El terrorismo de ETA y la prensa en la Transición

Motivos del terrorismo de ETA en España durante la etapa de  la Transición

Antes de comenzar a explicar de forma minuciosa los motivos específicos por los que la organización terrorista atentó en España, es necesario realizar una introducción entre la relación del terrorismo y la sociedad. Los asesinos producían una coerción psicológica y una intimidación sobre la población. Además de difundir a través de esas acciones su ideario político con el objetivo de justificar la actividad violenta, el terrorismo buscaba crear el pánico y paralizar el país como fin táctico y estratégico para lograr legitimar el ideario político de los violentos, y la sociedad quedase así subyugada a sus pretensiones ideológicas. La misma sociedad de la que trataron conseguir su apoyo, para completar sus propósitos desde la legalidad, animando a que creasen organizaciones legales que suscribieran sus planes de acción política y captasen nuevos militantes.

comunicado_eta
Fuente: ABC

Los grupos terroristas de carácter nacionalista querían tener el respaldo del pueblo en la lucha contra los extranjeros. El terrorismo, para imponer sus pretensiones políticas, necesitaba la comprensión y exculpación de la sociedad y el apoyo activo de grupos que actuaran en la legalidad, favorecidos por los sistemas de gobierno democrático que constituyesen el llamado brazo político. Había estratos sociales que convergían políticamente con los asesinos y tenían cierta comprensión en sus actividades. La coincidencia de los objetivos políticos del PNV con los de ETA constituyó un impedimento al rechazo absoluto de su actividad terrorista. El ex Presidente del PNV, Xabier Arzalluz dijo en un canutazo realizado en 1976 para TVE: “Bueno asesinos, para nuestro pueblo son luchadores por la libertad”. Para añadir posteriormente: “En todas las instituciones democráticas existe el derecho a la resistencia. Si alguien ve en la acción violenta la única posibilidad de luchar, tiene el derecho a hacerlo, porque si la violencia es lo más adecuado, se puede discutir, pero no condenar”.

En los años finales del Franquismo y al comienzo de la Transición española, existía una tendencia a considerar progresista, y por tanto más demócrata, la defensa de los nacionalismos periféricos y la autodeterminación de los pueblos de España ante un régimen policial represor que se oponía a estos derechos de los pueblos. La gente aceptó la acción de ETA. Para una gran parte de la población, la banda terrorista era una organización que merecía su apoyo porque estaba luchando por la liberación de los vascos y de la independencia de Euskadi.

Durante el periodo del Tardofranquismo, ETA actuaba como una fuerza de resistencia vasca. Era una organización que se oponía al régimen dictatorial de Franco en Euskadi. Luchaban por la libertad del País Vasco. Los activistas de ETA eran parte de esa resistencia, y ningún medio de comunicación nacionalista hablaba de ellos como una organización criminal, ya que para los nacionalistas eran unos patriotas. La banda terrorista siempre se ha referido para definir sus acciones violentas como una parte de su lucha armada. Si el término terrorismo tiene una connotación negativa, la expresión lucha armada no es condenatoria ante los ataques violentos. De paso es una clara diferenciación, entre la violencia que aplicaban las Fuerzas de Orden Público, entendida como institucional, y la de ETA, que era una forma de liberar a los vascos contra el estado para lograr la independencia de Euskadi.

La sociedad no veía a los asesinados como a víctimas elegidas por ser objetivos vulnerables y en estado de indefensión, sino como un enfrentamiento contra personas armadas que habían ejercido una violencia anterior. Se veía a los terroristas como a unos jóvenes idealistas exaltados del Pueblo Vasco, que estaban en una lucha contra las fuerzas de un Estado que coartaba las libertades de los vascos. Eran advertidos como gente del pueblo que luchaba, sufría y moría por el pueblo.

eta_pintada-knpB--620x349@abc
Fuente: ABC

Tras la muerte de Franco, las divergencias se centraron entre las ideologías españolistas y nacionalistas. Los radicales se apoyaron en la acción armada de ETA, porque rechazaban a los partidos considerados como españolistas, ya fueran partidarios de la izquierda o la derecha. En febrero de 1976, el PSOE trató de realizar su primer mitin en Euskadi después de 40 años. Miembros del partido socialista vasco, creado para combatir a la izquierda españolista, trataron de desestabilizar el acto. Para el nacionalismo vasco esta izquierda era el enemigo, porque a pesar de que apoyaba la autonomía, no luchaba por su independencia. En un comunicado, la banda terrorista expuso que el PSOE no “entendía la personalidad nacional vasca” y quería “arrinconar al nacionalismo vasco”. Estas opiniones estaban cargadas de victimismo, ya que los etarras pretendían crear en la sociedad una sensación de duda positiva hacia los métodos de ETA para conseguir que sus proyectos políticos nacionalistas e independentistas fueran respaldados por la población vasca.

Es curioso que la propia organización terrorista expusiera en varios comunicados que su intención era “evitar derramamientos de sangre”. Entendían que eran una organización de gentes del pueblo que luchaban por el pueblo y sus libertades, de modo más comprometido que los demás, lo que les llevaba a efectuar atentados que para ellos eran inevitables. Aunque el grupo armado no sólo se interesaba por las libertades políticas del Pueblo Vasco, sino que también se preocupaba por solucionar los problemas sociales y laborales de los trabajadores. Los comunicados en contra de la central nuclear de Lemóniz presentaban a ETA como una parte importante en el conflicto social y medioambiental que tanto preocupaba a la sociedad vasca. ETA también se presentaba como la valedora del bienestar social del pueblo. Por eso arrojaron un artefacto explosivo sobre la sede del INP, porque la banda terrorista consideraba desastrosa la situación sanitaria del País Vasco.

Durante la Transición, todo el que no colaboraba en la lucha violenta por la libertad de Euskadi era culpable porque no quería esa libertad y se convertía en un traidor y en un enemigo del pueblo vasco. Los etarras creían que esas personas servían al Estado opresor que impedía la libertad del pueblo.

Los policías y los guardias civiles fueron el colectivo más castigado por la violencia terrorista. Los objetivos solían ser miembros del cuerpo sin un alto rango ni cualificación, porque ETA consideraba “que estaban en estos Cuerpos por razones de trabajo, casi nunca por ideología”. Se les seleccionaba como víctimas porque eran vistos como “el símbolo y el elemento más visible del Estado represor“. En segundo lugar, la banda terrorista quería que las fuerzas policiales odiasen todo lo referente a la nacionalidad vasca, para que cumpliesen, como venganza, con “su papel de elemento represor en la estrategia acción-represión”. De modo que si la represión estatal era más dura, sería más fácil que el pueblo les odiase porque eran el instrumento de la opresión más cercano y conocido. Para ETA, el Cuerpo de Policía y la Guardia Civil odiaban todo lo vasco. Eran una fuerza represora, extraña al pueblo vasco, y sus métodos eran franquistas y antidemocráticos. Tenían más armas, por lo que una acción militar directa no era viable y por esto la acción terrorista quedaba justificada.

ETA también asesinó a muchos civiles. Estos atentados los justificó al asegurar que las víctimas eran enemigos de Euskadi; unas veces, porque eran chivatos, colaboradores del enemigo, y otras porque eran traidores que en el pasado hicieron sufrir a los vascos.

Cuando ETA atacaba infundía angustia entre la población. Esta ansiedad surgía de la dificultad de dar respuesta al por qué de la elección de las víctimas. Era necesario encontrar una razón para apaciguar la angustia que producía el no saber si cualquier ciudadano podía estar en el punto de mira de los terroristas. La primera respuesta que elaboraba la gente para acallar esa zozobra era un tétrico algo habrán hecho.

El problema vasco y el terrorismo en la prensa de la Transición

Juan Pablo Fusi defendió la idea de que los nacionalistas vascos durante la primera etapa de la Transición tenían una conjunción de aspiraciones de un alto grado de autogobierno, y para ello utilizaron la violencia terrorista. Este problema lo dejó en herencia el franquismo y tuvo que hacer frente a este reto la democracia desde sus primeros pasos.

El problema vasco adquirió en el siglo XX un carácter de hecho social significativo. El avance del nacionalismo vasco en la conciencia popular se fue afianzando a través del auge de la cultura etno-euskaldun promovida por el PNV  durante la dictadura de Primo de Rivera y del desarrollo del nacionalismo político en los años de la República. Aunque en el breve periodo de autonomía que dirigió José Antonio Aguirre se creó un sentimiento de nación en la lucha contra el fascismo, no obstante hay que tener en cuenta que la Guerra Civil Española fue un conflicto también entre vascos (en Álava y Navarra triunfó el levantamiento militar) y que la autonomía de Euskadi sólo fue real en Vizcaya. Con todo, este breve periodo de autonomía fue una experiencia enaltecedora y la guerra pasó a ser vivida y vista como una épica vasca. A partir de los años sesenta, es cuando al concepto de la cuestión vasca, que se ha manifestado como el deseo de un alto grado de autogobierno, hay que añadirle el componente del terrorismo de ETA. La despiadada y absurda política del Régimen de persecución de todo lo euskaldún y, sobre todo del euskera, produjo en la sociedad vasca un sentimiento agónico, que se tradujo en el convencimiento de que la pervivencia de la nación de Euskadi estaba unida al mantenimiento de su lengua, cuya existencia parecía extinguirse.

El problema vasco tras la muerte del dictador,  tomó un carácter problemático en la democratización de España. El deseo de autogobierno del nacionalismo vasco, perseguido por el Franquismo, fue un puntal imprescindible en la necesaria reestructuración territorial y de poder del Estado. El terrorismo de ETA, cuyo carácter militarista se había afianzado en los últimos años del franquismo, se convirtió en la Transición en un problema social y estatal, que creó inseguridad y angustia en el incierto avance hacia la democracia.

hipercor_atentado
Fuente: ABC

El periódico El País ya publicó en octubre de 1976 que la verdad oficial de los partidarios del franquismo era la inexistencia de un nacionalismo o cuestión vasca, pero que esa verdad oficial era insostenible y nadie podía seguir manteniéndola. Para la publicación, el problema vasco estaba patente en los primeros pasos de la Transición, y aseveraba que se debería solucionar con prontitud para favorecer la democratización de España. En una editorial de 1977, el medio de comunicación redactó que: “El problema más enconado y peligroso que ha heredado la Monarquía está localizado en el País Vasco. Un problema que en estas fechas está produciendo un oleaje de acontecimientos que sacude a Euskadi y conmueve una y otra vez a la opinión pública de España”. El País creía que la inestabilidad política y económica en los primeros años de la Transición por culpa del problema vasco, ponía en peligro”el régimen y cualquier sistema, por sólido que fuera. Tanto más si se trataba de una etapa de transición hacia la racionalidad democrática en un momento de dificultad económica”, aseguraba la publicación.

El País dio voz a independentistas ideológicos del conflicto nacionalista vasco. El intelectual liberal José Miguel de Azaola hizo una defensa histórica y jurídica del pacto foral que postuló a las instituciones vascas a favor de una autonomía de autogobierno. Por su parte, también escribió el nacionalista Carlos Santamaría en el diario para exponer que “Vasconia” era una nación y que España era “una comunidad simbiótica de pueblos”.

El medio de comunicación no creía que la banda terrorista cometiera una serie de actos violentos como respuesta a una opresión estatal sobre el pueblo vasco. El País no justificaba las acciones de ETA y consideraba a sus miembros como “amigos de la sangre“. El diario pensaba que la banda terrorista buscaba como pretexto para ejercer el terror, una justificación de falta de libertades y represión vasca por parte del nuevo gobierno de Suárez.

Para el periódico, ETA practicaba una violencia opresora y coincidía ideológicamente con las facciones nacionalistas interesadas en que no llegase la pacificación, ni la normalización al País Vasco. Además pensaba que para pacificar Euskadi había que acabar con la actitud represora del gobierno respecto a la identidad vasca, legalizar la bandera, ejercer la amnistía y terminar con la actividad terrorista. El medio de comunicación incidía en la idea de que si el gobierno lograba controlar la represión policial franquista y avanzaba en la consecución de las libertades de Euskadi, ETA no podría continuar legítimamente con el terrorismo. El País en ningún caso justificó la actitud de la banda terrorista, pero creía que el último responsable de su existencia era la política moderada del gobierno, al limitar la consecución de las libertades en Euskadi.

El País indicó en un editorial del cuatro de octubre de 1976 que existía una coincidencia de atentados terroristas con acontecimientos políticos decisivos para avanzar en la democracia. “Cuando el poder se autotransforma en la cúspide, venciendo severísimas reticencias para avanzar en el camino de la democracia, es asesinado un consejero del Reino; o cuando se votaba en las Cortes la reforma del Código Penal para dar entrada a todos los partidos en la política del país, la noticia del asesinato del jefe local del Movimiento de Basauri bloqueó la votación”, manifestaba el editorial. De este modo, quedaba patente para el diario, que ETA no quería la democracia.

zaragoza ABC
Fuente: ABC

La publicación criticaba la extralimitación de sus funciones de las fuerzas del orden en las manifestaciones del País Vasco. En el editorial del ocho de octubre de 1976, acusó a los poderes del gobierno de provocar la muerte a disparos del manifestante Jesús María Zabala y manifestaba su condena ante “esta muerte inútil e infamante para la convivencia nacional”. Asimismo, en la misma editorial apoyaba las manifestaciones y las huelgas acaecidas en Euskadi porque “significaban la máxima condena popular que demostraba hasta qué punto existía en nuestro país una conciencia moral colectiva”, alegaba el diario.

Por otro lado, El País estaba de acuerdo en legalizar la Ikurriña y en la aprobación de la amnistía total a los presos políticos. Según el medio, la prohibición de exhibir la bandera se había convertido en “un juego, en ocasiones mortal, de exhibiciones y retiradas que poco tenían que ver con el sentido común porque, lejos de resultar una medida pacificadora, se había convertido en un motivo de graves tensiones y enfrentamientos”, decía la publicación.

Por último, El País entendía que para que se pacificase el País Vasco era necesario iniciar un proceso de negociación que condujera a un régimen de autonomías, para lo que era ineludible dar el paso previo de la amnistía. “Todos los argumentos jurídicos, éticos e históricos que puedan esgrimirse a favor o en contra suya, existía un motivo central cuya lógica irresistible hasta los sectores más conservadores del país podrían entender: la razón de Estado”, manifestaba la publicación. El decreto del 30 de julio de 1976 fue recibido con alegría por el periódico y consideraba que había sido una de las “mejores noticias posibles, al ser un símbolo real de superación de la Guerra Civil“, aseguraba el diario.

Cambio 16 denominaba el terrorismo etarra como el enemigo del sistema de libertad, y consideraba que con sus actos trataba de dinamitar la democracia, porque al igual que El País, pensaba que sus atentados coincidían con las fechas en las que se producían pasos decididos en el proceso democratizador. Denunció una amenaza que pretendía desestabilizar con sus actos violentos la hoja de ruta hacia la democracia.

La postura de la publicación ante la violencia fue apaciguadora, porque trató de tranquilizar a la sociedad española en sus editoriales con el objetivo de detener la espiral de violencia. En la edición del 16 de noviembre de 1976, el editorial del medio decía así: “En una sociedad libre el terrorismo es posible, pero lo que es seguro es que inmediatamente es condenado por la inmensa mayoría de la población. A la violencia terrorista no se la combate con más violencia antiterrorista, como se la combate mejor es construyendo y ampliando la libertad”. En numerosas ocasiones, la publicación llamaba a la calma y al consenso de la democracia. “El problema de ETA no es un problema policial sino político. Se resolverá tan pronto como la inmensa mayoría del País Vasco se sienta representada y libre en un marco institucional democrático”, alegaba el medio el 16 de abril de 1976.

El recién nombrado Presidente Adolfo Suárez se propuso acometer una serie de reformas para llevar a España a la democracia. Esto supuso un punto de inflexión en la banda terrorista, ya que algunos de sus miembros propusieron dejar de lado la violencia. Cambio 16 apoyaba la idea de que ETA depusiera las armas.”Después de tantos años de lucha contra el franquismo, los nuevos aires reformistas del segundo Gobierno de la Monarquía han forzado a los dirigentes de ETA a replantear su estrategia. Sectores de la organización vasca estarían dispuestos a deponer las armas, a entrar en el terreno de las negociaciones y a formar un partido político”, aseguraba el medio el 23 de agosto de 1976. Incluso la publicación entrevistó a Jesús María Leizaola, Presidente del Gobierno Vasco en el exilio, para que manifestara su total rechazo al uso de la violencia como medio para lograr la autonomía vasca.

A principios de octubre de 1976, Cambio 16 lanzó su consigna de paz “libertad sin ira” y exigió una democracia sin trampas. Durante el otoño de 1976, los asesinatos de la banda terrorista no pararon de cesar y el medio cambió de estrategia. Por primera vez los argumentos del editorial se remontaron a la Guerra Civil para explicar el problema.

2066534
Fuente: ABC

La publicación comparó el conflicto vasco con la contienda civil y dijo que el terrorismo era uno de los principales escollos a la hora de embarcarse en una era de normalidad y democracia. “Como una verdadera bomba de tiempo, los cuarenta años de dictadura nos han dejado en herencia un País Vasco dividido hasta el paroxismo, humillado, asustado, rencoroso y vengador, en el que la paz es el bien más preciado y más escaso. Aquellas semillas de violencia depositadas hace casi cuarenta años han ido creciendo lentamente hasta convertirse hoy en una hidra de diez mil cabezas que no deja a los vascos ni dormir en paz. La espiral provocación-represión entró en funcionamiento con una perfección inaudita y diez o doce años después, nos encontramos al pueblo vasco irritado hasta la locura o presa del terror”, publicó Cambio 16 el 18 de octubre de 1976.  En definitiva, el medio instaba a que hubiera paz y que una de las dos partes diera muestras de buena fe, en vez de mantener la dialéctica de guerra.

El medio adoptó una doble decisión frente al terrorismo. De acuerdo con la función periodística, trató de informar con objetividad, y sin ningún tipo de ambigüedad sobre los actos violentos. Además, siempre intento pronunciarse con claridad en contra de toda clase de violencia. Joaquín Leguina señaló que la publicación siempre estuvo en contra de ETA y condenó sus atentados. “Yo creo que Cambio 16 nunca apostó por ETA. Todo lo contrario, la posición vista en la distancia era una posición correcta y muy seguida”, declaró el político.

La publicación, como se había visto anteriormente, hizo hincapié en que la superación de los extremismos y el encauzamiento de los problemas del nacionalismo implicaba diálogo con aquellas fuerzas políticas de claro signo democrático. Para el periódico, la receta no consistía en ejercer una mayor presión policial, sino en lograr un incremento de la libertad, del diálogo y de la democracia. Cambio 16 pudo pecar de ingenuidad al pensar que la democracia traería el fin del terrorismo. La marcha de los acontecimientos no le dieron la razón, obligando a sus gestores a criticar con mayor contundencia a los terroristas y a apoyar con más fuerza a la democracia.

Por otro lado, el diario ABC al igual que las otras dos cabeceras estudiadas, creía que los atentados coincidían con fechas clave en el panorama político español. Por lo que los actos violentos querían perturbar el proceso de la Transición política. En ese momento, el futuro de España pasaba por tres vertientes diferenciadas: los seguidores de Franco que se negaban a evolucionar hacia un sistema democrático y se aferraban al Régimen, los simpatizantes del ejército que promulgaban un Gobierno militar y los partidarios de constituirse un sistema democrático en un clima de paz. El periódico quería concienciar a la sociedad, de la extrema violencia etarra. Por eso, no dudó en mostrar en la edición del cinco de octubre de 1976, las caras ensangrentadas de las víctimas (Juan María de Araluce y sus escoltas) acompañadas del cuerpo del texto.

El medio, al ser monárquico, poseía una línea editorial que apoyaba el mantenimiento del centralismo. El 18 de octubre de 1977, José Manuel Martínez firmó un editorial en el que trató de desmitificar las mentiras del nacionalismo vasco. “Euskadi es una creación, o si se quiere una invención, tomando esta palabra en su riguroso sentido: se inventa lo inexistente”, aseveró el periodista. De este modo, Martínez expuso que en ningún caso Sabino Arana reclamó la provincia de Navarra. “Sabino de Arana y Goiri, el fundador del nacionalismo vasco, parte en un principio de Vizcaya, y sólo de Vizcaya, sin fijarse en las otras provincias. En sus estudios se encontró con que en el pasado no había habido entre ellas vinculo alguno”, declaró el redactor.

Siguiendo con este punto, el medio incluyó a autores no independentistas en sus páginas de opinión. El medio presentó una opinión totalmente contraria a la incorporación de Navarra a Euskadi. Para eso detalló que eran dos regiones totalmente diferentes con distintas identidades, aunque con un pasado cultural común. “Lo vasco no lo es todo ni es lo único. Existe otra zona a la que honradamente no puede llamársele vasca. No, Navarra no es ni fue, solo de vascos. El hecho era ya tan notorio que a principios del siglo XVI los documentos de la época hablaban de Reyno de Navarra y de las tierras de Bascos comprendidas en dicho Reyno“, argumentaba José Javier Martínez en un artículo de opinión publicado el 17 de diciembre de 1977.

La publicación también incidía en la idea de que Euskadi no era una nación. Durante la Transición hubo muchos artículos que trataron de evidenciar que la única nación legítima era España, y que el País Vasco siempre había estado vinculado a la Corona española.”Euskadi no existió nunca, y que por eso, no ha tenido jamás un Gobierno propio, una bandera distinta, una moneda particular, una representación diplomática o un ejército. Euskadi se había inventado al imaginar hechos no reales”, escribió el propio Martínez el 25 de noviembre de 1977.

F-000118-004_003
Fuente: Arovite

Aunque el tema más tratado durante la Transición por el periódico fue el terrorismo de ETA. Para ABC, la solución para acabar con la banda terrorista no era la negociación. “Negociar con ETA sería un error político de enorme magnitud. El recurso a la negociación está motivado por la esperanza de un resultado consistente en el cese de los asesinatos. Si el estado negociase con los asesinos, deberían negociar con cualquier organización de crimen organizado. Además resulta que la esperanza de que ETA cese en su lucha armada se circunscribe en la consecución de una República Socialista de Euskadi. Con menos de eso, no hay nada que esperar”, apuntó Andrés de la Oliva el 28 de mayo de 1978.

Del mismo modo, Ramón Legazpia redactó un artículo el 24 de noviembre de 1978 en el que aseguraba que ETA no tenía objetivos políticos concretos, sino que pretendía aprovecharse del espíritu nacionalista de Euskadi para generar odio. “Va creciendo lentamente el número de los que están plenamente convencidos de que ETA es un movimiento marxista revolucionario que no pretende ningún objetivo político que  no sea el de sembrar de odio cuanto alcance a su paso, aseveró el periodista.

Otros autores como Lorenzo López entendían que no eran suficientes las movilizaciones ciudadanas para condenar el terrorismo, y tenía que ser el gobierno central quien pusiera los medios para acabar con la lucha armada. “La inmensa mayoría del pueblo vasco ha mostrado, desde el escalón individual, a los partidos políticos y a las organizaciones laborales, la justa repulsa por el crimen atroz cometido. La manifestación antiterrorista deja en cueros a los terroristas, pero eso no basta. Las manifestaciones sólo son hechos morales, en tanto que las pistolas son crímenes reales. El crimen no se cohíbe con la simple condena moral“, escribió el periodista el ocho de mayo de 1982. Esta opinión no se repetiría en los años siguientes, en las que la participación ciudadana en contra del terrorismo contaría con el apoyo del medio.

Realizado: Eduardo Acín Garcés (Periodista)

Bibliografía:

Hernández Nieto, Macario (2011). El antifranquismo ante el fenómeno ETA en la prensa española de los años setenta. (Tesis doctoral inédita). Departamento de Historia Contemporánea de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED, pp. 54 – 58

Prego, Victoria. (2013, 11). La Transición. Capítulo 12. Radio Televisión Española. Obtenido 12, 2015, de http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-transicion/transicion-capitulo-12/2066559/

Arbaiza Villalonga,Mercedes. (2000). La cuestión vasca: una mirada desde la historia (ed., Vol.01,pp.113). Bilbao, España

Zugasti Azagra, Ricardo. (2007). La forja de la complicidad (2007 ed., Vol. 01). Pamplona, España: Fragua.

García Martín, Juan Andrés. (2013). La Transición española a través de Cambio 16. (Tesis doctoral inédita). Departamento de Ciencias Histórico-Jurídicas y Humanísticas. Universidad Rey Juan Carlos, pp. 1017 – 1047

Redacción. (1977, 01). Para la paz en el País Vasco. El País. Obtenido 12 2015, de http://elpais.com/diario/1977/01/02/opinion/221007606_850215.html

Redacción.(1976, 10). Araluce, asesinadoABC, pp. 1

Martínez Bande, J. (1977,10). Euzkadi y sus fronteras. ABC,pp.3

Martínez Azagra Irujo, J.J. (1977,12). Navarra y los vascos. ABC,pp.87

Martínez Bande, J.M. (1977,11).Una nación inventada. ABC,pp.11

Oliva Santos, Andrés de la. (1978,05). Negociar con ETA. ABC,pp.17

Legazpia,Ramón. (1978,11). ETA: marxismo revolucionario.ABC,pp13

López Sancho,Lorenzo. (1982,05). No basta la condena moral del terrorismo.ABC,pp15

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: