Muestra a Marte con una actitud que no se corresponde con el comportamiento propio de un Dios de la guerra. El Dios está despojado, salvo por el casco, de sus atributos militares. Posee una actitud muy melancólica y un poco derrotada. Tiene el rostro apoyado en la mano. El autor pretende renovar la iconografía mitológica tradicional y busca dotar a la obra de otros significados. A los pies de Marte aparece su escudo y otros utensilios militares. Este hecho puede significar que la guerra está sometida al amor. Velázquez refleja el simbolismo de la victoria del amor sobre la violencia de la guerra. Marte apoya la barra de mando con bastante dejadez.

Quinta etapa de Velázquez. Segundo viaje a Italia: se traslada a las ciudades italianas de Génova, de Venecia, de Roma y de Nápoles para adquirir obras de arte para el rey Felipe IV. Compra pinturas y vaciados de esculturas antiguas para el monarca español. Es nombrado Ayuda de cámara de Felipe IV.

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Fuente: página oficial Galería Doria Pamphili de Roma (Italia)

El retrato del Papa Inocencio X: realizado por Velázquez en el siglo XVII. Es un retrato del Papa sentado en su trono. El autor representa de forma tan realista el rostro de Inocencio X, que logra captar el alma y la personalidad del personaje. El pontífice tiene fama de estar siempre alerta, de ser un hombre desconfiado y de ser una persona infatigable en el desempeño de su cargo. Todos estos sentimientos los trasmite el personaje cuando el espectador observa el cuadro.

Los ropajes están captados con el mayor realismo posible. Velázquez obtiene una increíble calidad en la recreación de las telas que porta el Papa, a pesar de pintar la obra mediante el empleo de una pincelada suelta.

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Fuente: página oficial National Gallery de Londres (Inglaterra)

La Venus del espejo: realizado por Velázquez en el siglo XVII. La obra es un encargo del marqués de Eliche, que es un aristócrata español. Se trata de una pintura en lienzo que realiza el autor durante su estancia en Italia.

Es un desnudo pintado del natural con un modelo vivo. No es habitual en la producción de Velázquez elaborar desnudos de figuras humanas. Representa un cuerpo femenino de espaldas que está tendido sobre un paño azul, en el que el rostro de la mujer está reflejado en un espejo. El reflejo de la cara de la joven está difuminado y no es reconocible, porque el autor juega con la perspectiva aérea, y porque quiere dejar en el anonimato la identidad de la mujer que ha posado para su obra. Pinta el cuerpo de la dama de una manera muy naturalista y muy realista. La mujer posa recostada sobre su brazo derecho.

El autor muestra a la Diosa de la belleza de una forma palpable, es decir, la representa de carne y hueso. Velázquez resalta la carnación, gracias al contraste de la piel de la modelo, con el paño azul sobre el que se tumba y el cortinaje rojo del fondo, lo que aporta una gran carga erótica a la composición. En un plano intermedio, aparece Cupido, que sostiene con resignación el espejo en el que se refleja la belleza del rostro de Venus. La composición se estructura a través de una pronunciada diagonal formada por el cuerpo de la diosa, diagonal que se desarrolla en profundidad gracias a la mirada directa de Venus hacia el espejo. En cuanto a la técnica, cabe destacar como el pintor utiliza una pincelada muy suelta.

Sexta etapa de Velázquez. Regreso a Madrid:

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Fuente: página oficial Museo del Prado de Madrid (España)

Las Meninas: realizado por Velázquez en el siglo XVII. Es una obra de gran formato. El cuadro es pintado en el cuarto del príncipe Baltasar Carlos, situado en el Real Alcázar de Madrid. La escena tiene una densa red de significados, que se pueden tratar de reconstruir a través de la interpretación del contenido oculto de la composición. La obra posee una impresión de vida y de realidad.

Las meninas son las dos damas de compañía que acompañan a la infanta Margarita. Es un retrato muy realista de la infanta, por lo tanto, el autor subraya la identidad regia de la hija de Felipe IV. Velázquez dota de mucha importancia a Margarita en la composición y le confiere un gran reconocimiento. Los sirvientes están representados alrededor de la infanta.

Velázquez genera un juego muy naturalista, y muestra una escena de la corte española. La pintura refleja una instantánea de la vida en palacio. Es una especie de fotografía de cómo se vivía en la corte de Felipe IV. La impresión de perspectiva que obtiene el pintor en el espacio es increíble. El espectador siente que hay un espacio arquitectónico en la obra. El pintor logra conseguir un efecto espacial. Crea la sensación de que la sala continúa más allá de lo representado en el lienzo, como si los personajes compartieran el espacio con los espectadores. Logra desarrollar un ilusionismo perfecto.

Velázquez genera un espacio interior que se ajusta a la perspectiva científica. También impacta la sensación atmosférica creada por el pintor a través de la perspectiva aérea. La perspectiva aérea otorga profundidad a la escena, a partir del aire que rodea a cada uno de los personajes y que difumina sus contornos. Las figuras del fondo se aprecian con unos perfiles más imprecisos y con unos colores menos intensos que los personajes más cercanos.

Dentro de la amplia red de significados ocultos que posee el cuadro, existe una representación de la dignidad y de la nobleza de la pintura. El propio Velázquez tiene una importante presencia en la composición, ya que aparece autorepresentado pintando una obra. El pintor sevillano se convierte en el protagonista del retrato real. Este hecho da pie a pensar que el cuadro es pintado para remarcar la importancia de la pintura como un arte liberal y no como un arte mecánico. Concretamente el autor pretende transmitir que la pintura es la más noble de las artes. Velázquez quiere argumentar, basándose en la autoridad de los escritores antiguos, que la pintura es un arte liberal y que él merece obtener un título nobiliario. Cuando logra ser noble añade la Cruz de Santiago a su retrato en la obra.

El autor simula en la composición estar pintando a los reyes en un cuadro. Por eso, los monarcas están reflejados en el espejo del fondo. Los reyes aparecen con un sentido de poder mayestático y absoluto, ya que están representados, a partir de su reflejo en un espejo. La obra posee un juego de perspectivas y un juego de fingimientos sobre cual es el espacio real y cual es el espacio ficticio que se establece en el cuadro. La composición desborda los límites del retrato y quiebra por completo las fronteras existentes entre la pintura y la realidad.

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Fuente: página oficial Museo del Prado de Madrid (España)

La fábula de Aracné: realizado por Velázquez en el siglo XVII. El autor representa en primer término un taller con unas hilanderas que están trabajando. Recrea un taller de costura de tapices, porque aparece representado un tapiz en el fondo de la composición. La obra sufre unos añadidos posteriores en sus cuatro lados, a lo largo del siglo XVIII. Los añadidos dificultan entender el tema central de la pintura y la alusión que realiza Velázquez a la fábula de Aracné. La composición tiene un significado mitológico, que se encuentra situado en la escena del fondo. El autor muestra una representación mitológica, que está fusionada con la cotidianeidad humana. En segundo término, se encuentra recreado el mito de Aracné. La protagonista de este relato es una joven, llamada Aracné. La mujer presume de tejer tan bien como las diosas. Entonces, Aracné es retada por Atenea a confeccionar un tapiz. Ambas elaboran un tejido, y un jurado dictamina un empate. Atenea se enfada por el veredicto y castiga a Aracné, conviertiéndola en una araña que se dedicará a tejer durante toda su vida. Velázquez vuelve a generar una confusión entre lo mitológico y la realidad. Con esta fábula, el autor quiere indicar que la pintura es un arte liberal, y no es una mera artesanía, como la labor que realizan las mujeres del primer término.

Aparece representada Atenea con su casco. Este hecho hace dudar al espectador sobre si la figura de la Diosa forma parte del tapiz del fondo o no. Supuestamente, Atenea ocupa un espacio fingido, por lo que la Diosa no se encuentra situada dentro del tapiz. La otra figura femenina de la escena del fondo es Aracné, que está vestida de blanco. Hay varias mujeres vestidas con ropajes de la época del Barroco, que asisten al castigo de Aracné. La obra es una inspiración de un original de Tiziano.

El pintor puede haber realizado un nuevo juego de significados, ya que la hilandera joven, que aparece a la izquierda en la escena del primer término, puede ser Aracné, y la hilandera anciana que la acompaña puede ser Atenea, ya que la pierna de la mujer vieja tiene la piel tersa de una joven.

La obra genera una sensación de movimiento, como se aprecia en la rueca de la izquierda, cuyos radios no se ven por la velocidad que adquiere la máquina al girar. La figura humana de la derecha devana la lana con tanta rapidez que parece que tiene seis dedos. También hay que destacar el efecto atmosférico de la perspectiva aérea. Da la sensación de que entre las figuras femeninas hay un aire que distorsiona sus contornos y hace que las figuras estén borrosas. La pincelada es muy suelta, utilizando manchas como en el caso del rostro inacabado de la mujer del centro.

Realizado por Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía:

Ramírez, J.A. Historia del Arte. 3, La Edad Moderna. Madrid : Alianza, 1999.

Checa, Fernando. Guía para el estudio de la Historia del Arte. Madrid: Cátedra, 1980.

Gombrich, Ernst Hans. La historia del arte. Madrid: Debate, 2006.

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