La Rumanía de Nicolae Ceausescu

La llegada al poder de Ceausescu y su consagración política

Política interior

Las medidas políticas implementadas por Gheorghiu-Dej, Presidente de Rumanía, iban cumpliéndose rigurosamente. El estado rumano estaba regido por un sistema socialista, basado en la centralización del poder. Los dirigentes políticos trataron de impulsar el sector industrial, a través del establecimiento de granjas colectivizadas. Sin embargo, todo cambió cuando Dej murió el 19 de marzo de 1965. Cuando el líder falleció, el comunismo en Rumanía estaba más fuerte que nunca, con un partido fiel, poco propenso a los golpes de estado y con una economía floreciente que empezaba a ofrecer al pueblo un futuro muy prometedor. El nuevo líder elegido simplemente tenía que seguir el camino inaugurado por su predecesor.

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Fuente: ABC

Tres días más tarde de la muerte de Gheorghiu-Dej, el pleno del Comité Central nombraba como Secretario General del partido a Nicolae Ceausescu, miembro del Politburó desde 1955, y designaba a Chivu Stoica, como presidente del Consejo de Estado. Gheorghiu-Dej quería elegir como su sucesor a un hombre jóven, que ya formara parte del Politburó. La asignación comprendía entre Nicolae Ceausescu y Gheorghe Apostol, presidente de la Confederación Sindical del Trabajo. Apostol perdió rápidamente la batalla por el poder, ya que esperó demasiado tiempo en mover ficha. Ceausescu convocó en una reunión a todo el Comité Central del partido y les convenció para que le votaran, gracias a  un intercambio de influencias en el poder, ya que por ejemplo, se aseguró el voto de Alexandru Draghici a cambio de que le pusiera al frente del Ministerio del Interior.

Poco después de su elección, el partido recuperó su nombre original en julio de 1965 y pasó a llamarse Partido Comunista de Rumanía. Un mes más tarde, fue aprobada la tercera Constitución de la nación desde 1945. Esta elevaba al país a la categoría de República Socialista. El poder legislativo estaba regulado por el Consejo del Estado, que estaba conformado por 26 individuos. Esta institución estaba integrada por el Presidente de la República, cuatro vicepresidentes y 20 miembros de la Gran Asamblea. La Gran Asamblea era un organismo consultivo, que estaba conformado por 349 diputados y se encargaba del asesoramiento.

El poder ejecutivo estaba constituido por el Presidente del país y por el Consejo de Ministros, que eran nombrados por la Gran Asamblea y por el Consejo del Estado. La organización administrativa era muy centralista y dividía a la nación en 40 distritos y 236 ciudades. La Constitución garantizaba la concentración del poder en manos del Presidente y del Consejo, cuya dirección correspondía a Ceausescu y a sus seguidores políticos. De este modo, se produjo una completa integración del partido y del Estado en base a una única persona. El Partido Comunista era la fuerza dirigente  que gobernaba todas las organizaciones y a todos los funcionarios que prestaban su servicio en las oficinas y en las administraciones estatales.

Desde julio de 1965 hasta diciembre de 1967, Ceausescu efectuó una reorganización en los tres órganos de gobierno más importantes. Los miembros del Presidium, del Comité Ejecutivo y de la Secretaría de Gobierno perdieron o mantuvieron sus puestos de trabajo, según el grado de apoyo que le conferían al líder. Se forjó un sistema de promociones y de degradaciones. Los seguidores del presidente rumano fueron ascendiendo y aseguraron a Ceaucescu una mayoría en los tres órganos de gobierno. Ceausescu utilizó esta misma estrategia política para ganar el control del Comité Central. El presidente rumano promocionó a sus acólitos en los altos cargos del gobierno. De este modo, iba debilitando al mismo tiempo a sus rivales.

Estas medidas políticas hirieron de gravedad a los opositores de Ceausescu dentro del Politburó. Alexandru Draghici fue el político más perjudicado. Draghici, ex Ministro del Interior, tomó el cargo de la Secretaría de Gobierno, con la intención de tratar de escalar puestos en el poder. Pretendía supervisar los asuntos de la seguridad del Estado desde su nuevo puesto. Sin embargo, cometió un dramático error de cálculo. En la Conferencia del partido en 1967, Draghici dejó la Secretaría para convertirse en el vicepresidente del Consejo de Ministros. En este cargo, se encontraba aislado de la base del poder y se mostró incapaz de autodefenderse  cuando fue denunciado y despojado de cualquier cargo público en abril 1968. Fue imputado por haber ordenado ejecutar al opositor del gobierno, Lucretius Patrascanu, durante el mandato del anterior presidente.

Una vez  que Draghici fue relegado de su puesto, se produjo el despido de la mayor parte de los apositores al régimen de Ceausescu. Durante el X Congreso del Partido en 1969, más de la mitad de los miembros del Presidium, del Comité y de la Secretaría Ejecutiva habían renunciado o habían sido excluidos, como Stoica o Apostol. Sólo Ceausescu, Maurer y Bodnaras permanecieron en el Politburó desde la etapa de Gheorghiu Dej. Entre los años 1968 y 1969, el nuevo liderazgo del partido estaba formado bajo un círculo de poder liderado por Ceausescu.

El presidente rumano exigía la participación de la población en el proceso político. El líder socialista defendía un atractivo y populista nacionalismo rumano. Pretendía establecer una unidad de criterios ideológicos, políticos y económicos que estuviera regulada por el aparato del poder. El Partido-Estado rumano trató de impulsar un sentimiento nacionalista propagado desde el poder, con el objetivo de lograr una homogeneidad política, económica e ideológica. Para ello, quiso hacer de Rumanía una República socialista, en donde el sentimiento nacional y la solidez del comunismo crearan unos lazos de cohesión tan fuertes que fueran capaces de unir totalmente al pueblo con el Estado.

En base a ese nacionalismo, el líder rumano planteó un plan sistemático para disminuir la presencia de la población de origen húngara en la zona de Transilvania. Arrasó con aldeas enteras y dispersó a sus habitantes por todo el Estado. Impulsó una emigración forzosa con núcleos de población de colonos rumanos nativos. Ceausescu llegó a reclamar  Besarabia y Bukovina, territorios pertenecientes a la URRSS, como provincias rumanas.

Para evitar la difusión de la literatura no autorizada por el gobierno dentro y fuera de los límites de la nación, se aprobó un decreto que prohibía la publicación de cualquier material escrito que pudiera afectar al país. Esta ley aspiraraba a limitar el acceso, por parte de la población, a cualquier tipo de dato desautorizado por el gobierno. Sometió a todos los medios de comunicación y al mundo cultural, con la intención de que cualquier actividad literaria y divulgativa sirviese para mediatizar y difundir el socialismo nacionalista impuesto por el régimen. Los periodistas y los historiadores estaban obligados a redactar los textos, según las directrices difundidas por el Comité Central del partido.

Política exterior

Ceausescu efectuó un acercamiento de sus relaciones exteriores con Alemania Occidental, a partir del año 1967. Después de varios intentos modestos de aproximación, en el que trató de superar el bloqueo diplomático impuesto por la República Democrática de Alemania (RDA) a los países socialistas, el ministro de Asuntos Exteriores, Corneliu Mănescu, realizó una visita a Bonn. El inicio de las relaciones diplomáticas entre la República Federal de Alemania (RFA) y la República Socialista de Rumanía (RSR) se produjo el 31 de enero de 1967, en donde Ceausescu mantuvo un encuentro  cordial con Willy Brandt.  El presidente de la RFA firmó una serie de acuerdos consulares, culturales, de turismo y de coproducción cinematográfica con Rumanía.

Ceausescu también aceptó la transferencia de alta tecnología desde la República Federal de Alemania hasta Rumania, ya que la economía rumana necesitaba urgentemente una revolución tecnológica para cumplir con la eficacia industrial deseada. Manescu alcanzó un segundo pacto con Brandt. Este acuerdo consistía en la concesión del permiso de emigración a los ciudadanos alemanes que vivían en Rumania. De este modo, este núcleo de población pudo trasladarse desde el estado rumano hacia la República Federal de Alemania. La emigración fue permitida después de que Brandt se comprometiera a abonar un saldo, que oscilaba entre los 4.000 y los 10.000 marcos, por cada individuo que se desplazaba hasta Alemania oriental, según el nivel profesional de cada ciudadano. Esta alianza le sirvió al estado rumano para asentarse como una de las naciones aliadas de la URSS más abiertas e independientes. La RFA firmó este pacto para reafirmarse en su deseo de superar las fronteras de los bloques.

Durante el conflicto árabe-israelí del verano de 1967, Ceausescu adoptó una política similar hacia Israel. Tan pronto como los países socialistas, con la Unión Soviética a la cabeza, decidieron suspender las relaciones diplomáticas con Israel el 9 de junio de 1967, Ceausescu percibió una nueva oportunidad para sacar réditos políticos y otros beneficios comerciales. Se negó a seguir el ejemplo soviético, y mantuvo la diplomacia rumana con Tel Aviv. Gracias a este hecho, Ceausescu reforzó el apoyo que disfrutaba por parte del mundo occidental. Rumania e Israel firmaron un acuerdo que permitía a los judíos rumanos emigrar a su país. Estos individuos obtuvieron el permiso de trasladarse a Israel, tras hacerse efectivo el  abono, por parte del país israelí hacia Rumanía, de una indemnización de 2.000 a  50.000 dólares por cada uno de estos ciudadanos,  según su nivel y especialidad profesional.

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Fuente: La Vanguardia

El punto de inflexión que mejor resume la política exterior realizada por el régimen de Ceausescu fue la Primavera de Praga. El hecho de que el líder rumano condenara la intervención soviética en Checoslovaquia fue un paso menor. Lo verdaderamente determinante y crucial fue que Ceausescu se percató de que podía adquirir una buena imagen internacional, aplicando una política liberal en el exterior y una conservadora en el interior. El amplio apoyo internacional obtenido por Rumanía disminuyó la amenaza soviética a una invasión de la nación rumana. La intervención de la URSS hubiera sido contraproducente, porque provocar el derrocamiento de Ceausescu hubiera sido perjudicial para los intereses de la Unión Soviética, ya que el régimen socialista rumano ostentaba una consideración política exterior muy óptima a ojos de los estados internacionales.

La actitud de Ceausescu durante la Primavera de Praga demostró que el líder era un político mediático. Entre el 15 y el 17 de agosto, visitó la capital checoslovaca. A lo largo de ese viaje, firmó un tratado de amistad y de cooperación con Alexander Dubcek. La visita del líder rumano estuvo acompañada de una serie de rumores y de suposiciones, que aseguraban una posible alianza entre estos dos países.

Ceausescu fue capaz de erigirse como un auténtico líder nacional, al convertirse en el defensor de la patria rumana. Cuando las tropas soviéticas entraron en Checoslovaquia la reacción de Ceausescu fue pública y contundente. El 22 de agosto, dio un discurso desde el balcón del Comité Central, en el que criticó la invasión con términos muy vehementes y agresivos. El líder condenó la invasión soviética de Checoslovaquia y catalogó la intervención como un “momento vergonzoso en el movimiento obrero internacional”. Asimismo, añadió que la situación militar era “un gran error y un grave peligro para la paz“. La URRS reaccionó, congelando sus relaciones diplomáticas con Bucarest y el líder soviético, Nikita Jrushchov, ordenó apostar los tanques en la frontera con Rumania durante varios días.

La postura de Ceausescu ante los soviéticos aumentó su popularidad. La política desafiante le dio el prestigio internacional, que ningún otro logro económico o diplomático podría haberle otorgado. Los habitantes de Rumanía lo consideraban como el auténtico líder absoluto, el salvador del país. Un líder que tras años de humillación y anonimato, había traído el orgullo nacional a los corazones de la población.

Rumanía también entabló una buena relación exterior con China. En junio de 1966, tuvo lugar la visita de Zhou Enlai a Bucarest, acompañado de un comité de 15 personas, que contaba con las más destacadas personalidades del partido comunista chino. En 1968, ante la ausencia de un plan ideológico concreto, Ceausescu acudió a China a buscarlo. El líder rumano quedó maravillado de la forma en la que gobernaba el país Mao Zedong. Ceausescu ansiaba unir el estalinismo y la etnicidad. También envidiaba el culto a la personalidad, que efectuaba el faraónico presidente Mao. El líder rumano estableció el comunismo chino como su modelo político y quiso implementarlo en su nación.

En junio de 1971, el presidente rumano viajó por Asia, en un itinerario que incluía las visitas de China, Corea del Norte y Vietnam del Norte. Ceausescu se entusiasmó de la megalomanía de Corea. También se dejó impresionar por las ideas de Kim Il-sung y sus grandiosas manifestaciones populares, que idolatraban al líder de Corea del Norte. Los regímenes asiáticos estaban estructurados en torno a un líder supremo, bajo una población obediente. Difundían toda una colección de consignas de culto al líder, que respondían a las expectativas que el socialismo de Ceausescu quería implementar en Rumanía.

Culto a la personalidad y la crisis del régimen

Culto a la personalidad

La extrema adulación a Ceausescu estaba basada en un culto a la personalidad. Este culto al líder mostraba una iconografía y un discurso político que aseguraban que Ceausescu era un líder infalible. Los iconos eran autoretratos del presidente rumano, que se encontraban en todos los lugares públicos y en todas las oficinas de las administraciones del estado.

Ceausescu ordenó crear la Biblia del comunismo rumano. Era un libro en el que se recogían los mensajes ideológicos promovidos por el presidente de Rumanía. Esta obra constaba de 20 volúmenes. El líder socialista era infalible en su propio país. Los éxitos se le atribuían a su persona y los fracasos se debían a que las organizaciones administrativas o los funcionarios no habían sabido aplicar correctamente sus recomendaciones. Ceausescu se retrataba como un maravilloso revolucionario, que emergió para convertirse en un héroe nacional, a través del trabajo duro, del coraje y  de la capacidad intelectual.

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Fuente: Pinterest

El culto al héroe rumano provenía de su infalibilidad, y no de una orientación divina. Durante su consolidación en el poder, Ceausescu impulsó una serie de normas políticas, que incluían la autonomía nacional y el rápido desarrollo económico. En la medida en que estas políticas cumplían y garantizaban las necesidades y los deseos de la sociedad rumana, Ceausescu se convirtió en un líder auténtico, digno de imitación, con el que el ciudadano sentía un vínculo estrecho. Sin embargo, la popularidad de Ceausescu decayó cuando sus prioridades empezaron a divergir de los objetivos personales de muchos rumanos. El área crucial de desacuerdo era la economía. El dictador continuó imponiendo altas tasas de inversión en la industria pesada, en vez de tratar de incrementar el consumo o de desarrollar el sector servicios.

A partir de 1969, Ceausescu necesitaba moldear su imagen pública para aumentar su autoridad y persuadir a las masas, con el objetivo de atraerles por la fuerza de su personalidad y lograr que cambiasen sus pareceres.  El líder era capaz de ganarse el respeto de aquellos con los que trataba de forma individual, pero no tenía unas capacidades oratorias que le permitieran movilizar a las multitudes. Cuando Ceausescu se enfrentaba a una gran multitud, se volvía torpe y se refugiaba en la formalidad. Leía los discursos con un tono monótono y enfatizaba las frases clave zarandeando el puño. Se ponía tan nervioso que a menudo pronunciaba mal las palabras. De seguir así, Ceausescu sabía que la sociedad rumana no seguiría su revolución.

El líder tuvo claro  que debía comenzar el culto a su personalidad. El gobierno tuvo que crear un ídolo que fuera obedecido por la población. Decidieron moldear al líder con una imagen pública que lograse movilizar al pueblo a su favor. El dictador no podía mantener un auténtico liderazgo por sí solo, por lo que tuvo que convertirse en un ídolo de masas al que admirar, mediante la eficacia de la propaganda política.

Política interior

Ceausescu juró el cargo de Presidente de la República de Rumanía en marzo de 1974, y como regalo al nombramiento se le concedió un cetro, símbolo de la opresión feudal. Las medidas políticas que promulgó el dictador rumano cambiaron significativamente a mediados de 1975. Desde una edad muy temprana, toda su vida había girado en torno a la experiencia colectiva revolucionaria. No era de extrañar, que sus actuaciones políticas estuvieran encaminadas hacia el objetivo de lograr una rápida industrialización del país comunista. Aplicaba todo tipo de reformas políticas, siempre y cuando no interfieran con la planificación centralizada o estuvieran en contra de que el poder del estado y del partido estuvieran en manos del propio dictador.

La política ya no era prudente y ambigua, ni estaba bajo una dirección de gobierno colectiva. Todas las decisiones políticas eran tomadas por el propio Ceaucescu y reflejaban sus prioridades personales. La industria pesada de bienes de equipo, la alta inversión en el crecimiento extensivo y la planificación centralizada continuaron siendo la base de la estrategia económica del Estado.

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Fuente: ABC

Por otro lado, la designación del personal cambió de la promoción a la circulación. Los funcionarios pasaban, mediante el sistema de puerta giratoria, de un puesto a otro dentro del partido. Se reactivó el principio estalinista de rotación del personal. La Conferencia nacional del PCR introdujo una legislación que promovía la no permanencia de los cuadros directivos del partido durante mucho tiempo en el poder. Esta medida era válida para todos los cargos políticos, excepto para aquellos dirigentes que permanecían muy cercanos al dictador y a su familia. Esto provocó que jefes de partido, como Vasile Patilinet, Virgil Trofin o Dumitru Popa, nombrados en su cargo durante la época de Gheorghiu-Dej en el poder, fueran reemplazados por individuos pertenecientes al núcleo familiar de Ceausescu, como Cornel Burtica y Emil Bobu. Al mismo tiempo, el papel político de Elena Ceausescu, esposa del dictador, creció tan rápidamente, que en poco tiempo se convirtió en el segundo personaje más importante de la jerarquía del partido y del Estado.

La concepción totalitaria del país devino en una patrimonialización del mismo, ya que unos 70 miembros de la familia del dictador o íntimos amigos de su entorno, ocupaban los puestos de relevancia en la estructura político-administrativa. Ceausescu realizaba estas rotaciones de personal para evitar que las autoridades políticas más carismáticas y preparadas se establecieran en un departamento durante un tiempo indefinido y le pudieran hacer sombra, ya que los cambios arbitrarios y rápidos de personal contribuían a transformar al partido en un instrumento obediente e incapaz de ir en contra de sus órdenes. Esta circulación horizontal de los altos funcionarios permitió a un grupo de fieles seguidores del dictador permanecer en el Comité Ejecutivo de forma casi vitalicia.

Desde los años 70, las empresas fueron organizadas en forma de grandes combinats, que concentraban la mano de obra industrial. Un 60% de los trabajadores del sector secundario trabajaban en factorías de más de 1.000 empleados. La medida no tuvo éxito, ya que las grandes empresas estaban concentradas sólo en algunas áreas que tenían una tasa alta de población.

En el año 1975, toda la estructura económica se degradó a causa  del endeudamiento  exterior, que cada vez era más abultado. Los objetivos del VII Plan quinquenal no se cumplieron, pese a ser menos ambiciosos que en los años anteriores, ya que se estimaba un aumento de la producción industrial de un 11,2% y un incremento del comercio exterior en un 12,3%. La obsesión del régimen por incentivar la siderurgia, la metalurgia y la construcción de maquinaria, en detrimento de la potenciación de las industrias ligeras y de las productoras de bienes de consumo para la población, en un momento de recesión económica,  resultaba disparatado. Rumanía no podía competir en el sector secundario con los mercados del Este.

Por otra parte, la deuda rumana creció con el Plan de reurbanización de Bucarest. Tras un terrible terremoto, Ceausescu impulsó un decreto por el cual 600.000 viviendas de la capital fueron remodeladas o derribadas para transformar la ciudad y convertirla en una urbe moderna. La megalomanía de Ceausescu quedó demostrada a través de los grandiosos proyectos que inició en todo el territorio rumano, como el Canal del Danubio-Mar Negro, que no tuvo ninguna utilidad y con la destrucción de importantes obras del patrimonio arquitectónico nacional.

Tampoco dio resultado el Plan de sistematización rural, cuya finalidad era la de suprimir aldeas y granjas para concentrar a los agricultores en centros agroindustriales, en un intento de integrar la producción agraria en el sistema de transformación industrial, y reducir así, la mano de obra campesina. A pesar del esfuerzo industrializador y de la obsesión de Ceausescu por convertir a Rumanía en una gran potencia industrial,  el 38% de los trabajadores seguían siendo campesinos.

A partir de 1979, Rumania entró en un período de crisis económica. Se produjo una devaluación muy fuerte de la moneda, debido principalmente a los desequilibrios estructurales en el mercado internacional del petróleo. El estado rumano se había especializado mucho en productos relacionados con el crudo y había desarrollado una potente industria de refinado, que elaboraba un petróleo más puro. El precio del crudo se encareció, pero el valor de los productos refinados que exportaba Rumanía no se incrementó a la par que el precio del petróleo. Además, los problemas de suministro se multiplicaron por culpa de la Revolución iraní. Ceausescu había elaborado un acuerdo de trueque con el Sha, pero tras su caída en la Revolución Islámica, se quebró el acuerdo. El régimen rumano tuvo que comprar el petróleo a la Unión Soviética.

En el año 1981, la economía rumana estaba gravemente endeudada con los bancos occidentales. Esa deuda fue ocasionada, casi en su totalidad, por el saldo desfavorable en el comercio del petróleo. Ese mismo año, Polonia dejó de pagar su deuda exterior a los bancos occidentales. Se creó una crisis de confianza de los bancos hacia todos los estados del este de Europa. Rumania no pudo obtener una ampliación de sus préstamos bancarios, ni pudo lograr una refinanciación de su deuda externa.

Ceausescu trató de igualar la balanza de pagos presionando a su población y disminuyendo el estándar de vida nacional. El líder impuso una política de contención de gastos, que afectó al día a día de los ciudadanos rumanos. La escasez de los productos alimenticios se unió al descenso de la calidad de vida de la población. Se suprimió la calefacción en los hogares y se limitó el uso del alumbrado público en las ciudades.

El mayor error que cometió Ceausescu fue la decisión de exportar los bienes de consumo de Rumanía, con la intención de ayudar a pagar la deuda exterior. Esta medida acentuó la grave escasez de alimentos que existía en todo el país. Varios informes internacionales inferían que los suministros de comida, existentes en el inicio de la década de 1980, eran más escasos de lo que habían sido durante la Segunda Guerra Mundial. Los precios de los alimentos se triplicaron en poco más de un año. El pan, el azúcar y el aceite estaban racionados. Los huevos desaparecían de las tiendas durante semanas y la carne no estaba disponible en los supermercados. La gasolina para los vehículos particulares estaba racionada. Ceausescu impuso unos controles estrictos en la obtención de los alimentos de primera necesidad, mediante el uso de cartillas de racionamiento.

Política exterior

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Fuente: Gettyimages

Durante la década de los ochenta, el régimen había orientado su política exterior a la liquidación de la deuda externa del país, a través de la limitación de las importaciones y del incremento de las exportaciones. El gobierno llegó a duplicar por cuatro las exportaciones de manufacturas industriales.  Esto se tradujo en un desabastecimiento de la industria local de los bienes de consumo. Asimismo, también se cerró la posibilidad de acceder a nuevas tecnologías y a equipamientos de origen extranjero para mejorar los sistemas de producción, dejando a la industria en una grave situación de descapitalización. Para hacer frente al pago rápido de la deuda, las inversiones industriales fueron paralizadas, por lo que la maquinaria industrial se quedó obsoleta y los niveles de producción y competitividad bajaron.

El objetivo central del gobierno radicaba en que que todos los esfuerzos económicos tenían que estar destinados a  la liquidación de la deuda externa. Para ello, se redujo el consumo interno de la población y disminuyó cualquier tipo de inversión. El total de la deuda rumana descendió de 6.395 millones de dólares a finales de 1986, a 2.100 millones en 1988, y a sólo 0,350 millones de dólares a finales de marzo de 1989.

La posiblidad de obtener bienes de consumo, por parte de la población, fue reducido hasta el límite, con el fin de potenciar la exportación. En abril de 1989, el dictador rumano anunciaba satisfecho al mundo la liquidación de la deuda externa. Sin embargo, el Parlamento europeo paralizó todo tipo de negociaciones con el país, hasta que el gobierno no pusiera fin a las violaciones de los derechos humanos, que estaba ejerciendo el dictador en contra del pueblo rumano.

Realizado por: Eduardo Acín (Periodista)

Bibliografía

Samuel Segato (2013). La dittatura di Ceausescu. e gli anni del post-comunismo in Romania. (Tesis doctoral inédita). Venezia: Editoriale  Settoriale. Universitá Ca´Foscari Venezia.

Redacción (1969,08). La vieja guardia del partido comunista rumano, licenciada en el nuevo Comité Central. ABC.

Ricardo M. Martín de la Guardia & Guillermo Á.  Pérez Sánchez (1995). En La Europa del Este, de 1945 a nuestros días. Madrid: Editorial Síntesis S.A.

María Dolores Ferrero Blanco (2006) Las contradicciones entre las políticas  del interior y del exterior en la Rumanía de la Guerra Fría (1956-1974). Historia Actual Online. Universidad de Huelva.

Mary Eller Fischer (1983) Nicolae Ceausescu and the romanian political leadership: nationalization and personalization of power (Tesis). Boston: Harvard College.

Silvia Marcu (2003) El proceso de transición política en Rumanía: herencias y realidades postcomunistas, Revista Estudios internacionales.

 

 

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